martes, 6 de enero de 2026

Algunas consideraciones sobre la Inteligencia Artificial

 

Desde que el hombre desarrollo su primera manifestación civilizatoria, la replicación de lo humano ha estado en el centro de su creatividad. Reproducir lo humano, mediante el uso de las técnicas que ha podido desarrollar, y con los materiales que ha podido dominar.

Por lo que sabemos, el hombre primitivo dibujó en las cuevas en que habitaba las primeras figuras de hombres cazando animales. Fue el primer esfuerzo probablemente de replicación

Con el dominio de la arcilla generó réplicas de la figura humana en utilería doméstica. Los alfareros, en distintos lugares de desarrollo civilizatorio, fueron moldeando figuras a escala, que representaban partes del cuerpo humano, a veces mezclados con partes animales para expresar sentidos distintos.  

A medida que tuvo herramientas para esculpir en piedra, fueron tratando de grabar reproducciones de figuras humana, de acuerdo a las destrezas que lograron.

Un día, los escultores aprendieron a trabajar el mármol. Comenzaron a aparecer las mejores reproducciones de las formas humanas con detalles nunca alcanzados, donde el arte greco-romano nos entregó las mejores expresiones de talento para idealizar la anatomía humana.

La reproducción pictórica, a medida que se desarrolló, estará presente en distintas civilizaciones, o fases de ellas. En la plenitud del Renacimiento, los rostros y sus emociones no tardaron en plasmarse en tela, con la sorprendente expresión de los ojos y de los semblantes que hoy día nos asombran en los museos europeos.

Cuando el hombre pudo desarrollar los ingenios tecnológicos, pudo replicar en reproducciones de la figura humana que fueran móviles y estáticos. Así, aparecen los títeres, las marionetas o los maniquíes. En esa misma idea de replicación de lo humano, ya hace cien años surgirá la idea del robot, asignándole atributos propiamente humanos.

Llegó el tiempo en que las capacidades creativas humanas han podido procesar información de modo artificial, a través de ingenios electrónicos. Así como el artista que hizo posible la más bella expresión ideal del cuerpo humano expresada en un mármol, incluso superior en sus formas al cuerpo de la gran mayoría de las personas de su tiempo; como lo hizo el más eximio pintor renacentista que logró atrapar la expresión más fidedigna de un rostro en un fresco o sobre tela; de la misma forma, la obsesión de un diseñador cibernético ha estado buscando replicar el cerebro humano, a través de neuronas artificiales, y de robots que tengan las mismas cualidades motoras humanas.

Ergo, impedir esa obsesión replicante de lo humano, sería impedir lo más extraordinario que tiene la mente del homo sapiens: su creatividad. Porque es la creatividad lo que le permite construir cultura, civilización, tecnología, ciencia. 

El temor en lo humano frente a sus obras

El primer modelo de neurona artificial fue creado hace 80 años. La idea de un robot tiene 104 años, y su primer modelo se construyó hace 63 años.  En 1968, hace 55 años, muchos fuimos al cine Santa Lucía, en la esquina de Alameda y San Isidro, a ver en formato supercinerama, una compleja alusión a la evolución humana que señalaba el conflicto entre una supercomputadora y un navegante espacial, que representaba a la civilización humana, en un viaje tras el origen de una señal. Parecía algo demasiando lejano.

Pero, consideremos que, todo lo que el hombre es capaz de generar tecnológicamente produce temores. Hubo temor seguramente cuando los carros pasaban velozmente sobre sus ruedas en tiempo de los egipcios. Hubo temor cuando comenzaron a operar las primeras imprentas, sobre todo entre los monjes que reproducían la Biblia a mano, para el uso exclusivo de los religiosos, los cuales eran dueños de esas palabras. Reproducir la biblia masivamente quitó el control de los Evangelios a los religiosos.

¿Cuántos temores y adversarios generó la máquina a vapor? Cuando hace unos días pasábamos frente a la antigua estación en Copiapó, alguien recordó publicaciones de prensa en esa ciudad, antes de 1850, cuando se puso en movimiento el primer ferrocarril en Chile, construido entre Caldera y Copiapó. En esas publicaciones se suponía que las personas se desintegrarían subiéndose a los carros, debido a que el tren viajaría a 50 kilómetros por hora.

Preguntémonos: ¿Cuántas veces ciertos religiosos se opusieron a determinados avances tecnológicos asegurando el carácter demoniaco de ellos? ¿Cuántas veces la ignorancia ha permitido que se satanice aquello que no se conoce?

El factor del mercado

Toda gran invención, todo gran salto tecnológico ha pasado por un espacio humano que fija las reglas y su interés: el mercado. Allí se han legitimado todos los ingenios humanos. Si hay interesados en comprar un artefacto o un producto que es útil para las personas, ese salto tecnológico estará asegurado.

En el relato de García Márquez, que iluminó a la generación que represento, cuando los gitanos llegaban a Macondo con sus artefactos sorprendentes, sabían que la curiosidad, la ignorancia y la codicia aseguraban un mercado. Ciertamente estaba también presente la necesidad que había que crear. Había algunos fáciles de seducir, como José Arcadio Buendía, que estaban necesitando aquellos artefactos para resolver algunos de sus problemas o crear otros. 

La inteligencia artificial es un producto del mercado. Habrá algunos que podrán comprar sus herramientas y obtener la optimización de las ganancias. Habrá otros que quedarán rezagados.

Los empresarios de la era industrial comprobaron que, con la máquina a vapor, podían producir más y reemplazar mucha mano de obra. Años después, cuando se descubrió el uso de la electricidad se avanzó hacia la automatización. Hubo más producción y más reemplazo de la mano de obra.

