sábado, 31 de julio de 2010

MERIDIANO




“…en nuestra franja horaria, que mora entre los meridianos 70 y 80, en medida boreal similar a nuestra condición austral, encontramos la mágica voz de una mujer mágica de Quebec: Francesca Cagnon. Ella, por historia y vocación, se mueve por idiomas y culturas con belleza y naturalidad, nosotros, por historia y necesidad, somos una tribu que se mueve por el mundo a la caza de esos tesoros”.
Con esas palabras Jorge Coulon, líder de Inti Illimani, presenta el nuevo disco del grupo de músicos chilenos – “Meridiano” - realizado esta vez con la hermosa y espléndida voz de la canadiense del Cirque du Soleil.
Un trabajo sorprendente para quienes seguimos por más de 40 años al grupo, y da cuenta de una evolución profunda en la naturaleza de sus sonidos, fruto de la influencia de Meriño. Con este trabajo, que reúne 11 temas rupturistas en la tradición de los Inti, el grupo llega a su más alto meridiano de búsqueda, presentando su alcance más universal en su desarrollo musical, superando todo determinismo.
Sin las evocaciones típicas a su pasado, ni persistencias en las reposiciones, tan recurrentes en los grupos chilenos de los 60, sin remilgos relacionados con su caracterización identitaria, el disco es una apuesta efectiva a favor de su futuro musical, en un tiempo de constantes cambios y nuevas sensibilidades espirituales.
En su apuesta universalista, con sonidos que presentan un eclecticismo musical perfectamente logrado, “Meridiano” viene a ser un producto de la aldea global por excelencia, pero pone al grupo en el punto cósmico que está al borde del no retorno. Del éxito del disco puede devenir una exploración mucho más distante de su meridiano original, que lo aleje definitivamente de las raíces, y tal vez terminen llevando en su mochila solo un disco de oro para informar de su origen, como el Voyager, donde se podrá leer “venimos de una historia lejana”. Queda la interrogante si, como Cortés, Coulon y Meriño quemarán las naves para impedir el retorno.
La voz de Francesca Cagnon sobrecoge con su timbre y sus matices hasta embrujar al más rudo de los pliegues auditivos. Y en la hacienda mansiana pone un desafío que será difícil para quien aborde con seriedad la interpretación del mítico “Cuando me acuerdo de mi país”: jamás nadie podrá dar esos esbozos de desgarro y ausencia que la dulce Francesca pone en el cantar de los versos del compositor.
Notable el Inti Illimani en su viaje por el espacio ancho e imprevisible del mundo musical global. Y lo hace en este disco con la mejor de las compañías: una dulce y afectiva voz de mujer.

miércoles, 30 de junio de 2010

INCENTIVOS PARA EL MATRIMONIO.




