domingo, 4 de noviembre de 2018

Presentación del libro “Desde mi sitial”


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Por ocho años, a través de la revista “Occidente”, el profesor Luis Riveros, en su calidad de Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, institución que cobija 240 logias masónicas a lo largo de nuestro país, estuvo publicando su opinión respecto de la realidad nacional, en una sección bajo el título “Desde mi sitial”.
No debemos suponer que el autor del libro en presentación está con esta obra haciendo expresión de un momento culminante de su pensamiento. Lejos de ello. Luis Riveros Cornejo ha hecho una extensa labor intelectual que está en miles de páginas impresas en libros y revistas del más diverso formato y propósito editorial. Ha escrito también en periódicos y ha participado en incontables presentaciones de libros de diversos autores chilenos y extranjeros.
Si es referencial y hace especial la contribución del libro en presentación, y que me une a este instante, es que recoge de manera precisa lo que fue la mirada pública del Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, entre 2010 y 2018, y en el mas reputado medio de comunicación de alcance público de la Masonería chilena, la revista “Occidente”.
Mes a mes, a través de una columna o artículo de reflexión, entregó su visión intelectual, sobre la realidad nacional y especialmente sobre una de sus preocupaciones fundamentales: la educación. Hombre del aula por esencia, formador de varias generaciones de profesionales egresados de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile, su estilo y acento reflexivo se ha expresado con generosidad en las páginas de la revista Occidente, para orientar no solo a los masones, sino también a toda mujer u hombre ilustrado, cuando necesita pensar sobre cómo entender a su país y sus desafíos, para entender sus problemas y debilidades.

Los tres liderazgos que afaman al autor

Tres liderazgos ha ejercido de manera trascendente el profesor Luis Riveros en las últimas décadas de nuestro país. Entre otros ejercidos en diversas instituciones y organizaciones, estos tres lo afaman y prestigian en su trayectoria personal, como académico, como profesional, como intelectual, y como hombre de la polis nacional.
El primero dice relación ejercicio como decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile, que desempeñó por 4 años.
Luego sería electo por dos periodos como Rector de la Universidad de Chile, uno de sus indudables orgullos personales, que lo han proyectado no solo en el reconocimiento de que goza en el ámbito nacional, sino, de manera muy significativa, en distintos espacios de encuentro académico a nivel internacional.
En la Universidad de Chile no enfrentó un tiempo benigno, y debió luchar denodadamente contra quienes consideraban que esa era una casa de estudios superiores más, en el concierto de la competitividad que debía darse con otras instituciones hasta cierto punto advenedizas. Debió combatir muchas de las distorsiones que han generado políticas extraviadas y mercantilistas que han producido un nivel de deterioro enorme respecto de rol de las universidades públicas. Ese denodado esfuerzo lo ha seguido haciendo de manera inclaudicable.
En 2010, fue electo Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, institución en la que asumió en medio de dos crisis. La primera provocada por los efectos de una errónea gestión institucional, producto de la relación de uno de sus predecesores con la Universidad de la República, lo que provocó honda indignación dentro de la Orden, especialmente cuando la opinión pública entendió que había una relación institucional entre la Masonería y esa Universidad, a pesar de que años antes el Gran Maestro Marino Pizarro había señalado que ello no existía, salvo en el hecho de que allí se desempeñaran profesionalmente muchos masones. 
La segunda crisis, provenía de los efectos devastadores del terremoto del 27 de febrero de ese año, que produjo daños enormes en las casas masónicas, en todo la parte centro sur de Chile, dejando a muchas logias sin espacios para trabajar con normalidad.
En esta misma Región, en las ciudades de Concepción y Talcahuano, las casas masónicas afectadas gravemente, se vieron impedidas de acoger a los masones y debieron afrontarse graves consecuencias. Recuerdo, a modo de ejemplo, cuando los QQHH de Talcahuano me llevaron a conocer el lugar donde había estado la casa masónica, arrasada por el tsunami, o cuando vinimos con el QH Riveros a la celebración del primer año de una nueva logia, en agosto de 2010, y debimos atravesar hacia San Pedro de la Paz, donde había una casa masónica en pie, en medio de una enorme congestión vehicular, debido a que había un solo puente funcionando y en condiciones muy precarias.
A esas dos crisis, el autor del libro que presentamos, se dedicó con esmero, y cuando, dos años después, se celebraban los 150 años de existencia de nuestra institución, la más antigua de carácter republicano en la sociedad civil, la labor del Gran Maestro mostró que ella había superado no solo la crisis espiritual y la crisis material, que hemos mencionado, sino que la Masonería había recobrado con bríos renovados el rol moral que le corresponde en la sociedad chilena, como institución consular de la ética del libre pensamiento.

