miércoles, 24 de febrero de 2010

LA INDUSTRIA DE LA BENEFICENCIA.




Hace algunas semanas, estando de paso en Villarrica, me sorprendió gratamente que la cajera del supermercado local me consultara, al momento en que pagaba mi compra, si donaba la fracción de monedas de 1 peso del vuelto al Cuerpo de Bomberos. Ello me motivó a ser más generoso, tal vez por mi impulso habitual de contribuir en las plazas de peajes, cuando hay bomberos recogiendo contribuciones, o como extensión del compromiso mensual con el recolector de los bomberos de la comuna, que pasa con puntualidad a retirar una cuota acordada con ellos.
A propósito de esto último, hace unos días llegó una carta de la compañía de bomberos, señalando en que se habían gastado las contribuciones recibidas el año anterior. Leyendo la carta informativa, no pude dejar de reflexionar de lo notable que resulta la tradición bomberil chilena, fundada en la más alta y pura beneficencia, aquella que se sostiene en la básica premisa de hacer el bien, sin mirar a quien, y sin esperar nada a cambio. Porque no me cabe duda que, de todas las instituciones, orientadas a. bien de los demás en Chile, los bomberos son los únicos que no reciben una retribución económica personal por su constante accionar en beneficio – el sentido de la más pura beneficencia – de los demás.
Cuando se mira hacia el contexto de las instituciones de la beneficencia en Chile, quedan muy pocas que realmente puedan ser consideradas como tal, en sentido de ser organismos pensados en canalizar el interés público desde una perspectiva altruista. Lo que prima es la industria de la beneficencia, donde un conjunto de organizaciones se disputan lo que parece ser un creciente mercado, que mueve millones de dólares, y que reporta enormes beneficios antes que a los destinatarios a quienes son parte de su estructura propietaria, administrativa y organizacional.
Algunos estudios preliminares dan la pauta para establecer que de cada 10 pesos que se donan en Chile a organizaciones de beneficencia, solo 5 se destinan objetivamente a lo que se pretende como el objeto institucional. En algunos casos llegan a 4 pesos. Es decir, entre un 50 y un 60% de las donaciones terminan siendo un beneficio directo de quienes administran las contribuciones, por la vía de compra de bienes raíces, financiando personal profesionalizado, gastos publicitarios y gastos operacionales.
Aprovechando las posibilidades de la legislación, incluso se crean organizaciones de beneficencia para recibir los aportes de las empresas, las que terminan orientando específicamente esas contribuciones de acuerdo a sus afinidades ideológicas y sociales. El beneficio termina siendo mutuo, tanto para la empresa como para los gerentes de la industria de la beneficencia, por varios aspectos.
Hay rostros de la industria de la beneficencia que son recurrentes en nuestra realidad nacional y pontifican a través de los medios de comunicación sobre la necesidad de “trabajar por los más pobres”, por “los que nada tienen”, en circunstancias que por la gerenciación de esas organizaciones tienen sueldos competitivos con cualquier empresa del mercado y manejan una cuantiosa planilla de funcionarios y profesionales, reclutados entre sus afines. Bajo píos nombres o apelaciones emocionales, hablan con voz trémula sobre el valor de dar a los demás, conduciendo agresivos todo-terreno por las calles y carreteras y vinculándose a todas las estructuras de poder. Hay casos de gerentes que pasan de una empresa de mercado a una empresa de beneficencia, por condiciones remunerativas más favorables. También están aquellos que hacen una carrera en las instituciones de beneficencia, para luego acceder a otras gerencias corporativas más elevadas.