Uno de los anuncios más novedosos que ha presentado el nuevo gobierno en el primer mensaje del Presidente de la República, Sr. Sebastián Piñera, el 21 de mayo pasado, se refiere a la bonificación para los matrimonios que cumplan 50 de años.
No es posible ignorar el contexto valórico que está detrás de esta propuesta, que no puede ser obstáculo para considerar que es una propuesta que tiene méritos, más allá de espectro institucional que tiende a ser satisfecho con su enunciado. Existe una crisis en la institucionalidad matrimonial, que se expresa, por ejemplo, en que hoy ya los divorcios son más que los matrimonios celebrados, y que grupos etáreos específicos sean cada vez más renuentes a vincularse legalmente a través del matrimonio. Esto se expresa también en el hecho que sean parlamentarios conservadores – siempre apegados a ciertas categorías absolutas en el convivir social -, los que estén hoy preocupados en legislar sobre las uniones de hecho.
Por cierto, la estabilidad matrimonial como componente basamental de la vida familiar, es una aspiración legítima de las personas contrayentes de este vínculo civil. Porque en el momento en que una pareja decide unir sus vidas, lo hace como consecuencia de un acto de amor, un proceso emocional que solo compete a los contrayentes de ese compromiso, pero que posteriormente tendrá todas las implicancias que la ley, el derecho, las costumbres y la ética, establecen en una sociedad estructurada e históricamente determinada.
¿Qué significa ello? Que de un acto de amor que solo compete a dos personas, a su intimidad, a su esfera más personal, se desprenden inevitablemente un conjunto de consecuencias que marcarán la suerte y el destino de esa pareja, que están vinculadas a temas esencialmente societarios y jurídicos, donde hay un peso de responsabilidades y exigencias que muchas veces llevan al inevitable fracaso.
Seguramente, la ponderación de las envergaduras que se desprenden de ello, es lo que hace que, muchos profesionales jóvenes de nuestro país, aquellos que han tenido la oportunidad de crecer a través de la educación y del ejercicio profesional, de un modo porcentualmente cada vez más significativo, evadan la responsabilidad que implica el matrimonio, ya que las limitaciones y la obligaciones que significan la vida en pareja se transformen en una carga que cuesta mucho de sobrellevar.
Objetivamente, nuestra sociedad en su conjunto, en sus distintas variables, es la que induce a que el matrimonio sea algo inviable para aquellos que están en condiciones de sostener una vida conyugal de mejor manera desde el punto de vista socio-económico. Contrariamente, en los niveles socioeconómicos más deficitarios, la tendencia hacia la vida conyugal parece ser más propicia precisamente por las limitaciones que impone la vida individual, y donde el matrimonio permite cohesionar algunas disponibilidades escasas para logros comunes. No pensemos, sin embargo, que ello es motivo para señalar una tendencia, ya que el fracaso en las uniones conyugales es tan relevante como en las clases medias o en los sectores más pudientes.
Bonificar a los matrimonios que cumplen una larga vida conyugal, entonces, tiende más bien a poner cierto acento valórico específico, para dar satisfacción a los obispos, antes que representar una acción del Estado que favorezca la vida matrimonial y consecuencialmente familiar.
Hace varias décadas, cuando se estableció la asignación familiar en el sistema de bonificaciones a los imponentes de las instituciones previsionales, se dio mucho más impulso a la sociedad familiar que cualquier otra medida de estímulo matrimonial. Por lo menos, tuvo efectos más determinantes que cualquier señal valórica. Si esa medida socio-económica fue determinante, también lo fue contar con una educación pública potente y con políticas de salud que garantizaban la atención médica para todos los niños.
Cuando había políticas públicas que favorecían el sostenimiento de una vida familiar, por cierto, la vida conyugal podía ser mucho más exitosa y eficiente para establecer condiciones estabilizadoras en el tiempo. El riesgo de tener hijos con garantías en salud y educación, con ciertos estándares básicos resueltos, cuando había menos recursos nacionales, cuando no había esa pretenciosa aspiración de ser país desarrollado, producía menos amenazas al propósito constituyente familiar.
Sin embargo, algo parece haber contrario a la vida conyugal y familiar en el sistema socio-económico en que nos desenvolvemos. Algo perverso parece estar actuando para desnaturalizar las mejores intensiones de las instituciones que ven en el matrimonio la expresión más firme de sus aspiraciones y concepciones morales, y la concreción de su proyecto societario.
Creo que lo perverso está en la naturaleza misma de los valores que transmiten la educación y los medios, basados en una concepción monetarista de la vida, de logros profesionales orientados al éxito económico, de competitividad desenfrenada, donde la idea de desarrollo se sustenta persistentemente en cifras económicas y en índices de éxito, y no en calidad de vida, en parámetros de seguridad a escala humana, o en valores sustentados en la vida en común.
¿Acaso no son los centros de educación de las instituciones religiosas las que promueven el individualismo mas exacerbado? ¿Acaso eso no es lo que proponen los medios conservadores y con fuerte predominio confesional, donde el exitismo viene a ser el centro de toda motivación?
Esas tendencias son las que generan la perversidad que esconde el modelo de Chile hacia el desarrollo y que debemos debatir mucho más profundamente que con lugares comunes o golpes de efecto, para ciertas satisfacciones institucionales.
La crisis del matrimonio y sus variables de inviabilidad como vínculo básico de nuestra estructura social, es un problema que tiene un enorme impacto futuro, y lo debemos abordar con la seriedad que es esperable de las políticas públicas de mediano y largo plazo.