El aporte intelectual del autor

En lo personal, no puedo separar a Luis Riveros Cornejo de lo que han sido los últimos 12 años de la Masonería chilena. Cuatro años como Gran Orador de la Gran Logia y ochos años como su Gran Maestro, en que dejó una huella de reflexión, que nos permite entender a nuestra institución en el ámbito de los desafíos de una nueva era que vive la Humanidad y el ser humano en su contexto histórico.
Hay momentos en que su pluma y su pensamiento alcanzó niveles difíciles de superar en la reflexión sobre lo que corresponde cumplir a la Masonería en el tiempo de hoy y como debemos enfrentar el futuro. Una de sus grandes aportaciones ha sido abrir a la Orden a la mirada pública, superando la percepción de que lo masónico es algo marcado por el secretismo, sitio irreal al que la habían asignado los prejuicios, la segregación y el infundio artero de instituciones tendenciosas y proclives al dogma y a la falacia.
Quienes estamos aquí reunidos, no podemos tampoco separar de nuestra cotidianidad el gran aporte intelectual que ha hecho el profesor Riveros, en torno a la reflexión sobre la educación chilena, y especialmente en lo relativo a la educación superior y el rol de la Universidad pública.
De hecho, es una de las voces más potentes, cuando se trata de entender la defensa y promoción de la educación pública, tan castigada y tan afectada en su calidad por las políticas implementadas por quienes han gobernado en los últimos 54 años. ¡Que falta hace la convicción de que “gobernar es educar”! Así lo ha reiterado el autor del libro que estamos presentando.
A nuestro autor le duele la mala calidad de la educación, especialmente la mala calidad que conspira cotidianamente contra las instituciones educacionales públicas, y como las políticas implementadas, lejos de recuperarla o fortalecerla, han ido horadando y socavando su misión. Le duele como determinadas políticas han puesto en riesgo el prestigio y la trascendencia nacional de la Universidad de Chile, referencia necesaria de lo que significa la existencia de un alma mater de la educación superior de la República.
Lo dijo como Rector, en medio de las dificultades provocadas por la ola de instituciones privadas que florecían al amparo de los errores de una democracia aún en transición, señalando descarnadamente en un discurso de un 18 de marzo de 1999, que la Universidad de Chile era “una Casa de Estudios que ha entrado a una crisis significativa desde hace años, de la cual hemos sido incapaces de salir y de la que necesitamos salir, si es que creemos todavía que Chile necesita una Universidad como esta, su Universidad de Chile”.
“Es una crisis – decía entonces - que se ha derivado de las políticas externas, del continuo hostigamiento contra la Universidad de Chile, de la hostilidad mostrada a través de todo tipo de reglamentaciones, de todo tipo de intervenciones que antes eran absolutamente descubiertas y justificadas al amparo de un gobierno enemigo de la Universidad, y que hoy día son encubiertamente sustentadas por las mismas personas, con iguales creencias respecto de la Universidad de Chile y de su misión”.
“La Universidad de Chile – explicaba - es por definición una Universidad humanista, es una Universidad preocupada de los temas de país, es una Universidad estatal y pública, y es una Universidad laica. Eso a sectores de nuestro país no le gusta, no lo comparte. La búsqueda de la verdad, que se realiza en la investigación de esta Universidad, es rechazada por algunos sectores y creen que lo que debe ser una Universidad es algo distinto de lo que es ésta”.
“Piensan que una Universidad es una institución donde se forman profesionales. Creemos que la Universidad debe formar profesionales como resultado de un proceso de creación y de investigación, que nos interesa formar profesionales líderes en sus respectivos campos y, por tanto, queremos formar profesionales creativos y no repetitivos del conocimiento existente. Hay quienes no comparten eso y hay quienes creen que el problema universitario chileno está resuelto por la vía de las nuevas universidades privadas. Lo malo es que se ha diseñado toda una regulación o una práctica de políticas destinada a incentivar a esos sectores y a proteger ese tipo de políticas. Cada día que aparece un nuevo instrumento, ese nuevo instrumento representa una limitante para la Universidad de Chile. Por eso, digo, antes era una batalla muy abierta, hoy día es una batalla bastante más encubierta, pero en definitiva son los mismos síntomas y quizás los mismos guerreros”.
  19 años después, desde su sitial de Gran Maestro y columnista de la revista Occidente - tal como lo registra el libro en presentación - expresará, frente a la nueva Ley de Educación Superior aprobada por el Congreso Nacional en enero pasado: “esta Ley no atiende apropiadamente los desafíos que debe enfrentar el sistema de educación superior en el futuro. En primer lugar, no se preocupa de definir y configurar un “sistema” de educación superior, en que sus partes interactúen, existan diversas instancias de cooperación e interrelación, y en donde se proyecten en función de un objetivo estratégico de país. Por el contrario, la ley da forma a lo que existe en el presente, sin elaborar un ideal a perseguir en función de una visión estratégica de país y solo remozando institucionalidad que viene del pasado y que a todas luces requerirían una nueva definición funcional de futuro”. Para luego agregar: “Una ley que no aventura en definiciones ni ideales sobre calidad, transformación de la docencia, innovaciones y cambios en las definiciones formativas en un contexto disciplinario cambiante que es el gran desafío del futuro. Es decir, una Ley que, discutida con gran premura y sobre la base de una mirada solo retrospectiva, no concitó las nuevas ideas y propuestas, los sueños de país, y las formas de poder estimular adecuadamente la modernización que en materia de educación superior necesita Chile”.
Insiste luego con precisión. “No está presente en la ley aprobada, una mirada de futuro, que norme adecuadamente, en un contexto de libertad académica y de progresivo mejoramiento en la calidad de la docencia. Asimismo, la investigación y creación no mereció una mención y tratamiento destacado en el texto legal, y se dejó solamente en menciones parciales que no destacan su esencial rol como necesaria actividad para progreso del país y mejoramiento permanente de la docencia. La complejidad del proyecto y lo incompleto de muchos de sus contenidos se entiende a partir del ambicioso objetivo de incluir cuatro diferentes temáticas en el mismo cuerpo legal, impidiendo un trabajo más a fondo en cada una de ellas. La Ley incorpora cuestiones relativas a la institucionalidad, junto con las normas para un nuevo organismo que es la Superintendencia, que tendrá un amplio poder para intervenir y controlar el quehacer de las instituciones educativas, especialmente en lo que respecta a la gestión financiera y administrativa”.
“Los preceptos de la ley se han fundado – explicaba -, en gran medida, en la experiencia pasada, que ha dejado una estela de imperfecciones y anomalías que son evidentes y que fueron causadas por una regulación laxa sino existente. Los episodios de mal manejo y de pésimos resultados en lo académico, marcaron fuertemente la orientación de esta ley, que está fundada grandemente en una cierta “sospecha” y desconfianza hacia el hacer de las instituciones de educación superior”.
“Para las universidades estatales – advierte -, este sistema de control se superpondrá a aquel entregado a la Contraloría General de la República, y será también un factor que contribuya a inmovilizar a las instituciones, especialmente en materias de innovación académica, asociaciones estratégicas o internacionalización. Sin embargo, el más preocupante aspecto de la nueva normativa, es que la Superintendencia no es autónoma, sino que de alguna manera radica en el Ministerio de Educación y deberá atenerse a las propias pautas ministeriales”.

Lo que la república espera

Nuestra República necesita de hombres que la piensen desde sus certezas. Y la primera certeza de una República radica en la educación. Eso lo sabían nuestros padres de la Patria, los que forjaron su asentamiento institucional, y los que han tratado de darle, a través de los tiempos, un sentido basado en lo fundamental de la significación de lo republicano para la estructuración de una idea de país.
Para construir república, necesitamos hombres con una idea de república, con una idea de educación y una nítida comprensión de civismo. Es lo que este libro expresa. Allí hay una idea de fondo que trasciende el momento en que ella ha sido formulada desde distintas perspectivas. Son perspectivas en torno a reflexiones que precisan la mirada de una sociedad y un país, con problemas a resolver, con desafíos que abordar. Son referencias que ayudan a entender lo que nos trae el tiempo futuro.
Como hombre de la polis, que asume la significación de lo público como un espacio de construcción común entre todos los chilenos, el profesor Riveros tiene mucho que decirnos en su libro “Desde mi sitial”, porque aporta sustancialidad reflexiva, claridad de ideas, y conocimiento real sobre lo que está opinando.
Cuando hay tanta vanalidad en las opiniones, y cuando la posverdad parece ser el medio para formar opinión, debemos agradecer que tengamos libros como este, que nos aportan afirmaciones ciertas y meditadas sobre lo que hay que hacer, a partir de un diagnóstico preciso.
Sabemos que este no será el último libro del profesor Riveros, pero debemos tenerlo presente de manera muy especial, porque, de manera muy concreta, nos recuerda que tenemos un tribuno moderno, intelectualmente potente, profundamente reflexivo, ponderado y de gran civismo, que tiene mucho que entregar a nuestra República. Sabemos que así será, desde cualquier desafío que asuma.