Se construyen socialmente mitos sobre personalidades que se suponen consagradas al bien común, en circunstancias que se han volcado a promover la industrialización de la generosidad de los demás, son campeones en el manejo de las argucias legales, son profesionales en el ámbito relacional del poder, y tienen un expedito manejo de las fuentes de los recursos permanentes, con los cuales sostienen y acrecientan las organizaciones que dirigen.
La socorrida y efectista frase de “trabajar por los más pobres, por los más necesitados”, nada tiene que ver con el fin último de tales organizaciones, aún cuando la percepción pública es estimulada permanentemente al lugar común de la validación de ellas como instituciones que realizan una obra de amplio beneficio humanitario.
Sin embargo, tales organizaciones día a día crecen en sus propiedades y en sus plantas de funcionarios, sus gerentes se prestigian y se validan profesionalmente, y aquellas que no crecen tienen la particularidad de ser como los “agujeros negros” del espacio estelar, que succionan todo lo que aproxima, y no se sabe a donde va a parar todo. ¿Quién conoce de sus balances financieros, de sus pérdidas, de sus gastos?
Hace muchos años era común que las instituciones de beneficencia elaboraran una memoria y balance anual. Muchas de esas memorias y balances se encuentran en la Biblioteca Nacional. He tomado cinco de las más publicitadas y mediáticas organizaciones actuales de la industria de la beneficencia y no he encontrado sus memorias o balances. Alguna se ha destacado por hacer “un balance social”, pero sería más transparente que se publique el contable.
La cultura de la industria de la beneficencia tiene sus mitos y sus leyendas. Estos son absorbidos y validados por las estructuras del poder nacional. Hay personalidades validadas como los alter ego o los gurús, y son consultadas para toda decisión o toda acción de solidaridad y conducción de la generosidad pública. Muchos son exaltados a los altares de la bondad nacional, y a la solemnidad de los tributos. Algunos se transforman en consejeros o confesores de cabecera. Otros son convocados a comandos electorales para dar garantizar una imagen de preocupación o dedicación social. Algunos tienen la mágica condición ubicua de aparecer en los más diversos lugares, eventos o circunstancias, con una transversalidad digna de un futbolista exitoso o de un superventas cantante pop.
Las recurrencias sociales, políticas y económicas de estos “benefactores”, dan pábulo a que se favorezca progresivamente la profesionalización, la industrialización y la instrumentalización de una actividad que hace rato ha degenerado los sinceros impulsos del corazón de las personas y su expresión de altruismo.
Por ello, cuando alguna cajera de supermercado me consulta si quiero donar un desayuno o un vaso de leche, le sonrío y cortésmente le digo que no. La buena fe no merece otra actitud que la cortesía. Por lo demás, no habría tiempo para explicarle los fundamentos que justifican ese no y por que prefiero y recomiendo contribuir a la única institución de voluntarios que presta un servicio decente al bien común: los bomberos.