viernes, 25 de junio de 2010

LA INSTITUCIÓN MÁS PRESTIGADA






Son 37.000 en todo el país. Su actividad es exclusivamente voluntaria. Sus directivos no reciben sueldos, ni hacen declaraciones grandilocuentes sobre el servicio a los demás. Cada uno aporta de su propio bolsillo para solucionar una serie de problemas propios de la funcionalidad de la institución.
Cuando se produjo el terremoto y tsunami del 27 de febrero, cerca 15.000 de sus miembros salieron a los pocos minutos de producido, a cumplir con su deber de socorrer a la población afectada. Ellos no se relajaron. Sabían claramente lo que tenían que hacer y pasaron largas jornadas sin descanso, sin esperar retribución alguna, más que la íntima satisfacción del deber cumplido. Fueron miles de horas de trabajo, miles de siniestros enfrentados, miles los damnificados que recibieron su ayuda. Ello, a pesar de haber perdido 70 cuarteles, o de haber tenido daños importantes en 200 de ellos.
Por ello, los chilenos han reconocido su esfuerzo. Tres encuestas sobre el rol de las instituciones frente a la catástrofe, señalan que Bomberos de Chile es la institución que ocupa el primer lugar en el reconocimiento de la población por la labor realizada para enfrentarla..
Si hay algo que como país podemos vanagloriarnos ante el resto del mundo, es contar con una institución de voluntarios como los Bomberos de Chile, que no solo cumplen la labor de apagar incendios, sino que realizan un conjunto de acciones de apoyo, rescate y socorro, ante distintos tipos de siniestro, inestimable en sus alcances.
Para ellos individualmente no piden nada, pero si lo hacen a favor de su institución, porque los recursos que requieren para operar son de alto costo. Necesitan cuarteles, centrales telefónicas, carros bombas funcionando, sistemas de radio, trajes anti-ignición, cascos especiales, zapatos dieléctricos, máquinas diversas de uso manual, etc. Piense Ud. lo que significa vestir a un bombero para que este se encuentre en condiciones de enfrentar un siniestro. Gran parte de ese equipamiento es de procedencia extranjera y de un costo elevado por su especialización.
Quienes son bomberos en nuestro país, en su gran mayoría corresponden a sectores de clase media y pobladores. Todos son hombres de trabajo, muchos profesionales, que hacen de su labor la expresión más alta de filantropía que conoce nuestro país, desde 1851. Son los que han hecho del servicio voluntario una expresión de doctrina que ha prevalecido en el tiempo con la fortaleza de las profundas convicciones. Fue esa doctrina la que los enalteció una vez más, cuando hace algunos años de mencionó la posibilidad de establecer bomberos a sueldo. Ante esa posibilidad muchos incluso se indignaron y apelaron a la historia de una impecable eficacia y eficiencia al servicio de los chilenos. Eficacia y eficiencia que la ciudadanía reconoce, especialmente los afectados por las periódicas catástrofes que afectan a nuestra larga geografía.
Hoy para recuperar o reparar sus cuarteles requieren de 22 mil millones de pesos. Una cifra que no es posible de conseguir sin los aportes de las grandes empresas y del Estado de Chile. Esperamos que las más altas autoridades del país, valoren la acción de la institución mejor evaluada del país, y pronto se arbitren medidas que permitan que los cuarteles bomberiles sean reparados o reconstruidos, porque nuestros compatriotas de cualquier lugar del país requerirán de su acción, y los cuerpos de bomberos diseminados en ciudades y pueblos estarán haciendo honor a su compromiso de verdaderos voluntarios.