Homenaje a René Cánovas Robles al cumplir 100 años de vida


Vengo ante Uds. ha sumarme, a nombre de la Masonería Chilena, al homenaje que rinde la comunidad de Concepción a uno de sus ciudadanos, asumiendo de este modo la representación de una de las instituciones más antiguas de la Región.
Ella, la Masonería, probablemente sea la primera institución genuinamente republicana que emerge, embrionariamente, por estos confines del entonces Reino de Chile, cuando un joven llegó desde Inglaterra a inicios del siglo XIX, a hacerse cargo de la heredad de su padre, trayendo los ideales y los principios que le entregó su mentor, Francisco de Miranda, y construyó los primeros lazos que le permitieron inspirar una idea de país, bajo el impulso liberador iluminista del siglo XVIII.   
Esa institución – la Masonería - se hace presente en este tributo, para decir, que ella se funda en un conjunto de principios, que se construyen a partir de tres pilares fundamentales: la fraternidad, la tolerancia y la filantropía. Unidos por lazos de hermandad, los masones solo pueden reconocerse entre ellos en la vivencia y la práctica de tales vínculos, que aceptan, más allá de la consanguinidad, en la afirmación de una convicción que los une y los reúne, en el seno de templos consagrados a la práctica de la tolerancia y al trabajo inclaudicable, en bien de la condición humana individual y de la Humanidad.
Para esos sublimes propósitos, las primeras logias surgen historiográficamente, a mediados del siglo XIX en la entonces provincia de Concepción. Así, en 1856, el comerciante español, Enrique Pastor López, constituye en instancias la logia “Estrella del Sur”, bajo los auspicios del Gran Oriente del Perú. Poco tiempo después ella tomaría el reconocimiento del Gran Oriente de Francia, bajo el nombre de “Aurora de Chile”, para adoptar definitivamente el nombre de “Fraternidad”, al concurrir a la fundación de la Gran Logia de Chile, en mayo de 1862.
Destaco esa denominación logial porque es inseparable respecto de quien hoy es motivo de este significativo homenaje.
La Masonería la hacen sus hombres. Algunos en la sencillez de su cotidianidad laboriosa y desapercibida, otros en el bronce republicano de sus actos y de su legado, sea a la ciudad, a la región, o al país.
Hoy día estamos trabajando con el material más noble del tributo, para honrar a un ciudadano de la República, y lo hacemos a través del reconocimiento de su obrar, junto a los más significativos exponentes de su comunidad. Es lo que se merecen quienes constituyen su legado, a través de la excepción. Esto, la excepción, tanto en lo ciudadano como en lo masónico.
Porque siempre habrá aquellos que han ido más allá de las cualidades fundamentales que hacen al masón. No porque lo hayan buscado, no porque lo hayan pretendido, sino porque sus iguales lo elevan hacia la transmutación más sublime del simbolismo y las alegorías que adornan el universo masónico: ser ellos mismos un símbolo. 
En virtud de lo expuesto, no vengo, a nombre de la Gran Logia de Chile, a rendir homenaje a la longevidad maravillosa de un hombre singular. Vengo a rendir homenaje a la persistencia del masón. A aquel que, con celo reflexivo, con maduro fervor, e invariable constancia, ha hecho de su existencia una expresión testimonial irrefutable de un trabajo masónico que ha enriquecido su obrar en nuestros templos y en la cultura de estos valles, donde la Masonería ha dejado una huella indeleble, en su educación, en sus industrias, en su habitabilidad, en su civismo, en su convivencia, en su razón de ser. Vengo a rendir homenaje a quien en si mismo es un símbolo de lo que significa ser masón.
Nuestro Querido, Venerable e Ilustre Hermano René Canovas Robles está ligado desde 1948 a una logia masónica, es decir, desde hace 70 años. Y no solo ello. Desde hace 50 años es miembro honorario de ella, es decir, la mitad de su vida ha sido calificado miembro de honor de su logia madre, el más alto de los honores que puede recibir un masón dentro de su proceso iniciático. Toda su vida masónica, que corresponde al 70 % de su existir como persona, como individuo humano, ha estado ligado a la Logia “Fraternidad” N° 2, una de las cuatro logias fundadoras de la Gran Logia de Chile, poder regulador de la Masonería nacional por más de 156 años.
A ella ingresó siendo profesor ayudante de castellano, en la Universidad a la que ha estado ligado por más 74 años.
Así, podemos decir con justicia y honor, que nuestro homenajeado es el símbolo vivo de aquella cualidad que une a dos instituciones, estrechamente ligadas por historia y comunidad de propósitos superiores por casi 100 años: la Universidad de Concepción y la Masonería.
No solo eso. Hace ya 65 años, que un nuevo vínculo masónico une a nuestro homenajeado con la obra modelar en torno a los altares de la fraternidad, la tolerancia y la filantropía. En 1953, fue exaltado al Grado IV de la Masonería Filosófica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y hace 28 años que fue coronado Soberano Gran Inspector General del Grado Trigésimo Tercero del Supremo Consejo, el máximo logro iniciático que un masón de este Rito puede alcanzar, producto de su amor a la Humanidad y a los altos principios que adornan los propósitos de la Masonería.
Don René Canovas Robles, nuestro Querido Hermano, Ilustre y Poderoso en sus logros masónicos, es patrimonio vivo de la Masonería, es un símbolo vital, tangible e irrefutable, que ha hecho de la doctrina masónica una forma de vida y un ejemplo, que las nuevas generaciones de masones de las Logias de Concepción, aquilatan en la decisión de perseverar en los procesos iniciáticos que pretenden seleccionar hombres buenos para hacerlos mejores.
Mejores, como René Canovas Robles, para educar a los jóvenes, en torno a principios éticos fundamentales.  Mejores, como René Canovas Robles, para perseverar en el bien como un objetivo fundamental de la existencia humana. Mejores, como René Canovas Robles, para inducir a las nuevas generaciones hacia el servicio a los demás, opción de vida que permite la realización humana, lejos del egoísmo, de las desigualdades, de las injusticias y del abuso.

Querido Hermano René Canovas Robles, la Masonería te rinde el tributo público que te mereces, porque nos has prestigiado, y porque demuestras con tu preciado legado docente y de propósitos de vida, a todos los masones de los valles de la Región, que has conducido tus pasos con la regularidad del compás.

sábado, 13 de octubre de 2018

Acta de relación y cooperación con logias femeninas


Para algunos que no conocen de la Masonería y su desarrollo histórico, ha resultado un hecho extraordinario que se haya firmado un acta de relación y cooperación entre la Gran Logia de Chile (masculina) y la Gran Logia Femenina de Chile (femenina). Sin embargo, es algo natural, que responde a una historia común, en torno a los altos principios que ambas organizaciones en Chile sostienen en el ámbito de su respectiva historia y su tradición.
La Masonería es, por esencia, una institución que recoge el progreso humano y la evolución que la Humanidad experimenta, en su proceso de cambios producto del aseguramiento de los derechos humanos y los avances en términos de la superación de la ignorancia y el error, y de los resabios arcaicos que condicionan la realización de la condición humana.
No es novedad que la Masonería asuma desafíos, en todos los planos de los derechos fundamentales, incluso en el acceso al sublime derecho a la Iniciación. Prueba irrefutable de ello, es que una organización masónica tan tradicional como lo es la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE), madre de la Masonería que practicamos, asumiera el 10 de marzo de 1999, la validez de las grandes logias de mujeres en el ámbito de su independencia, lo que es refrendado actualmente en su página web, donde expresa taxativamente que la UGLE siempre ha estado formada por hombres, y que las mujeres masonas tienen dos grandes logias separadas en sus prácticas e institucionalidad, a las cuales las mujeres pueden remitirse: la Honorable Fraternidad de Antiguas Francmasonas (HFAF) y la Orden de Mujeres Francmasonas (OWF).
La preocupación por la mujer y su derecho a la iniciación, está en la historia de la Gran Logia de Chile, en forma patente. Fue uno de los puntos de debate en su segundo Convento Nacional (1942), lo que llevó 25 años después, al Gran Maestro Sotero del Río Gundián, a promover acciones concretas para estimular la iniciación femenina, en forma autónoma y en su exclusivo género.
De allí que muchos masones de la Gran Logia de Chile, pudieron colaborar de manera significativa en el desarrollo de logias de la Gran Logia Femenina de Chile, sin jamás participar en sus reuniones sometidas a ritual, entendiendo que las virtudes de la iniciación se alcanzan en la naturaleza específica de cada género.
Resaltó en ese proceso un masón de enorme humanismo y que ha dignificado a la Gran Logia de Chile, el muy querido hermano Mauricio Sommariva, quien realizó un trabajo digno de encomio en apoyo de la consolidación material de la GLFCH, en su actual sede central.
Esa relación de miembros de la GLCH con logias de mujeres, construida desde la autonomía y el respeto iniciático a la naturaleza de género que cada institución expresa, ha sido un basamento fundamental para que se haya firmado un acta de relación y cooperación entre ambas organizaciones masónicas, que, entre otros considerandos, expresa: “La Gran Logia de Chile y la Gran Logia Femenina de Chile, en el contexto de sus desarrollos institucionales, reconocen sus diferentes orígenes y las circunstancias específicas de desarrollo histórico e institucional. Ello obliga a establecer las salvaguardas y prohibiciones que impiden una participación común en el ámbito ceremonial, dado el carácter masculino de una y femenina de la otra”. 
Manifiesta también que “La Gran Logia de Chile y la Gran Logia Femenina de Chile expresan que sus trabajos se realizan a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, que sus iniciados realizan sus juramentos y obligaciones ante la Escuadra y el Compás y el Volumen de la Ley Sagrada, y que ejercen su absoluta autoridad sobre los Grados de Aprendiz, Compañeros y Maestros, en las Logias de su Obediencia”.
Más adelante se señala, de modo concreto e inequívoco, que acuerdan “Sostener relaciones de cooperación en favor de los Altos Principios que sostienen, y realizar actividades comunes de filantropía y protección de los derechos individuales consagrados por las leyes del país, respetándose en su autonomía y singularidad, y sin intervenir en circunstancia alguna en los trabajos propiamente masónicos de la otra parte”.
Queda así preservada de manera irrefutable, la institucionalidad independiente de cada poder masónico concurrente al acta citada, lo que permite homologar – en el caso de la Gran Logia de Chile - la conducta que nos precede por 19 años, y que es absolutamente coherente con el aseguramiento de los derechos a la Iniciación de mujeres y hombres, en el marco de la Tradición y de los Antiguos Usos de la Fraternidad.