jueves, 28 de enero de 2010

CONVERSACIONES EN LA MASÍA DE FREIRE

Sebastián Jans


A poco más de una semana de la interpelación efectuada por el laicismo chileno a los candidatos presidenciales, y ya resuelta la segunda vuelta electoral, llegué a La Masía de Camilo Calvo, en la Región de la Araucanía. Accedía a su invitación y de su encantadora esposa Patricia, para pasar unos días en ese paraje distante de las tráfagos citadinos.
Fueron dos días distintos, ya que no hubo tiempo para enterarse de los eventos postelectorales, ni para afanarse con los comentarios de los opinólogos políticos, ni para ver la expresión eufórica del conservadurismo criollo, que después de 50 años, por primera vez ganaba una elección presidencial.
Fueron dos días de conversación y reflexión, y de acoger la experiencia de uno de los más fieles laicistas de la vieja guardia, que arrastra en su experiencia no solo el acervo vivencial de la política republicana, sino también las vivencias que el anti-republicanismo imprimió en la conciencia histórica nacional.
Camilo fue un novel Alcalde de Traiguén, a los 27 años y diputado por Malleco, antes de la ruptura democrática. Cuando sobrevino la dictadura, vino la cárcel, el traslado a Dawson, luego a Las Melosas, y por último el exilio. De regreso a Chile y durante la transición democrática fue nombrado Alcalde de Temuco. En años recientes, ha estado vinculado a nuestra red Iniciativa Laicista, aportando con su visión permanentemente asociada al laicismo, al republicanismo y al compromiso social.
Ligado a los basamentos doctrinarios del radicalismo desde su juventud, con los años emigró hacia el socialismo, con sencillez y sin aspavientos. Por cierto, en su reflexión conviven esas dos potentes almas del compromiso político, en un eclecticismo maduro, donde lo que importa es la expresión progresiva del hacer humano y su valoración por antonomasia.
De la conversación, junto a los pequeños esteros y a los múltiples árboles nativos, a las luminosas hortensias y los pastizales hirsutos, fue emergiendo un diagnóstico sobre la realidad nacional, sobre las debilidades del movimiento laicista, sobre las grandes tareas que deberán gestarse en torno a la defensa de las libertades de conciencia, sobre lo que significará enfrentar un nuevo escenario político, donde las visiones más conservadoras entrarán a controlar la ejecución política del Estado.
Fue un momento para pensar en el quehacer, en como contribuir a generar un profundo movimiento de reflexión en torno a los partidos llamados laicos, y como establecer las grandes ideas fuerzas que sean capaces de movilizar a los más amplios sectores sociales, a favor de una línea de acción fundada en la más auténtica diversidad y en el auténtico progresismo: aquel que nace de la constante evolución y del avance del conocimiento humano.
Las conversaciones en La Masía de Freire, con este notable tribuno laicista, sin duda, fueron una oportunidad personal para ganar certezas sobre lo que corresponde hacer en esta nueva etapa nacional, donde los laicistas tenemos mucho que decir.

domingo, 20 de diciembre de 2009

UN LIDERAZGO PARA EL DIÁLOGO DEL BICENTENARIO.