martes, 8 de junio de 2010

La Influencia de Diego Thompson en Bernardo O´Higgins




Me parece muy destacable la iniciativa del Instituto O´Higginiano de acoger la presentación del libro “La Influencia de Diego Thompson en Bernardo O´Higgins”, de autoría del Historiador y Pastor Dr. Muñoz Condell, efectuada el pasado martes 01 de junio de 2010, porque se trata de una obra y un autor que indaga sobre los valores que motivaron la acción de aquella generación de chilenos que hicieron la Independencia Nacional y que fundaron nuestra República.
Fueron valores que establecieron una idea de construcción nacional y societal, basada en la diversidad, en la libertad de conciencia y en una idea precisa de convivencia, abierta a los nuevos tiempos que anunciara la Ilustración y la superación histórica del absolutismo y las hegemonías religiosas preestablecidas.
El libro presentado toma dos figuras centrales, que serán determinantes en la idea de la libertad religiosa en nuestro país, y recoge el rol cumplido por algunas figuras que, en un plano secundario, serán también decisivas para abrir las conciencias hacia la diversidad y los derechos a sostener creencias más allá de los determinismos hegemónicos.
En este libro, nuevamente David Muñoz Condell nos pone en la indagación sobre quienes han aportado a construir el país, en un plano de expansión espiritual basado en las libertades de conciencia. Es una indagación historiográfica coherente con lo que ha sido el rol del autor, en la búsqueda del encuentro inter-religioso sobre la base de las libertades de conciencia y los derechos que de ellas emanan. No en vano, el Pastor Muñoz Condell preside una vez más la Fraternidad Ecuménica de Chile, que vincula a las tres vertientes del cristianismo presentes en nuestro país.

domingo, 23 de mayo de 2010

TERREMOTO Y ESPIRITUALIDAD.




Los efectos del terremoto y tsunami en las regiones afectadas, presentan distintas facetas que requieren ser enfrentadas por las autoridades políticas y económicas del país, dando respuestas a demandas crecientes de los diversos sectores afectados. En la primera línea de la contingencia, está el problema de los pobres que quedaron sin techo, a los cuales hay que darles cobijo urgente para enfrentar el invierno. En esa misma línea está el funcionamiento de los servicios básicos. No menos importante es tener todos los servicios públicos funcionando en aquellos lugares en que todo quedó paralizado. La educación, la salud, el sistema de administración de justicia, los servicios de aseo, las oficinas públicas, etc. tan necesarias para la vida de las personas y para la constatación comunitaria.
De más está señalar la trascendencia que tiene el funcionamiento de la infraestructura y la conectividad vial, del cual dependen los suministros y la vida económica de las regiones afectadas. Y completa ese cuadro de necesidades, la normalización de la capacidad productiva y económica, que tiene que ver directamente con el empleo.
Sin embargo, no solo de aspectos materiales vive el hombre y su sociedad. También hay un elemento sustancial y tiene que ver con su espiritualidad. Las personas tienen sus creencias, sus convicciones, su relacionamiento con condiciones específicas en torno a sus categorías culturales y sociales. En fin, aspectos que tienen que ver con la relacionalidad y la asociatividad, con la forma en que se expresa su relación con los demás, y como entiende su ubicación en el vida.
Una de esas facetas es la religiosidad, que tiene mucha importancia para un importante sector de la sociedad. Ello implica que también deben hacerse esfuerzos para que la vida religiosa de las personas recupere su normalidad. Ello implica no discriminar, no privilegiar en función de un credo en particular, excluyendo a quienes no presentan la misma comprensión de Dios de quienes toman las decisiones. Es lamentable y carente de toda equidad cuando alguna autoridad privilegia a los que tienen su misma concepción religiosa, o cuando una autoridad no confesional toma partido por una institución religiosa en particular, favoreciéndola desmesuradamente.
Pero, la religión no es la única alternativa para el espíritu humano. También lo puede ser la filosofía, u otro tipo de cosmovisiones no necesariamente religiosas. Efectivamente, hay opciones espirituales fundadas en el hombre, de manera privilegiada, que tienen el mismo valor que aquellos que se fundan en la observancia hacia lo divino.
Y cuando hay señales que se advierten que propenden hacia el exclusivismo o la hegemonía, es necesario que se tenga presente que no hay solo una concepción espiritual en la zona que ha sido afectada por el terremoto y el tsunami.
El último censo nacional, realizado el año 2002, demostró que en las regiones afectadas por la catástrofe del 27 de febrero, sobre 2.414.420 habitantes mayores de 15 años, un 67,2 % se reconocía católico, un 21,52 como de religión evangélica, un 3,1% reconocía credos específicos de otro tipo, y un 9,7 % se definía como ateo, agnóstico o de un credo no definido en las alternativas presentadas.
Un 6,5% de los habitantes de la Regiones afectadas que no profesan religión alguna. ¿Debe suponerse que esas personas no tienen ninguna forma de espiritualidad? ¿Debe suponerse que su condición de minoría constituye un motivo para marginarlos?
Sanar las heridas sociales de la catástrofe del 27 de febrero no es solo una tarea para una mayoría relativa. Y digo mayoría relativa, porque no todos los que adhieren a una idea religiosa practican sus ritos y acuden a sus servicios religiosos, sino que simplemente lo asumen como algo cultural.
En ese contexto, hoy día una parte importante de las casas masónicas se encuentran irreversiblemente dañadas. Los masones son hombres que activamente manifiestan una opción espiritual, tan legítima como la religiosa. Muchos de ellos incluso son parte de las religiones existentes en el país. Y así como concurren a sus cultos religiosos, también concurren a cultivar su espiritualidad fundada en el hombre.
No son hombres de riquezas ni poderosos señores del poder económico, como algunos tienden a creer. Son profesores de escuelas y liceos, abogados, académicos, médicos, pequeños empresarios, prestadores de servicios, funcionarios públicos, gente de las clases medias de este país, que viven de su trabajo, y que deben enfrentar los sacrificios del día a día.
Construir una casa masónica es un enorme sacrificio que demora años, pese a la sencillez de sus instalaciones y a lo elemental de sus requerimientos. Y como la casa familiar construida con muchos sacrificios, cuando ha sido siniestrada por la acción de la naturaleza, cuesta mucho reconstruirla cuando no se tienen grandes recursos, ello se hace vivo en la realidad de las casas masónicas que han desaparecido, o que tienen daños irrecuperables. Sobrecoge ver las imágenes del sitio ya baldío de la casa masónica de Talcahuano, o como quedó la vieja casa masónica de Rancagua o el lugar donde funcionada la de Constitución
Es dable esperar entonces, que las autoridades regionales y nacionales, tengan presente la diversidad espiritual de las regiones afectadas, y cuando los recursos fluyan hacia regiones afectadas, más allá de la impronta elemental y subsistencial, consideren esa diversidad. Y si los recursos no son suficientes para ello, se establezcan condiciones legislativas favorables para todos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