viernes, 12 de octubre de 2018

Homenaje al Día del Libre Pensamiento 2018



Hace 6 años, un grupo de organizaciones, muchas de ellas con fuerte inspiración en los principios masónicos, reunidos en el II Congreso de Libre Pensamiento en Mar del Plata, resolvió y promovió establecer el 20 de septiembre de cada año, como el Día Internacional del Libre Pensamiento, a fin de poner en el interés de las sociedades la necesaria valoración fundamental de la libertad de conciencia, como la base a partir de la cual se construyen todos los derechos fundamentales de la condición humana.
Esta iniciativa ha ido ganando progresiva trascendencia y apoyos múltiples, desde distintas personas y grupos, y luego desde países, especialmente en aquellos en que cotidianamente las personas deben vivir la conculcación de derechos fundamentales, tales como el derecho de opinión y el derecho a la libre difusión de las ideas.
Quienes hemos estado permanentemente en la promoción de la libertad de conciencia nos congratulamos de la comprensión y prestigio que este día tiene para crecientes comunidades y grupos de interés. Como masones nos adherimos siempre a todo lo que garantice el libre pensamiento y el derecho a exponer las ideas de cada cual, sin más límite que los derechos humanos de todos.
Es relevante porque, permanentemente, diversas circunstancias y episodios que ocurren cotidianamente en el tiempo que nos toca vivir, señalan la necesidad que poner al libre pensamiento en la agenda constructiva de las sociedades contemporáneas, incluso en aquellas en que es una práctica es habitual, porque muchos aprovechan las garantías al libre pensamiento, precisamente, para promover ideas y conductas que buscan en realidad condicionarlo o sojuzgarlo.
La presión ejercida por visiones deterministas, que buscan el tutelaje espiritual de las personas y la hegemonía de las sociedades, es constante, y no han cambiado las pretensiones de muchos, que los llevan hacia manifestaciones de poder que afectan profundamente la libertad y los derechos de conciencia.
En muchas partes del mundo proyectos totalizantes y dogmáticos buscan imponerse por diversos medios, a partir de verdades absolutas, y no son pocos los países sometidos a violentas conmociones, como consecuencia de la politización de los dogmas y la asociación de los poderosos con jerarquías que tratan de imponer tales dogmas a toda la sociedad. Como producto de ello, hay muchas sociedades sometidas a tensiones y conflictos que afectan profundamente a la democracia y la hacen vulnerable institucionalmente, conculcando su ejercicio o lisa y llanamente, impidiéndola.

Nuestro país no está al margen de estas amenazas. A pesar de la fuerte secularización que advertimos en la realidad social, hay grupos de interés que promueven permanentes acciones que persiguen imponer sus particulares sesgos dogmáticos a toda la sociedad, afectando los procesos que ocurren dentro de los debates democráticos, y aprovechando la democracia para socavarla en su esencia.
No solo eso. También se busca imponer la posverdad para que determinados prejuicios y falacias coarten o frustren seriamente políticas públicas de salud o de educación.
Así, la reivindicación del libre pensamiento, a través de este día, tiene, por lo tanto, un fundamento irrefutable. Implica poner el acento en la necesidad de defender la esencia de la democracia y las libertades políticas. A través de la defensa del libre pensamiento defendemos también la ciencia, los derechos humanos, la dignidad de la persona humana, el pluralismo y la diversidad, la tolerancia. A través del libre pensamiento, los masones construimos también una ética de fraternidad.
Es la defensa y promoción del libre pensamiento nuestra afirmación en torno a todo aquello que hace posible la libertad de conciencia, esto es, la libertad de pensar y de decir lo que se piensa, y llevar una vida personal de acuerdo a las convicciones morales de cada cual.
En síntesis, la defensa y promoción del libre pensamiento tiene que ver con afirmación en favor de la autodeterminación de las personas, del individuo humano, único e irrepetible.
Es nuestra defensa y promoción del derecho personal a creer en lo que cada cual prefiera, y practicar tales creencias, bajo la garantía de la ley y la convención social.  Es el derecho de cada cual, también, a no tener dogmas o creencias, según lo indiquen sus personales convicciones.
Sabemos perfectamente que ninguna de las libertades que hoy gozan las sociedades modernas, consagradas por las convenciones internacionales establecidas por la Humanidad en los últimos 100 años, es posible sin el libre pensamiento.
Sin embargo, son aún pocas las sociedades que pueden expresar con certeza el imperio del libre pensamiento en su desenvolvimiento cotidiano. Una enorme mayoría, en general, tienen problemas que hablan de comprobaciones que van precisamente en sentido inverso al avance esperado por las sociedades y por más comprometidos con la libertad.
Más allá de esas manifestaciones negativas debemos persistir en que, contra el interés de los dogmas, que buscan imponer su visión y sus objetivos particulares sobre la sociedad toda, el libre pensamiento posibilita a los hombres y mujeres un espacio valioso para hacer efectivo el ideal humano de la autodeterminación personal, a través de medios humanos. Esto sobre la base de que el libre pensamiento no es una doctrina, sino un método, es decir una manera de conducir el pensamiento y, a partir de allí, desarrollar las acciones que garanticen las garantías para la vida individual y social.
Es un método que no se funda en la afirmación de ciertas verdades particulares de alcance absoluto, sino en un compromiso general de buscar la verdad con los recursos naturales del espíritu humano y con las únicas luces de la razón y de la experiencia.
Es un método de la razón y la experiencia que no puede cumplir su meta si no se  realiza socialmente el ideal humano. Es un método que debe buscar la existencia de un régimen o sistema político en el cual ningún ser humano podrá ser sacrificado o desatendido por la sociedad. Un régimen o sistema donde nadie puede quedar expuesto, directamente o indirectamente, a la imposibilidad práctica de ejercer todos sus derechos de ser humano y de cumplir a conciencia todos sus deberes que colectivamente le corresponden.
Ello tiene una traducción en el necesario carácter de los Estados contemporáneos, que son objetivos permanentes de la conducta de las jerarquías dogmáticas, que persisten en dar continuidad a su hegemonía sobre los asuntos políticos y sociales, en alianza con estructuras de poder políticas y económicas que terminan siempre imponiendo la opresión o sus arbitrariedades.
De allí la vigencia de la reivindicación del libre pensamiento, que viene a proponer a nuestro tiempo, la necesidad de erradicar los determinismos entronizados en las estructuras del Estado, del mercado y de la sociedad civil, a fin de asegurar sociedades más libres y más democráticas, bajo el imperio de la libertad de conciencia.