Ha sido elegido Presidente de la Fraternidad Ecuménica de Chile, el Reverendo David Muñoz Condell, representante en esa mesa de las Iglesias Protestantes Evangélicas de nuestro país. La Fraternidad Ecuménica de Chile es una instancia de encuentro y diálogo de las tradiciones religiosas cristianas que tienen presencia en nuestro país: la católica, la protestante y la ortodoxa.
Pastor bautista, diplomado en teología, licenciado en Ciencias de Desarrollo, Magíster en comunicación social, Maestro en Ciencias Sociales, y Doctor en estudios de las sociedades latinoamericanas, ha sido profesor en distintas Universidades e instituciones formativas, y ejerce como Capellán Nacional Evangélico de la Policía de Investigaciones. Autor de varios libros, entre los cuales destaco tres: “Las Sectas Religiosas en Chile: Un Análisis Socio-Patológico de sus Conductas” (2002), “Sectas Religiosas y Campo Simbólico” (2004), y “La Relación entre Liberales, Protestantes y Masones en el Siglo XIX: Un Análisis Comparado entre Chile y Perú, en el Primer Centenario 1810-1930” (2009).
Anteriormente, el Pastor Muñoz Condell ya ha ejercido la labor de presidente de esa instancia de diálogo ecuménico, y en el tiempo se ha mantenido en una situación de preponderancia permanente en el encuentro religioso y en la apertura hacia otras expresiones de la espiritualidad, incluso hacia aquellos que tienen una visión agnóstica.
De una personalidad cercana a la realidad de nuestro tiempo, el Pastor Muñoz Condell es la expresión de una religiosidad que se siente cercana a las problemáticas del hecho social y a la necesidad de encontrar respuestas comunes a las manifestaciones de los cambios culturales, producto de los avances y retrocesos que experimenta el hombre individual y colectivo en un tiempo histórico en constante cambio.
Su aporte intelectual en el ámbito de la pluralidad evangélica protestante, ha tenido un impacto altamente positivo en términos de recoger ciertas constantes históricas de esas corrientes religiosas, donde de reconoce al laicismo como un elemento determinante para la igualdad religiosa y para los derechos de conciencia, donde hombres de las diversas corrientes protestantes hicieron un aporte significativo en nuestro país.
Esas constantes han tenido nombres de gran significación, en cuanto a introducir la valoración y la práctica de las libertades de conciencia y la demanda de un Estado laico, y parten con la llegada al país del Pastor David Trumbull, uno de los precursor religiosos de la libertad religiosa y de conciencia en nuestro país, al cual hay muchos nombres que aportar posteriormente, los que tuvieron la particularidad de aproximarse de manera activa a una concepción alternativa a la pretensión hegemónica que impone un credo oficial del Estado.
El aporte de hombres como Trumbull, que vincularon activamente su profesión de fe con la concepción laicista del Estado, permitieron en Chile el establecimiento de los derechos de conciencia, aún con todas las trabas que han sido posibles de advertir históricamente en nuestro país, incluso en tiempos muy recientes y en procesos que se advierten tremendamente vigentes.
Ello lo ha puesto de manifiesto el Pastor Muñoz Condell en su reflexión y en la valoración histórica que hizo, por ejemplo, en su participación en el Servicio de Acción de Gracias (mediáticamente conocido como Tedeum Evangélico) del año pasado, donde realizó un significativo análisis histórico del desarrollo y aporte de las iglesias protestantes, a las libertades de conciencia y a la concepción de un Estado laico, poniendo de manifiesto las enormes dificultades enfrentadas y los desafíos del presente.
Sus firmes convicciones sobre el hecho religioso en Chile han sido, más que un obstáculo, una oportunidad para el diálogo inter-religioso con la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, y este pastor bautista ha sido destacado protagonista de un encuentro entre comunidades religiosas que, aún respondiendo a raíces comunes, deben disputarse las opciones de conciencia de aquellos que buscan una respuesta espiritual en la religiosidad, al fin y al cabo de la mayoría de las personas de nuestra sociedad.
El crecimiento de las religiones protestantes es un hecho que cotidianamente se expresa, en desmedro de la influencia de la iglesia católica, apostólica y romana, cuyo activo se puede ya equiparar al activo de la suma de iglesias protestantes. Solo la identidad cultural católica chilena hace que la proyección del sector pasivo contribuya a la superioridad numérica del catolicismo, y que provoca lecturas de hegemonía y exclusivismo, propias de los sectores más tradicionales del poder de nuestro país.
La comprensión del Pastor Muñoz Condell de nuestra realidad religiosa como país y su convicción dialogante, es un positivo aporte de la Fraternidad Ecuménica de Chile a la disposición espiritual del Bicentenario, y quienes tenemos una mirada laicista de nuestra realidad nacional, aventuramos que este líder espiritual religioso no solo sea una garantía de diálogo inter-religioso, sino también un activista del diálogo religioso-laicista, como una oportunidad para asegurar las bases republicanas de la libertad de conciencia como seguridad humana.
En la medida que ese diálogo espiritual diverso pueda ser posible, se estará dando paso al gran diálogo del Bicentenario, y en cierto modo se hará homenaje al primer hito republicano de la libertad de conciencia y el vislumbre de un Estado laico en nuestro país, protagonizado por nuestro Padre de la Patria, Bernardo O´Higgins, quien concede en 1819 el derecho a los no católicos a tener un cementerio en Santiago y Valparaíso.

viernes, 18 de septiembre de 2009

UNA MIRADA HISTÓRICA SOBRE LA RELIGIOSIDAD EN CHILE.