CARLOS FREDES, MAESTRO DE GENERACIONES





El maestro de generaciones, historiador e intelectual del pensamiento laico, Carlos Fredes Aliaga, ha muerto a los 79 años de edad. Una larga trayectoria como profesor de Estado, académico de la U. de Chile y de la Universidad Técnica del Estado, profesor invitado de diversas Universidades extranjeras. Bombero de toda la vida, tuvo un destacado rol en sus distintas instancias institucionales. Autor de destacados libros en el ámbito económico, pedagógico e historiográfico.
Fue consultor de la Unesco, colaborador del diario Las Noticias de Ultima Hora y directivo del Canal de Televisión de la Universidad de Chile. Participó en la Masonería Chilena y Ecuatoriana, miembro siempre referencial de la Respetable Logia “Franklin” # 27, donde se inició, le correspondió dirigirla entre 1970 y 1972.
Sus restos han sido velados en el Club de la República, donde concurría habitualmente, incluso hasta hace pocos días, para seguir cumpliendo sus labores de Obrero de Paz.
La Masonería, el Cuerpo de Bomberos, el laicismo chileno, tienen que lamentar su pérdida, ya que una de sus brillantes luces corpóreas se ha apagado, aún cuando su luz espiritual seguirá brillando con particular intensidad. Carlos Fredes siempre amó con intensidad esas tres referencias republicanas y éticas, y ellas encontrarán en su legado la fuerza de la constancia y del esmero sincero.
Respecto de la primera, la esperaba vigorosa y recuperada en su trascendencia, y siendo la inspiradora de una sociedad que requiere la fortaleza del pensamiento libre y del valor de la libertad de conciencia. La anhelaba siempre influyendo en los grandes valores republicanos, en la construcción ciudadana del día a día, en la referencialidad ética de la convivencia en diversidad.
En coherencia con esa convicción de Carlos Fredes, un ex Presidente de la República que fue su alumno en la secundaria, concurrió a su velatorio a expresarle a su hija, a sus hermanos de logia y amigos, sus sentimientos de pesar. No pude evitar preguntarle, que le había enseñado Carlos Fredes cuando fue su profesor. Su respuesta: me enseñó a mirar la sociedad.
Sin duda, quienes somos parte de la Masonería chilena, queremos que siempre, nuestros hermanos que actúan cotidianamente en la sociedad, sepan enseñar a mirar la sociedad a sus integrantes, con los ojos de la libertad y el libre discernimiento.

sábado, 1 de mayo de 2010

DE SAQUEOS Y SAQUEADORES.