 Hemos venido al pie de este monumento erigido a uno de los paradigmas del libre pensamiento chileno: Francisco Bilbao Barquín. Fue su pensamiento y acción lo que permitió levantar nuevamente las banderas de la libertad, cuando ellas había sido declinadas por la restauración de todo aquello que había fundado el poder colonial, gracias al régimen conservador llamado “pelucón”.
Cuando el espíritu de la libertad, que habían promovido los padres de la patria, bajo la inspiración emancipadora del Siglo de las Luces, había sucumbido ante el poder de las costumbres y las conspiraciones conservadoras, imponiendo un sistema político tutelar de las conciencias, la voz de Francisco Bilbao se alzó para llamar a trabajar por un nuevo tiempo, una nueva época, caracterizada por la libertad del pensamiento.
Lo hizo no solo para reclamar contra los que sostenían un estado de cosas basado en los intereses del poder vinculados a los dogmas y contra el dogmatismo mismo, sino para denunciar los resabios de una sociedad fundada en las heredades del colonialismo y del poder dogmático, y que, como lo señaló claramente, afectaba la libertad y los derechos de hombres y mujeres.
Su diagnóstico, especialmente expresado en su obra “Sociabilidad Chilena”, sigue siendo fundacional para entender e interpretar el estado de cosas de Chile, en aquella medianía del siglo XIX. Sin duda, lo que Bilbao hizo de manera tan preclara, fue retomar la crítica hacia lo fundacional del sistema colonial, que 40 años antes sostuviera la generación emancipadora que dio a Chile su cualidad de república.
A los pies de su estatua, en este lugar de tanta representación simbólica, frente al monumento a la Gran Logia de Chile, y a la casa masónica que simboliza la tradición librepensadora chilena, de más de un siglo y medio, heredera de moral de Bilbao, lo que venimos a expresar es nuestra renovación del vínculo que une indivisiblemente a la Masonería con la reivindicación y promoción del libre pensamiento.
Venimos a hacerlo con sencillez y decisión, a expresar simbólicamente que seguimos trabajando por aquello que permite erigir altares a lo fundamental de la condición humana: su libertad de conciencia, y su derecho a determinar su vida según sus convicciones.
Venimos a expresar que todo ordenamiento social se justifica y se prestigia, en la medida que esté siempre conducido por un sistema político donde el Estado y sus instituciones estén libres de predominios o compromisos con determinado orden de ideas u opción de conciencia en particular.
En lo particular a Chile, solo en la medida que el Estado asuma, a través de todas sus instituciones, la condición de laicidad, será posible que nuestra sociedad y nuestra república estén garantizadas en las cualidades efectivas de inclusión e igualdad, poniendo fin a los determinismos hegemonistas que condicionan la libertad de conciencia.

Sin duda, hay muchos factores que hoy condicionan la laicidad y el libre pensamiento. Las tareas son muchas, y seguimos trabajando en torno a los ideales que promovieron los Padres de la Patria y Francisco Bilbao. Sabemos que las instituciones del Estado aún deben superar resabios y restauraciones que siguen vigentes. Aún los derechos de la Mujer tienen objetivos pendientes, como lo señalara Mónica Rodríguez, en representación de la AILP.
Sin embargo, hoy, en este día de valoración del libre pensar como un derecho humano fundamental, no podemos dejar de expresar nuestra preocupación por la educación chilena, aspecto fundamental de la acción pública que sigue siendo el campo de acción privilegiado de la acción dogmática.
Aún hay sesgos que siguen expresando una mirada de hegemonía que nos parece fundamental superar, por las consecuencias que ello trae para la forma como se educan a los niños. En ese contexto, nos parece – como librepensadores – que el decreto 924 del año 1984, del tiempo de la dictadura, que impuso la obligación de tener clases de religión a todos los colegios, constituye una medida arbitraria que afecta a muchos proyectos educacionales y que no expresa con eficacia la laicidad del Estado, cuando este educa a través de la educación pública.
Nos parece también una grave deficiencia que no haya una adecuada educación sexual en las escuelas, sobre todo cuando advertimos que hoy, entre los jóvenes mayores de 15 años aumenta el SIDA.
Nos preocupa también, en los procesos educativos, la reducción de horas de materias científicas y filosóficas, ya que ello produce un grave efecto en la comprensión libre pensadora de las conciencias en formación.

A los pies de este monumento recordatorio a Francisco Bilbao, manifestamos nuestro compromiso de seguir trabajando, como librepensadores chilenos, por los propósitos superiores en favor de los derechos de conciencia, y por la libertad para actuar por ellos en consecuencia, a través de los cuales podemos construir una sociedad mejor, en diversidad y en favor de la realización plena de la condición humana.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mensaje Republicano de Instalación




Intervención en acto en el Congreso Nacional 
Valparaíso 29 de julio de 2018


Hace poco más de doce horas, hemos asumido la Gran Maestría de la Gran Logia de Chile, en cumplimiento del mandato que nos ha entregado su Asamblea hace tres meses. Ante la presencia de los representantes de la Masonería chilena y de la Masonería sudamericana, se ha cumplido así la Instalación del nuevo Gobierno Superior de las Logias de la Obediencia de la Gran Logia de Chile.
En virtud de ello, hemos venido a Valparaíso, cuna de la Gran Logia de Chile, para hacer las primeras expresiones públicas como Gran Maestro y en representación del nuevo gobierno institucional, y de modo especial hemos venido a este Salón de Honor, que expresa simbólicamente la voluntad del pueblo en la institucionalidad de la República.
Quiero saludar distinguidamente a quienes integran la testera de este Salón de Honor, y mi saludo fraterno es para la Querida Hermana Carmen Mardones Hauser, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Chile, organización con la cual compartimos los mismos objetivos en bien de la Humanidad. De manera muy significativa, saludo a Evelyn Augsberger Bachmann, Presidenta Nacional de la Asociación Nacional de Mujeres Laicas, que han representado nuestro orgullo en el trabajo en favor de la dignificación de la mujer y los derechos femeninos por 73 años, con tesón y dedicación, a pesar de la invisibilización que muchos intencionadamente han tratado de imponerle. Saludo fraternalmente a Jean Pierre Mieres, presidente de la Fraternidad Juvenil Alfa Pi Épsilon, organización hermana en propósitos superiores y en la construcción de una ética política y social, necesaria para asegurar el futuro. Saludo por último a mi maestro, amigo y hermano, Álvaro Pulgar Gallardo, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo, personificación de los ideales superiores que deben adornar al masón, y a quien la vida me ha permitido tenerlo en este momento y en este lugar.
Quiero agradecer también a las autoridades del Congreso Nacional, al Presidente del Senado, senador Carlos Montes Cisternas, y a la Presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández Allende, la oportunidad de reunirnos en este lugar de tanta importancia republicana, y que nos acoge, como lo hiciera hace seis años, cuando la Gran Logia de Chile celebraba 150 años de historia, y este Salón de Honor se convirtió por varias horas en un Templo masónico.