El 07 de septiembre recién pasado, en la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, el Pastor Rev, David Muñoz Condell hizo presentación de su libro “La relación entre protestantes, masones y el pensamiento liberal en el periodo oligárquico, 1810-1930. Un análisis comparado entre Chile y Perú”, editado la Sociedad Bíblica de Chile.
El contenido del libro sirvió como tema de una disertación del autor, ante un público diverso, donde estuvieron presentes historiadores, representantes de iglesias y miembros de diversas instituciones, entre las cuales cabe mencionar la Masonería.
El pastor Muñoz Condell, quien se desempeña como Capellán Evangélico de la Policía de Investigaciones, y que ha desarrollado un importante trabajo historiográfico, plantea que hay un campo nuevo para la investigación historiográfica respecto de la religiones en relación con diversas formas de asociatividad, entre las cuales destaca la Masonería, así como también las sociedades mutualistas, espiritistas, patrióticas, etc.
En su libro analiza la significación cultural de la religión en América Latina, poniendo una mirada acuciosa en el rol cumplido por la Iglesia Católica, los procesos de legitimación religiosa, y el desarrollo del protestantismo en las emergentes repúblicas independizadas de España.
Luego analiza los inicios del protestantismo en Chile y su posterior desarrollo, para, a continuación, hacer lo propio con el desarrollo de esos procesos en Perú, lo que le permite hacer un análisis comparado y proponer su tesis sobre una alianza estratégica entre protestantes, masones y liberales.
Constata que muchos de los pioneros del protestantismo estuvieron ligados a la Masonería, y que ello se dio en tanto los masones defendían la libertad de culto y eran contrarios al monopolio de la Iglesia Católica en las emergentes repúblicas.
Los antecedentes que aporta el Pastor Muñoz Condell, conducen a una interesante perspectiva sobre como se establece el desarrollo del protestantismo, y quienes fueron sus principales exponentes. Ello ayuda a comprender el significativo aporte del protestantismo a la consolidación nacional, ya que, no debemos olvidarlo, este se manifiesta con la primera presencia de personeros de esa opción religiosa a poco de conseguida la independencia, por iniciativa de O´Higgins, miembro de la logia masónica “Lautaro”.
Fácilmente se desprende del texto, la importancia que implicará para la sociedad chilena, el consenso entre el liberalismo, los masones y los protestantes, al coincidir respecto a los objetivos de libertad de conciencia, fundamentales para el desarrollo y maduración de sociedades que pretendían ser cada vez más libres y más diversas.
El aporte del Rev. Muñoz Condell a la comprensión de los procesos históricos de la religiosidad en Chile y su institucionalización, es de gran relevancia para quienes sostenemos la necesidad de ejercer el derecho a la libre conciencia, y proponemos la laicidad de las instituciones llamadas a garantizar la diversidad de credos y de opciones de conciencia.
La valoración histórica que este destacado pastor e historiador hace, merece ser destacada de manera significativa por quienes promovemos el laicismo como doctrina necesaria para una sociedad realmente libre, y que en el referente o¨higginiano, al traer a Chile a un educador protestante, para fundar la educación publica nacional, en una sociedad dominada en los términos más rotundo por la institucionalidad de la religión católica, encuentra el primer testimonio laicista del Estado, en la perspectiva de construir una sociedad que respeta la libertad de conciencia.
Ese referente encuentra su correlato posterior, en la alianza que el Rev. Muñoz Condell advierte desde su valiosa interpretación histórica, tan necesaria cuando nos aproximamos al bicentenario de nuestra República.

viernes, 21 de agosto de 2009

DISCRIMINACIÓN POR APARIENCIA…Habitualmente en Chile.

