domingo, 10 de marzo de 2013

Siete desafíos éticos para Chile.




Sebastián Jans

Existen grandes desafíos que las instituciones éticas deben asumir, en la particularidad de cada cual, permitiendo construir una agenda común de mediano y largo plazo, cada una en la autonomía de su quehacer y en la particularidad de su carácter y agenda, pero con la capacidad de hacer coincidir las motivaciones más altas, con el fin de construir en la sociedad humana de la que somos parte hechos morales más coherentes con una idea de Humanidad.

A propósito del Día Internacional de la Mujer, en una intervención ante la Asociación Nacional de Mujeres Laicas de Chile, propuse estas ideas como una tarea de las organizaciones éticas laicas para los próximos años. Esos siete desafíos son una base, que contienen una gran parte de las problemáticas que afectan a las personas o a los grupos o comunidades que integran nuestra gran comunidad nacional, cuya solución pasa por abordajes políticos y económicos de las instancias competentes, pero donde hay que aportar construyendo una comprensión ética que los sustente.

Primer desafío: la libertad. Las ideas de libertad han cambiado el mundo desde el siglo de las luces hasta nuestros tiempos. En cada uno de ellos la Humanidad le dio atributos y contenidos específicos, así como énfasis en el marco de los desenvolvimientos sociales. Sin duda, debemos darle a la libertad una lectura y un relato específico, que nos dé una comprensión concreta para el siglo XXI. Frente a las múltiples y emergentes manifestaciones conculcadoras de la libertad, que se expresan en los actuares de las estructuras de poder, es necesario que hagamos la revisión de nuestra idea de la libertad e incorporemos en su relato y concepto, en su comprensión más activa, todo aquello que hoy la inhibe o la coarta.

Segundo desafío: la igualdad. En las últimas décadas nuestra sociedad ha venido desarrollando un esfuerzo por la igualdad. Ello está asociado inseparablemente a condiciones de trato. Hay desigualdades de trato de todo tipo. Ellas nacen a partir de como construimos la relación con los demás, estableciendo distinciones, privilegios, oportunidades. La desigualdad es una conducta y un resultado, que nace, crece y se retroalimenta de los privilegios y la intolerancia. En nuestro país hay conductas y hechos que han permitido una historia de discriminación y diferencias de trato. Cada día hay nuevos sectores, nuevas identidades y nuevas demandas por la igualdad de sectores que se plantean contra ese pasado que sigue actuando contra el progreso y la humanización. Una gran tarea es consolidar la igualdad, como una característica y una práctica nacional, como un distingo país.

Tercer desafío: la fraternidad. Para las instituciones que proponen como una tarea de construcción moral el vincularnos como hermanos, esto viene a ser una tarea fundamental. Para algunos la fraternidad nace de un padre común, mientras otros sostienen que somos hijos de una evolución común, o están aquellos que aseveran que nos hermana la consecuencia de una entropía, etc. Una idea positiva de fraternidad es capaz de acoger todas las ideas sobre el origen de la especie humana, en torno a un propósito común: el destino humano. Más allá del origen debe hermanarnos el destino de la Humanidad, el cual creemos y queremos que sea expresión de una tarea fraternal, superando todo lo que las herencias del pasado aportan para dividir a los seres humanos, para enfrentarlos en torno a paradigmas y propósitos, cuya huella dolorosa ha sido construida en torno a la muerte y la violencia. De este modo, la idea de fraternidad debe ser capaz de penetrar profundamente en una perspectiva ética de futuro.

Cuarto desafío: la sustentabilidad. Hoy constatamos que el proceso de control y transformación de la naturaleza no es ilimitado y hay techos que estamos tocando. Los procesos de industrialización que tanto beneficio han traído y que han puesto los recursos de la naturaleza a disposición de las oportunidades humanas, han ido produciendo daños que ponen en riesgo incluso la propia vida humana. Es así como es necesario ir asumiendo una conciencia creciente respecto de que el uso de los recursos naturales debe ser sustentable, es decir que no destruya lo que la naturaleza ha prodigado al hombre. Lo que hemos comprobado dramáticamente es que no solo tenemos la oportunidad de transformar la naturaleza, sino que también debemos generar las condiciones para seguir transformándola, sin destruirla. Si destruimos la naturaleza habremos destruido lo que permite el proceso de la vida, y por lo tanto de la vida humana.

Quinto desafío: la equidad. Es una evidencia que nuestro país crece y se eleva en sus estándares de riqueza, generando deferencias abismales entre aquellos que tuvieron las oportunidades, tienen las relaciones y son capaces de recrearse como núcleo de poder económico y político y, en la otra vereda, aquellos que tienen muy poco o no tienen nada. De este modo, hay dos países distintos que conviven producto de un sistema fundado en privilegios, en exclusiones, en vinculaciones, en grupos de poder, en la asignación de oportunidades. Es una inequidad que afecta no solo a los pobres, sino que también se manifiesta en relación a distintos grupos marginados y/o despojados. Basta ver las demandas que han levantado distintos grupos sociales del país, para constatar que la equidad viene a ser una necesidad a ser abordada, no solo desde el punto de vista económico, sino necesariamente social, construyendo oportunidades privilegiadas para aquellos que han quedado rezagados por años y por generaciones.

Sexto desafío: la seguridad. Hasta no hace mucho la idea de seguridad ha estado asociada a actividades de protección de unos seres humanos con respecto de otros seres humanos. La seguridad tiene ahora que ver con la protección de los derechos y en lograr condiciones básicas y dignas para todos los seres humanos. Y cuando hablamos de seguridad debemos hacerlo en la determinación de los aseguramientos que permiten que la vida de todos los seres humanos, sea en condiciones inapelables de humanidad. Debemos trabajar para que en nuestra sociedad imperen las seguridades que hagan del vivir humano un transcurrir digno, donde todos tengan pleno derecho a la vida, a la salud, a una alimentación sana, a vivienda digna, a educarse según sus capacidades, a constituir una familia, a elevarse por sobre toda condición enajenante.

Séptimo desafío: la laicidad. Una sociedad construida con diversidad y pluralismo, no puede sostenerse sobre la base de una cosmovisión exclusiva y exclusivista. Cada persona humana tiene el derecho a creer y a entender el mundo y la vida desde sus legítimas convicciones. Es más, tiene derecho a difundir sus convicciones y compartirlas con los demás. Ello es lo que funda un legítimo derecho de conciencia. Pero, lo que no puede pretender, es que sus convicciones sean ley para los demás, y para quienes piensan diametralmente opuesto. En ese contexto, lo que para algunos sea pecado, no puede ser delito en la sociedad. Solo la ley construida en la prescindencia de las distintas visiones sobre la vida y la realidad, y fundada en la razón, esto es, en el consenso ético, es lo que permite una condición de laicidad en el Estado y en el Derecho, cualidad insustituible para garantizar la libertad individual y colectiva.

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