La República

Desde los primeros años de nuestra República, el Congreso Nacional ha sido la instancia que recoge la representación del pueblo, para analizar y resolver los asuntos políticos que tienen impacto en cada uno de los chilenos y, por lo tanto, para el destino de la República.
Es significativamente estimulante para un Gran Maestro poder disponer de esta tribuna, para dirigirse a nuestra comunidad republicana, a fin de exponer los aspectos fundamentales de sus objetivos que tocan con la realidad social y política, como consecuencia de la labor sistemática y permanente que hacen los masones, en función de todo lo que importe y aporte progreso y realización humana para la gente, para el país y su siempre deseado venturoso destino.
Es que la Masonería chilena es inseparable de la República.
Su primera tarea institucional descansa en sus logias, las que deben preparar a sus miembros para que observen una conducta moral y ética intachable en sus diferentes desempeños personales, para así mejorar y elevar el comportamiento de los miembros del grupo social en el cual conviven y con quienes se relacionan en las comunidades de la cual son parte.
Sobre ese fundamento, como muy pocas instituciones y movimientos de conciencia, que promueven principios fundamentales de ordenamiento social y moral, la Masonería chilena está ligada intrínsecamente a la formación y desarrollo de la República, tanto en su construcción institucional como en su implementación conceptual, cuestión inseparable del sentido y propósito que muchos hombres, iniciados en nuestras prácticas y doctrinas, han contribuido a imponer, desde el ámbito del derecho, de las ideas y del servicio público, a partir de su fidelidad con nuestra doctrina masónica.
De hecho, en cada etapa en que la República volvió sobre sus fueros, luego de procesos en que hubo retrocesos históricos, bajo la sombra oscura de las restauraciones de antiguas y arcaicas comprensiones y procesos históricos basados en el despotismo o el autoritarismo, en la Masonería ha estado viva la proto-república que nos hizo como país y nos dio un espacio entre los demás pueblos del mundo.
De manera determinante, la opción republicana de la emancipación y su reafirmación en el siglo XIX, bajo la impronta de las ideas liberales, son inseparables de la patriótica contribución aportada por los masones, para hacer de Chile un país bajo el carácter y la impronta de la República, expresado en un Estado capaz de conducir los intereses de toda la sociedad, hacia el bienestar, el aseguramiento de los derechos y la legalidad, superando los dogmas, los determinismos, las costumbres defendidas por intereses de círculos privilegiados.
Cuando muchos creían que el Derecho emanaba de determinismos naturales o definidos por la heredad, fueron los masones los que promovieron que solo podía provenir de la razón, esto es, de la capacidad del consenso y el diálogo civil, que se construye a partir del debate político y la delimitación de los poderes del Estado, en tres instancias claramente definidas en sus funciones: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial.
Conceptos como patriotismo, civismo y progreso nacional, no son sino consecuencia de los aportes a los debates republicanos, que masones insignes introdujeron en la comprensión intelectiva de la comunidad nacional y en las élites dirigentes. Ello, generalmente, para superar las visiones dogmáticas, tutelares, arcaicas y paternalistas, impuestas por los resabios de los tiempos pasados, construidas en torno a visiones de conciencia herederas del absolutismo y las reminiscencias anteriores al Siglo de las Luces, tiempo de la historia humana cuando surgen las ideas emancipadoras de las conciencias y como expresión de ellas, la Masonería.
Por eso, es la Masonería la que emprendió en nuestro país la reivindicación de la libertad de conciencia y la ética del acceso al conocimiento, precisamente para que los chilenos pudieran ser artífices de una organización social basada en la conciencia de lo personal y de lo público, a partir del libre discernimiento, en un espacio social en que todos tenemos un lugar para contribuir con nuestros deberes, pero también para ejercer derechos inalienables.
Es a partir de ese esfuerzo, que la Masonería impone en la reflexión social y en las clases dirigentes, el objetivo ineludible de la tolerancia. Es la Masonería la que puso ese concepto fundamental de convivencia, y es la que sigue, incesantemente, formando a sus hombres en la convicción profunda de ese objetivo moral y político, para que ellos lo lleven a todos los planos del hacer y el quehacer social.
Fruto de ello es que la laicidad y el Estado laico pasaron a ser una necesidad política para el aseguramiento del propósito republicano, que la Masonería ha venido propugnando por ya más de siglo y medio.
Fueron masones los que promovieron que todos los ciudadanos, para ejercer sus derechos y deberes, debían acceder al conocimiento, para esclarecer sus conciencias y prepararse para servir mejor al propósito común. Así fue como la Masonería se dedicó con fuerza a desarrollar el concepto de educación pública, la que pasó, bajo su impulso, a ser la más fundamental misión del Estado. Sin los masones no habría habido Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, piedra fundamental sobre la cual se construyó uno de los sistemas de educación más sólidamente eficaces de América Latina. Significativos masones dieron forma no solo a una vasta política educacional, sino también a una comprensión que involucraba contenidos, conocimientos y formación cívica, y que, al paso de las décadas, el dogmatismo se encargaría de degradar
También cuando se comprobó que había enormes retrasos sociales y que la pobreza, la miseria, la ignorancia, la carencia de derechos y las lacras sociales, condicionaban a una parte significativa de la población, los masones abrieron el debate de la llamada “cuestión social”, que significó que aparecieran las primeras leyes en favor del trabajador y la protección social. Nuestros predecesores están en cada una de las leyes sociales de hace poco menos de un siglo y en todos los procesos de profundización que se dieron posteriormente.
Cuando hubo conciencia del retraso de la mujer hace más 100 años, fueron masones los que plantearon la necesidad de los cambios legislativos y exaltaron los protagonismos de las mujeres que impulsaron el feminismo. Fueron masones los que impulsaron el derecho a voto de la mujer, cuando otras corrientes de conciencia lo consideraban ocioso. Han sido masones los que dieron los impulsos necesarios para que dos organizaciones de mujeres, las únicas actualmente con despliegue efectivamente en todo el territorio nacional, existan desde hace décadas: la Asociación Nacional de Mujeres Laicas – a través de los Centros Femeninos – y la Gran Logia Femenina de Chile, promoviendo los valores y derechos de la última gran revolución social igualitaria: la de los derechos femeninos.
Bajo el impulso de la Masonería se desarrolló la difusión de los derechos humanos, en Chile y América Latina, a partir de su proclamación universal en 1948, cuando muchos fueron indiferentes y miraban con distancia ese enorme progreso de la Humanidad.
Bajo la acción masónica se desarrolló el vasto proyecto que tuvo en la Corporación de Fomento de la Producción, un potente esfuerzo para industrializar al país, institución tan necesaria hoy para resolver las angustias provenientes de una economía que ha vuelto a ser mono-productora y voluble a las eventualidades del mercado a nivel mundial.
Hay tantos hitos, que sería largo de enumerar, donde los masones como expresión de una corriente de conciencia fundada en el humanismo, fueron decisivos para su realización y establecimiento, siempre pensando en la República como un espacio de todos, y de inclusión de los chilenos, más allá de su origen, condición social, convicciones de conciencia o cualquier factor de diferenciación.
Es que la Masonería, por esencia, es la República Simbólica, ideal en un plano de conceptos, que todo masón quiere llevar a la práxis social, como una expresión tangible de la convivencia en la diversidad, donde todos son iguales ante la ley, todos iguales en derechos, todos iguales en deberes. Donde todos son respetados en su condición humana, más allá de sus particulares ideas, de su proveniencia social, de sus éxitos o fracasos en la maravillosa aventura de la vida.  Esa República Simbólica que se expresa en el deseo universal del imperio de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