Horroroso para Caster Semenya debe haber sido enfrentar los días recientes, luego de salir campeona de los 800 mts. en el Mundial de Atletismo de Berlín. Si no hubiese triunfado tal vez habría tenido días más apacibles. Pero, parece ser que su condición de sudafricana despertó en la arrogancia blanca los sentimientos más perversos y, a través de la prensa sensacionalista y el periodismo amarillo, se derramó como aceite sobre el piso del racismo europeo y americano, especialmente, y donde cierto periodismo chileno no ha perdido su ocasión de agregarle gas al fuego de la discriminación.
La imagen de la atleta negra ha recorrido el mundo para desatar la discusión sobre su condición sexual, por tener ciertos rasgos que no serían femeninos. ¿Ha sucedido lo mismo con ciertas lanzadoras de la bala europeas que han participado en competencias televisadas para todo el mundo? ¿Cuántas de ellas han sido sometidas al escarnio público internacional? ¿Es porque no son africanas? ¿Cuántos bellos más tienen en la cara Caster que aquellas? ¿Cuánto menos están desarrollados sus senos?
¿Si Caster Semenya tiene una identificación de su país con nombre, número de identidad, sexo y estado civil, no es suficiente para reconocerla en su condición de tal? ¿O es necesario que tenga que dar pruebas de ello de modo especial? Por lo demás, donde está la línea que separa lo femenino de lo masculino, para que un individuo sea reconocido en una u otra condición. Por lo menos, algunas lanzadoras de la bala europea que participaron en las últimas Olimpiadas, indican que no es la apariencia. ¿Porqué una atleta negra y africana tiene que cumplir procedimientos especiales? ¿Por alguna reminiscencia fascista de ciertos dirigentes de la IAAF?
La apariencia es precisamente eso: es el aspecto aparente de alguien. Y ello es una de los motivos de la mayor parte de los prejuicios en el mundo. Chile no escapa a esa conducta, y es un deporte nacional, cuando no una expresión de recurrencia asfixiante, que produce la discriminación por la apariencia de las personas. Pero, no es el discriminado quien produce el acto calificatorio de la apariencia, sino que lo produce el observador. El culpable es quien construye una interpretación de los rasgos o las formas de una persona.
Aún, en nuestro país, bajo ciertas condiciones física es imposible conseguir un trabajo si alguien es gordo, demasiado moreno o con apariencia indígena. Demás está hablar de aquellos con apariencia femenina o apariencia masculina, según sea hombre o mujer. Están también los que son discriminados por su apariencia de viejo.
Hace pocos días escuché en la Radio Cooperativa, en el horario de salida de oficinas, a un periodista que reiteradamente hizo alcances prejuiciosos sobre la apariencia de Gabriela Mistral en el nuevo billete de $ 5.000.- que se le antojaba con “cara de señor”. Y eso que nuestra poetisa, que llenó de gloria a las letras chilenas, accediendo al Premio Nobel, lleva muchos años muerta. ¿Cuántas veces en vida pudo sufrir la poetisa las mismas calificaciones por una apariencia que no era del agrado de algunos observadores?
La discriminación por la apariencia tiene todas las perversiones que tienen las otras formas de discriminación. Es tan lacerante y tan rotundamente antihumana como todas aquellas, que vienen a dividir a los seres humanos por cuestiones derivadas de la diversidad.