Uno de los actos colectivos humanos más abominables es el saqueo. Sus antecedentes más perversos se encuentran jalonando la historia del hombre con la ignominia de sus alcances, manchando tantas gestas de la memoria escrita, a pesar de la quirurgia de los que exaltan determinados hechos sustentando los propósitos nacionales, en cualquier parte del mundo, desde el punto de vista de la pretensión de la pureza de los heroísmos y del determinismo nacional o social.
No en vano, el saqueo en su génesis conceptual siempre ha estado asociado a la acción de la soldadesca, en su paso voraz por las tierras arrasadas del vencido o del que se encuentra en retirada. Y hay demasiados hechos de vindicación nacional, en demasiadas partes del mundo, donde hechos de augusta afirmación histórica parten o culminan en la ignominiosa y vandálica zapa colectiva de las huestes desatadas en descalabro moral.
Lo propio ocurre en nuestro país, donde hay varios hechos históricos, que son parte de la más profunda exaltación histórica, tratados con una pureza idílica, que con poco escarbar sale a la vista la ponzoñosa escoria del acto avieso del saqueo. Los ha habido cuando chilenos salieron fuera de nuestras de nuestras fronteras, y los ha habido cuando determinados eventos históricos fueron resueltos por la vía militar. Sus protagonistas han sido la soldadezca o la muchedumbre civil o su mezcolanza.
Dentro de nuestras fronteras, baste el ejemplo de dos de las más grandes figuras intelectuales de nuestra historia nacional, para poner en evidencia la ruin expresión de los saqueadores, que no deben ser necesariamente asociados al lumpen o al bajo pueblo de los márgenes de las ciudades. El primero, uno de los grandes intelectuales y eruditos hispano-parlantes del siglo XIX, Eduardo de la Barra, cuya casa fue arrasada por los contrarios a Balmaceda, cuando sobrevino del desenlace de la guerra civil de 1891. El segundo, el más grande poeta hispano-parlante del siglo XX, Pablo Neruda, cuya casa de Santiago fue campo de zapa de una horda claramente identificable a horas después de su muerte y en medio de una sociedad bajo manu militari y una ciudad con toque de queda.
Es que, a pesar de las connotaciones de traducción delictiva, que generalmente se pretende dar, el saqueo es un acato de revanchismo, de punta a cabo. Son las latencias de la venganza emponzoñada con la manifestación colectiva y artera, con la cobardía del dato gregario. Definitivamente, no es el saqueo un acto delictivo, aún cuando adquiera condición de tal, en su persecución civil o penal. Como fenómeno psicológico y sociológico, el saqueo es la expresión manifiesta de un pasar la cuenta a quienes, en su momento, y como consecuencia de la desaparición de las referencias que permiten el equilibrio social y la convivencia, se encuentran en el despoblado de todas las referencias morales y carentes de las mínimas condiciones de defenderse ante la aleve acción de la horda cobarde.
Ello ocurre ante la resolución violenta de los conflictos bélicos o políticos y en la disruptiva eventualidad social, cuando los equilibrios que ordenan las sociedades se desbalancean abruptamente. Y se hacen presentes en las circunstancias de catástrofes, que afectan a países como consecuencia de la acción de la naturaleza.
En todas esas circunstancias la fuerza movilizadora de la horda se encuentra motivada rotundamente en el revanchismo que subyace como fenómeno psicológico individual y como expresión sociológica colectiva. Difiere del acto delictivo, del asalto puro o del allanamiento ilegal, y no tiene relación con el desborde social, que termina lanzando pedradas contra la propiedad pública o privada. El saqueo es la expresión más desnuda y oprobiosa de la horda que se siente dominante, que aprovecha el momento en que los equilibrios de la convivencia son rotos, y se impone la ley del más fuerte.
Seguramente, el horror y la impotencia que sienten los propietarios hoy saqueados, fue el mismo sentimiento que tuvo la viuda de Neruda, al llegar a su casa de Santiago, o la esposa de Allende, después de lo de Tomás Moro, o la familia De la Barra, camino a su exilio en Argentina. Es la misma circunstancia de impotencia ante el acto horroroso de la vindicta emponzoñada con el más bajo sedimento del odio.