La República hoy

Por todo lo anterior, siempre a los francmasones chilenos nos ha preocupado el curso que tiene nuestra República, el espacio de todos. Y a quienes quieran escucharnos estaremos dispuestos a entregarles nuestras opiniones, motivaciones y tal vez consejos, en una sincera voluntad de colaborar para construir una comprensión común republicana, que recupere definitivamente las bases fundacionales de lo que se entiende como tal.
Más aún cuando, debido a circunstancias coyunturales, hay quienes cometen el error de creer que lo republicano es solo un formulismo relacional de lo político en los ámbitos institucionales. Ciertamente deberemos compartirles con más fuerza nuestra comprensión esencial: lo fundante de la República es la radicación del poder en la soberanía del pueblo y una institucionalidad capaz de comprendernos a todos.
Bien sabemos que, por circunstancias históricas, se han producido muchas veces en nuestra historia, propensiones favorables a la sustitución de esa definición republicana, por otras que solo producen vaguedades políticas o derechamente formas de soslayar la voluntad popular, y las formas en que ellas se expresan más allá de cierto dato eleccionario. Lo que preocupa también, es que, cada cierto tiempo, escuchamos a algún liderazgo político, sea cual sea su nivel o trascendencia, expresar su hastío por los roles institucionales que determinan la República.
Cuando estamos reunidos en este lugar donde funciona el Congreso Nacional, por mandato de la soberanía popular, destinado a equilibrar el poder de quien gobierna, también por mandato popular, señalamos nuestra aspiración de que, nuestras clases dirigentes elegidas por la voluntad del pueblo, recuerden siempre que cuando ejercen labores de mandatarios de la soberanía popular, deben ser fieles al mandato recibido, y que deben interpretar en la debida forma lo que la gente desea y a lo que aspira, y es bueno cuando no se enredan en sus propias convicciones personales o los intereses de pequeños grupos de interés, para sobreponerse a lo que sus electores más desean o demandan.
Recomendamos que siempre haya fidelidad al interés del pueblo, y que no se olvide que la República es efectivamente el lugar de todos; que no impere la obsesión por imponer la hegemonía de determinadas opciones de conciencia en el aparato del Estado, o determinada comprensión particular de las cosas, que impide que haya efectivamente integración en los grandes propósitos que a todos nos animan.
Nada hay más dañino para la República que las aspiraciones y las conductas hegemónicas, que siempre terminan debilitando la institucionalidad y la pluralidad que permite la vida en común, en paz y verdadera convivencia. De todas las hegemonías, aquella que nace de determinadas corrientes de conciencia y morales con comprensiones absolutas, siempre será la más perniciosa para la República y la democracia.
A propósito de ello, nos preocupa cuando hay nombramientos en instancias del Estado que deben expresar la diversidad de conciencia, y ese aconsejable camino no es recorrido; más aún cuando hay periodos en que los equilibrios en las miradas de la construcción moral no se encuentran debidamente establecidos dentro de los poderes del Estado. Cuando hay ciertos desequilibrios es cuando más esfuerzos debemos hacer para que las formas sean mucho más prudentes e integradoras.
Por eso, la división del Estado en tres poderes absolutamente definidos en sus funciones viene a ser una cuestión para establecer una efectiva comprensión de lo republicano. Nos induce a la preocupación, en virtud de ello, cuando, por cuestiones hegemónicas y temporales, por simples necesidades tácticas del juego político, las prerrogativas de un poder interfieren en el otro, debilitando precisamente las fortalezas de cada poder en su necesaria autonomía y en el rol superior que cada uno de ellos debe cumplir en nuestra institucionalidad como país.
Se puede sostener muchas veces que hay prerrogativas legales, pero la buena política siempre considerará lo que es prudente hacer, cuando lo que está en juego es la forma en que consolidamos bases para procesos políticos perdurables, capaces de fortalecer y apreciar la institucionalidad republicana.
En ese marco de reflexiones, sigue siendo necesario pensar como República, en torno a la laicidad como un factor determinante en su institucionalidad. Al hablar de laicidad nos estamos refiriendo a una condición cualitativa de alcance pleno, en lo que significa la aconfesionalidad del Estado, sus personeros e instituciones. Sus personeros, desde luego, cuando ejercen actos institucionales como agentes o representantes del Estado.
Los chilenos de hoy en su gran mayoría se han secularizado, producto de los cambios culturales que la globalización ha traído para bien, a nuestras comprensiones sobre la convivencia en diversidad y el abordaje de problemas que tienen que ver con la intimidad personal y el verdadero ejercicio de la libertad de conciencia.
Cierto determinismo, cierto paternalismo, cierta desconfianza en el ejercicio de la libertad de conciencia, cierta mirada exclusivista, hace que algunas comprensiones sesgadas, a veces se pretendan imponer a todos, simplemente porque se tiene poder para imponer las comprensiones personales por sobre la diversidad que se expresa en lo colectivo.
Da la sensación de que, en una parte de nuestras clases dirigentes, aún falta una mirada más tolerante, menos prejuiciada y tal vez menos dogmática, que se acerque a aquella percepción sobre las cuestiones que atañen directamente a los derechos individuales, con la cual los hombres y mujeres de nuestro país se levantan cada mañana, a realizar sus obligaciones cotidianas en bien del país y su progreso material y espiritual.
No cabe duda de que nuestra sociedad tendría un estado de ánimo distinto si muchos de nuestros líderes políticos o sociales se despojaran del paternalismo y de concepciones que solo tienen que ver con sus particulares decisiones de conciencia, en lo que atañe directamente con sus vidas, y dejar que los derechos a la autodeterminación personal sean efectivamente tales, y que garanticen que las personas se hagan cargo de sí mismas, con sus errores y aciertos, asumiendo en plenitud  el desafío único e irrepetible que implica la posibilidad maravillosa de vivir y ser feliz.

La convivencia social

Todo lo que la Masonería hace, en sus procesos formadores e iniciáticos, está orientado a la necesidad de preparar a sus miembros para el buen vivir y el buen convivir. Si nuestro trabajo es fundamentalmente ético y somos una escuela de moral, es para que quienes reciben la Luz de la Iniciación trabajen en su perfeccionamiento individual, para ser mejores individuos, mejores personas, que aporten a la sociedad la práctica de los valores, en una manifestación virtuosa.
Por eso valoramos tan significativamente conceptos como la ciudadanía, el civismo, las buenas costumbres, la asociatividad en los desafíos sociales, el trato fraterno, el respeto a la condición humana, el diálogo, el consenso social.
No deja de asombrarnos y preocuparnos, el nivel de exacerbación de las pasiones que muestra la sociedad chilena, y la degradación del respeto a las instituciones, que contribuyen a ordenar y conducir la vida social, cuando no a protegerla o darle las herramientas necesarias para que las personas crezcan en dignidad y respeto. Los errores de algunos no deben jamás llevar a la generalización, porque, cuando se implanta esa forma de abordar las responsabilidades, todo termina conduciendo a la discriminación, a la injusticia y a la segregación.
En el tiempo actual, sin que sea su exclusiva característica, se ha perdido la ecuanimidad y la capacidad de evaluación objetiva, y todo tiende a ser llevado al plano de la subjetividad y la más simple emocionalidad. Con facilidad se moteja, se destruye o se descalifica. La opinión fácil y precipitada campea en cualquier espacio de opinión, y el rigor de lo justo se manipula según los intereses personalísimos de cada cual. Generalmente el debate, en cualquier plano, se conduce a través de la descalificación y no de la capacidad de dialogar e intercambiar ideas con objetivos comunes y constructivos.
Ello ha ido produciendo una erosión en la disciplina social, que se manifiesta con crudeza en la calle, en los espacios públicos, y en todas las instancias en que compartimos el vivir y el convivir.
Tenemos la tarea y la disposición de colaborar para que nuestras élites hagan una labor significativamente docente, para valorar y valorarnos en el proceso de construcción social, y hacer de la capacidad de diálogo y el respeto a las personas y a las instituciones una manifestación cierta de nuestras capacidades colectivas de convivencia y racionalidad.
Creo, en lo personal, que ha llegado el momento de construir diálogos generosos y potentes, y para ello nuestras élites políticas, empresariales, académicas, intelectuales, corporativas y sociales, deben hacer un gran esfuerzo para ayudar a educar a nuestra sociedad en la convivencia, en el respeto entre todos, y en la capacidad de convocar a partir de lo que nos une y nos permite abordar de consuno los desafíos como país y sociedad.