jueves, 20 de agosto de 2009

LAS OSCURAS SEÑALES DE CHAVEZ Y URIBE

La pretérita Gran Colombia se encuentra sometida a una realidad que es dispar con la tendencia democrática que ha mostrado América Latina, en las últimas décadas. En la mayoría de las naciones al sur del Río Grande, se han venido sucediendo gobiernos despersonalizados, que se fundan en la alternancia del poder, tanto en el marco de las personas como en relación a los movimientos o partidos políticos.
Así ha sido en Chile, en Perú, en Argentina, en Uruguay, en México, en Panamá, en Ecuador, en Paraguay, etc. Incluso en Brasil, pese a la reelección de Lula, pero que queda más de claro que se trató de una eventualidad revestida de la más sana constitucionalidad, que no será forzada con subterfugios de tipo alguno, pese a la enorme popularidad del Presidente brasileño.
Contra esa tendencia de real contenido democrático, es posible constatar las similitudes de los presidentes de Colombia y Venezuela en avanzar en sentido contrario, buscando extremar los procedimientos legales para perpetuarse en el poder, al más puro estilo de los arcaicos dictadores u oligarcas de los siglos XIX y XX, que caracterizaron a través del caudillismo y del caciquismo, una forma de burlar toda intención democrática real.
Esta semana el Senado colombiano aprobó la conciliación de un referendo para permitir una nueva reelección de Álvaro Uribe, lo que le abre las posibilidades para un tercer periodo de gobierno. ¿Cuál es su diferencia con Hugo Chávez, con quien ha sostenido tan intensas polémicas? Más allá de las identidades políticas que caracterizan al conservador Uribe y al izquierdista Chávez, la verdad es que ambos sufren el Mal de Porfirio, esa vieja enfermedad de origen decimonónico, que insita a ciertos gobernantes a sentirse insustituibles y signados por una unción mesiánica, que les convence que están llamados a redimir a sus países de los síntomas de la alternancia.
Uribe quiere reelegirse para un nuevo periodo, tal vez con la misma pretensión de su vecino de ser reelecto ad vitam. Para ello cuentan con una clase política obsecuente y coral, que no es capaz de asumir la decencia que los tiempos exigen, respecto de las conductas políticas efectivamente democráticas.
Tanto Uribe como Chávez violentan la convicción democrática de América Latina, y del mundo que cree en una institucionalidad efectiva para resolver los problemas y las alternativas políticas. Lobos de una misma camada, lucen sus pelajes de distinto color, pero en sus fauces se articulan las mismas dentelladas feroces que pretenden devorar la capacidad de los pueblos de avanzar hacia una constitucionalidad realmente basada en principios democráticos.
Esperemos que la madurez de los pueblos de Colombia y Venezuela, sea capaz de volcar los procesos políticos hacia una institucionalidad sólida, superando la pertinacia de estos caudillos de aferrarse al poder, contra toda lógica civilizada

lunes, 27 de julio de 2009

DERECHOS DEL NIÑO Y PROSELITISMO RELIGIOSO.