Por ello es que no debemos sorprendernos de que, en los hechos que nos han avergonzado como país, luego del TT27F que afectó a las regiones de Maule y Biobío, no solo esté la presencia de aquellos sectores más pobres, sino incluso personas que social y económicamente están lejos de los márgenes de las ciudades. No fueron delincuentes los que se convirtieron en horda, aún cuando aquellos se plegaron ante el hecho cierto del campo abierto. Fueron personas que estaban de este lado del ordenamiento moral, convivencial y ordinal de una sociedad estructurada. No estaban del otro lado, donde campea el delincuente común y la marginalidad societaria.
Fueron personas con trabajo, dueñas de casa, estudiantes, profesionales, etc. Fueron personas en vindicta lógica, contra las cadenas de la propiedad concentrada, o contra los propietarios menores que estaban en el mismo foco de la acción vandálica. Los expertos que las cadenas de supermercados y farmacias pueden contratar, para analizar la animadversión que se expresó en tales hechos, deben permitirles reconocer donde está la explicación del odio social.
Desde el punto de vista del orden social y los basamentos que hacen posible la convivencia en una sociedad debidamente estructurada, no nos cabe sino condenar tales hechos, por lo abominable de su motivación y las consecuencias de su concreción para la sana convivencia y la superación del impacto de la catástrofe sísmica.
Aún no hay dato duro respecto del alcance efectivo de los saqueos, ya que los desprolijos o tendenciosos medios de comunicación de tipo masivo, no han colaborado en reconocer colectivamente el real alcance de la acción vandálica. Por el contrario, los medios de alcance nacional en su momento generalizaron la percepción del saqueo, y medios de tipo local no vacilaron en crear un ambiente de temor y angustia que tuvo más fuerza incluso que aquel que la población tenía ante las propias réplicas sísmicas.
Supe del caso de un pequeño propietario de un almacén de un pequeño poblado cercano a Curicó, cuya familia pasaba en vela armada con garrotes, esperando defenderse de los saqueadores, en circunstancias que no había ningún antecedente en su localidad y en todas las de los alrededores para que ello estuviera como posibilidad real, pero medios radiales de la región seguían creando la sensación diaria de su inminencia. Pude ver por televisión como una patrulla militar en Talcahuano se ensañaba con un vulgar ratero, mientras el relator de la noticia mostraba la acción del antisocial como la de un acto de saqueo. En Santiago, un día cualquiera el comercio cercano a Estación Central cerró sus puertas ante el rumor de saqueos, sin que hubiera antecedente alguno. Personas racionales, reflexivas, profesionales y gente lejana absolutamente a toda acción efectiva de saqueo, permanecieron en vigilia durante varias noches, en distintas ciudades del país, convencidos de que su barrio o su propiedad iba a ser arrasada.
Cuando he conocido sus casos, me ha venido a la memoria la forma como la dictadura desprestigió en Santiago el movimiento social en su contra de los años 1980. Simplemente, con la complicidad de los medios y con sus agentes repartidos por los barrios de clase media y las poblaciones, hicieron correr la especie de que los saqueadores venían avanzando desde los barrios periféricos del sur de la ciudad. En el imaginario colectivo se instaló la convicción de que los saqueadores venían como horda huna avanzando progresivamente, atacando los domicilios de gente común y corriente. Barrios, villas y poblaciones permanecieron más de dos días en vigilia, sin que se hubiera producido un saqueo en parte alguna. Ergo, de los saqueos y saqueadores también se han hecho complots.

Publicado en Tribuna del Biobio el 19 de abril de 2010

Algunos contenidos del libro "Apuntes sobre la Masonería Chilena"

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