El trabajo

Relacionado con los debates republicanos que deben expresarse en el tiempo actual, quiero referirme en este acto a un aspecto que debe ser asumido con profunda preocupación por los poderes de la República, puesto que está afectando el presente y el futuro de los chilenos. No se trata de algo que esté en la simple coyuntura y en el abordar políticas de corto plazo, sino que se vincula con una cuestión definitivamente estructural y que los chilenos debemos observar con mucha atención
Se trata del derecho al trabajo, y cuando hablo del trabajo me refiero a aquel que está señalado por normativas nacionales e internacionales, es decir, que está bajo el imperio de leyes nacionales y las convenciones internacionales.
La Masonería considera el trabajo como la más sublime capacidad humana, a partir de la cual hombres y mujeres construyen y se construyen. Los hombres y mujeres, a través del trabajo, cambian la historia humana, la historia de sus comunidades y su propia historia. Es el trabajo el que permite el acceso a la dignidad humana, a la realización individual, a la realización colectiva.
A través del trabajo, los menos tocados por la fortuna, pueden construir un futuro para sus hijos, entregarles educación, emanciparse de la pobreza, y aspirar a la recompensa de una vida digna en la vejez.
Desde una mirada esencialmente fundada en nuestros principios y valores, como masones, lejos de cualquier connotación de política contingente, vemos con preocupación la creciente amenaza al acceso y mantención del trabajo legal, y en consecuencia la precarización del trabajo digno.
Pareciera que la economía del siglo 21, avanza a tener dos mundos en la realidad del trabajo y las oportunidades laborales. Uno, de personas exitosas y calificadas, con el goce de un trabajo legal, con oportunidades de estabilidad e incluso de cambiarlo para tener mejor recompensa y mejores ventajas; y el otro, de personas al margen de las oportunidades, buscando transitorios empleos, casuísticos, ilegales, carentes de previsión en la salud y al margen de capitalización para el retiro en la vejez.
Nuestro país está mostrando un creciente porcentaje de trabajo precario, engañando las cifras de empleo, y engañando la percepción de que los empleos que se crean son lo suficientemente dignos para que las personas puedan aspirar a salir de la pobreza.
Sin pretender una polémica, ya que no estamos refiriéndonos a debates recientes frente a propuestas gubernamentales, las que respetamos, creemos que hay que sincerar las estadísticas para poder tener un cuadro real de lo que significa el empleo legal y, de manera equidistante, el trabajo precario, ya que los índices de empleabilidad que, a veces producen cierta gratificación, consideran que son personas con trabajo los que al menos dedicaron una hora a la semana, a actividades productivas o de servicios, a cambio de una remuneración o ingreso monetario.
Es necesario analizar con sinceridad lo que parece ser una tendencia de sospechadas consecuencias, donde el Estado tendrá que tomar decisiones en los próximos años, sobre todo cuando deba garantizar derechos fundamentales, a partir de recursos que cada vez serán más difíciles de disponer, producto también de factores de mercado que evaden crecientemente las obligaciones tributarias.
A ello se suma la creciente penetración de sistemas automatizados y robotizados, que aumentarán el desempleo, dadas sus ventajas en la optimización de los procesos y en el aseguramiento de ganancias. Esto lo estamos percibiendo como un hecho concreto y la tendencia aumentará exponencialmente en la próxima década. Aquello que suponíamos como algo un tanto remoto, hace 20 0 30 años, hoy ya comienza a ser una realidad que acelerará la tendencia en la próxima década.
Debemos abrir como comunidad nacional un debate sobre el trabajo legal, en su protección y aseguramientos, en la tendencia de que los procesos que están precarizándolo parecen avanzar hacia mayores amenazas y, lo que es peor, pueden avanzar hacia irreversibles consecuencias para las personas, sobre todo para quienes ya han sido marginadas de las oportunidades y solo les queda el trabajo ilegal e incluso aquel de tipo delictivo.
Esto tiene que ver con cómo concebimos a nuestro país a futuro, con cómo nos planteamos efectivamente en la idea del desarrollo, y si tenemos voluntad para hacer que la Patria sea lo suficientemente inclusiva, tal como lo desean nuestros gobernantes y nuestros representantes que aquí trabajan por mandato del pueblo.
No dudaremos en aportar nuestra reflexión en cualquier debate que se produzca en la esfera republicana, sobre el particular, y con todos los sectores que son determinantes para asegurar una estrategia de país para el trabajo bajo el imperio de la ley, protegiendo los derechos y convenciones establecidas internacionalmente, y que Chile ha suscrito desde hace ya casi cien años.

La contingencia

No debemos ignorar que tal vez estemos entrando en un peligroso ciclo en la economía mundial y en los mercados. Ello a propósito de decisiones en las cuales nuestro país no tiene posibilidades de influir. La guerra económica entre Estados Unidos y China, que ha dado sus primeros indicios, ha generado un ambiente de incertidumbre que afectará sin duda a todas las naciones, especialmente, a países que dependen de la producción de materias primas. La preocupación ronda por todas las clases dirigentes de nuestro país.
Una crisis significativa requerirá de mucha capacidad para establecer acuerdos nacionales, si no queremos que nuestro país pase a ser uno más de los que cotidianamente aportan graves noticias a los medios de comunicación, producto de la insana pretensión de resolverlo todo con hegemonía.
Es muy importante, frente a las amenazas, entender que cada uno de los miembros y sectores de nuestra sociedad, de nuestra República, puede aportar con patriotismo, más allá de su condición o coalición, a establecer acuerdos fundamentales que tengan el menor costo social y la mayor capacidad de consenso, sobre los caminos que deben seguirse para establecer confianza económica, confianza laboral, aseguramiento del respeto a la dignidad humana, y potencialidad de progreso a nuestra comunidad nacional.
Los masones estamos dispuestos a colaborar en todo lo que signifique diálogo fructífero, en cualquier nivel nacional, regional o local, para resolver de consuno los problemas que se avizoran, sin prejuicios ideológicos, morales, políticos, o de cualquier tipo.
Por esencia, somos constructores de consensos, de diálogos, de prudencia, de paz social, y no dudaremos en colaborar con las autoridades de los poderes de la República, para todo lo que signifique acuerdos, buena voluntad, democracia, respeto a la condición humana, igualdad de trato, patriotismo, aseguramiento de los derechos individuales y sociales.

Valparaíso

Hoy, a horas de haber asumido nuestros cargos, hemos venido a Valparaíso, a esta sede de dos corporaciones republicanas, con tres propósitos simbólicos y testimoniales.
 Por un lado, para hacer nuestra primera manifestación pública, en un lugar lleno de significados y significaciones: la sede del Congreso Nacional, el lugar que por esencia simboliza la soberanía popular en toda República sólidamente constituida. Este lugar donde las leyes se construyen, para bien de nuestra gente, aquella que vive a lo largo y ancho de la geografía del país que amamos. El espacio donde nuestra clase política debe plasmar sus voluntades de construcción de un país siempre mejor, en beneficio de cada uno de sus hijos, más allá de cualquier condición de origen.
Por otro lado, hemos querido hacer una señal potente, en términos del compromiso masónico con la descentralización y la regionalización en los esfuerzos políticos, sociales y culturales del país, para eliminar los resabios del centralismo decimonónico. En función de ello, la Gran Logia de Chile también está impulsando cambios profundos en su propia concepción institucional, a partir de las elecciones que nos han elevado a estas responsabilidades.
Y, en tercer lugar, y en un mismo plano de interés y afirmación, hemos querido venir al lugar donde se constituyó la Gran Logia de Chile, poder regulador de la Masonería Simbólica y donde se hizo el primer esbozo de la Masonería Filosófica o de Altos Grados.
El primero hito hace 156 años, y el segundo hace 148 años.
Aquí se encuentra la cuna que meció los primeros años de institucionalización masónica, que hoy permiten tener una organización y una práctica perdurable y sólida, en torno a nuestros usos y costumbres.
En mérito de ello, uniendo los tres propósitos señalados, es que hemos querido homenajear a dos instituciones fundamentales de Valparaíso. A su Municipalidad, expresión efectiva de representación comunal y de sus gentes, y al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, la más antigua y prestigiada institución de su comunidad civil, así como también, y con relación al rol de ambas prestigiadas instituciones, inaugurar en este lugar, una muestra expositiva y gráfica de la evolución de esta ciudad en el tiempo, que representa también, simbólicamente, el cambio que la Masonería ha ido teniendo en su desarrollo, hasta llegar a la condición de hoy. Queremos
Homenajeamos de ese modo, al Valparaíso ciudadano y republicano, que es parte de nuestro imaginario masónico y de nuestro imaginario patriótico y social, en torno a este plano geográfico junto al mar y de esos cerros poblados, en lucha permanente contra la naturaleza, como todo ser humano histórico en su sueño permanente por su realización ideal, como la Masonería, en su esfuerzo histórico en favor del humanismo y todo lo que importe a los hombres y mujeres libertad y felicidad.

Muchas gracias.


Algunos contenidos del libro "Apuntes sobre la Masonería Chilena"

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