En 1990, Chile suscribió la Convención de los Derecho del Niño, proclamada por el Asamblea de las Naciones Unidas el año anterior, y sus alcances fueron integrados a la legislación de nuestro país en diciembre de ese mismo año.
Constituyó la ratificación chilena de la Convención, junto a poco más de una cincuentena de países, un paso de enorme significación para nuestra, entonces, aún tambaleante democracia, y una saludable expresión de consenso de las distintas fuerzas políticas sobre la importancia que para nuestra sociedad tienen los derechos del niño, más allá de la simple enunciación discursiva.
Reconociendo la existencia de violaciones de los derechos consagrados por la Convención, que se hacía presente en muchos niños chilenos, la ratificación significó que el Estado chileno asumía las obligaciones presentes en la Convención como una prioridad y un desafío a abordar con decisión. Quedando aún mucho por hacer, en un sentido general, se puede afirmar que el Estado chileno ha actuado coherentemente con esa ratificación.
Dentro de lo que queda por hacer, está lo relacionado con los artículos 14 y 36 de la convención, en lo relativo a la libertad de conciencia, los derechos de los padres de guiar al niño conforme a la evolución de sus facultades, y la protección del niño respecto de formas de explotación que son perjudiciales para su bienestar.
Ello tiene especial importancia cuando los niños carecen de discernimiento, producto precisamente del proceso de evolución natural de sus facultades, y corresponde a los padres o tutores legales ejercer el derecho de educar a sus hijos según sus creencias y valores.
La ley de cultos de nuestro país establece el derecho de los padres y guardadores legales de los menores no emancipados, a elegir la educación religiosa que esté de acuerdo a sus convicciones. Más allá del alcance legal, desde un punto de vista racional y ético, resulta inobjetable que los padres formen a sus hijos bajo los valores que son consustanciales a sus convicciones morales y religiosas, cuando estos aún no están en condiciones de discernir con autonomía.
Sin embargo, ese derecho puede verse cuestionado por las acciones emprendidas por los padres o tutores legales, a partir de un interpretación abusiva de la ley. Desde el punto de vista legal y ético, el derecho a educar al hijo no emancipado legalmente según los particulares valores y convicciones de sus tutores legales es específico, y no debe considerar extensiones en tales derechos.
Esto tiene que ver con la constatación del uso de niños en actividades de proselitismo religioso, que es posible de observar por parte de ciertas congregaciones o credos, y que nuestro sistema legal debiera de prever, por constituir prácticas abusivas de los padres o tutores legales que afectan los derechos de los niños.
El uso de niños sin discernimiento legal, en actividades misionales o de difusión de contenidos religiosos, resulta tan abominable como el uso de menores en actividades propias de mayores, a los cuales son inducidos por sus padres, tutores o cualquier persona mayor de edad que busque un propósito definido, y que utilice a menores de edad para sus fines e intereses.
El uso de menores de edad en actividades de proselitismo religioso es tan repudiable como lo puede ser el padre que hace trabajar a un niño para apropiarse de los beneficios económicos de su trabajo, o como aquel que induce a un niño a delinquir, o como aquel que utiliza a un niño con objetivos perversos. En cualquiera de las alternativas expuestas hay un abuso de poder que se da entre el mayor y el niño sin discernimiento.
Es probable que las intensiones que están presentes en los padres que usan a sus hijos menores en actividades misionales estén bien inspiradas, y sean lógicas a partir de la cultura y los conceptos doctrinarios de su fe, pero desde el punto de vista de las convenciones que han permitido determinar los derechos del niño, ello constituye una explotación del menor, dado que no tiene las facultades legales ni mentales para oponerse ni discernir respecto a los objetivos que le son planteados por sus padres o tutores.
Llevar a un niño a las ceremonias religiosas o llevarlos a las actividades misionales que puedan realizar sus padres, son situaciones obvias e inobjetables, porque los menores de edad dependen de sus mayores, y estos están facultados por la ley para educarlos en torno al culto que la familia posee. Cosa distinta es hacer del niño un protagonista en las actividades misionales o de proselitismo de una fe particular.
Durante la última Semana Santa, por ejemplo, a través de la televisión se vio a niños de 10 o 12 años repartiendo propaganda religiosa, puerta a puerta, producto de la iniciativa de una congregación religiosa, con la amplia satisfacción y dirección de sus padres. Habitualmente, ciertos credos realizan actividades misionales, casa por casa, y quien acude al llamado a la puerta se sorprende al encontrarse con un niño desarrollando una actividad de proselitismo religioso bajo la supervisión de mayores, que consideran absolutamente normal que aquello esté ocurriendo.
Más dramático resulta el hecho cuando padres separados, de distinta confesionalidad religiosa, usan a su hijo para promover sus particulares valores religiosos en el momento en que están a su cargo, no importando el contrasentido que ello implica y las consecuencias afectivas y emocionales que esta dicotomía pueda tener en el menor de edad.
Lo que los involucrados debieran preguntarse es que, si las convenciones internacionales censuran el reclutar un niño menor de 15 años para fines militares, o el llevarlo a actividades productivas o laborales, o inducirlo a acciones propias de mayores de edad, ¿por qué no puede ser atentatorio a los derechos del niño usarlo con fines de proselitismo religioso? ¿La diferencia estaría planteada por la naturaleza doctrinaria del propósito a que el niño es inducido? La realidad indica es que, en cada caso, hay un abuso de poder, y una ventaja insalvable de quien determina la acción o toma la decisión sobre el que está desventaja: el menor de edad.
Es de mucho interés, entonces, que los órganos del Estado, que están llamados a proteger los derechos del niño, tomen en consideración esta violación a los derechos determinados por la ley y las convenciones internacionales, y si la ley no es específica en ese aspecto corresponde a los legisladores actuar con premura para garantizar los derechos de la infancia e impedir el abuso de sus mayores.

Algunos contenidos del libro "Apuntes sobre la Masonería Chilena"

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