Todo salto tecnológico ha significado poner más productos para los mercados, y quienes son propietarios de las tecnologías han modificado las formas de propiedad y el control sobre ellas, determinando de modo profundo la riqueza y la pobreza de las personas.

Quienes generan y son dueños de las tecnologías tienen el poder de determinar los mercados. En un tiempo global aquello es mucho más drástico. Como las personas pobres, los países pobres serán aquellos que tendrán menos capacidad de competir en ese implacable mercado.

Pero, la Inteligencia Artificial que estamos conociendo, es una pequeña punta del iceberg. Desconocemos sus aplicaciones actuales a la industria tecnológica de punta o en la tecnología militar. Nunca llegamos a saber hace cincuenta años los alcances que tenía la investigación espacial y el desarrollo de tecnologías, las que llegaron a los mercados veinte o treinta años después. De la misma forma, hoy no sabemos los alcances de la industria militar de inteligencia artificial, por ejemplo.

De allí que es válido también, construir preocupación en torno a como nuestro país puede abordar el desafío, creando oportunidades en el mercado de inteligencia artificial, generando aplicaciones y tecnologías, pues, de no hacerlo, puede quedar en el rezago que tantas naciones padecen, incluso afectando su propia existencia en un escenario mundial siempre cambiante y sometido a grandes contradicciones.

La enajenación como problema

Enajenar implica que algo puede sacar a alguien fuera de sí, perturbarle el uso de la razón o de los sentidos, y porque no decirlo privarle de sus facultades. Uno de los peligros que algunos pensadores han planteado, tiene que ver con el factor enajenante que puede provocar la IA, quitándole al ser humano facultades y privándolo del ejercicio de su dominio sobre las máquinas, ingenios o los algoritmos que permiten la funcionalidad artificial.

La cantidad de información memorizada por las personas hace cincuenta años era mucho mayor a la que memorizamos hoy. En tiempos de los griegos, nos recuerda Irene Vallejos en su libro El Infinito en un Junco, memorizar el equivalente a 400 páginas del relato de La Odisea, con sus 12.000 versos, o de La Eneida, con 15.000 versos, era un requisito vital para un juglar.

Dice Irene Vallejos, que los pueblos que no constaban con una forma de escritura, necesitaban preservar sus leyes, sus creencias, su conocimiento técnico, exclusivamente con la oralidad. Por eso necesitaban entrenar su memoria expandiendo su capacidad, luchando permanentemente contra el olvido.

Décadas atrás las capacidades de memorizar eran parte de los procesos de aprendizaje. El estudiante debía hacer operaciones matemáticas usando 3 números en el multiplicador o en el divisor, lo que debía hacer sin tocar papel ni lápiz.

Nuestras capacidades de memorización, al parecer, se encuentran menguadas, por distintos factores. Uno de ellos es la existencia de Internet y sus buscadores que nos resuelven cualquier problema de conocimiento y ya no es necesario leer muchos libros para memorizar su contenido cultural.

La ilustración es un problema del smartphone y no la tenemos en nuestra mente, sino en el bolsillo. Recordar algún conocimiento parece ser cada vez menos humano, porque la digitalización y las bases de datos nos resuelve los problemas.

Ergo, es válido preguntarse si las redes neuronales artificiales terminarán por enajenar parte de las funcionalidades del cerebro humano.

¿Cuánto daño y perdida neuronal tendrá el ser humano, dejando de usar parte de su cerebro, en la medida que los algoritmos resuelvan gran parte de sus cotidianidades? ¿Será la pérdida neuronal humana una consecuencia inevitable?

Pero, en menos de una década, tal vez dispongamos de un chip Neuralink insertado en alguna parte de nuestro cerebro, el que activará y estimulará nuestras neuronas, para adquirir capacidades inauditas de procesamiento y manejo de información. Así, al mismo tiempo que podamos tener órganos artificiales construidos por una impresora, tal vez podamos definir el tipo de chip de aceleración neuronal, que nos permitirá, con nuestro desechado cerebro biológico, competir con la velocidad de las máquinas.

¿Cuánto costará ese chip, y quienes lo podrán comprar? Los que no puedan hacerlo, seguramente, deberán adiestrar su cerebro para homologar de alguna manera lo que será un privilegio.

Investigaciones del Instituto de Tecnología de California (CALTECH), han permitido establecer que la mente humana procesa información a una velocidad de 10 bits por segundo. Un video se transmite a unos 25 millones de bits por segundo. La capacidad de captación de nuestro sistema nervioso capta hasta mil millones de bits por segundo, sin embargo, procesamos solo 10 bits, para percibir el mundo que nos rodea y para tomar decisiones.

La pregunta que se ha planteado una investigación, liderada por los científicos Jieyu Zheng y Markus Meister, es por qué el cerebro humano con miles de millones de neuronas, solo utiliza una cantidad tan ínfima.

En nuestra condición evolutiva nunca ha sido necesario procesar más información que esa porción para sobrevivir. Así, con esos 10 bits por segundo de procesamiento, es decir, 600 bits por minuto, los hombres han construido su historia, sus grandes logros y sus grandes fracasos. La respuesta que aventuran Zheng y Meister es que nuestro cerebro está diseñado para la eficiencia, no para la velocidad.

¿El desafío futuro será procesar a mayor velocidad, con las neuronas humanas, las que podrán conectarse a neuronas artificiales, buscando una relación entre eficiencia y velocidad?

Inteligencia Artificial y Realización Humana

En un tiempo en que la constatación de la inteligencia digital se ha vuelto una realidad al alcance de cualquier consumidor, producto de las disponibilidades que ya entrega Internet, es necesario discurrir sobre la realización humana frente a la implicancia de la IA. La comprensión del consumidor es que cuenta con una nueva herramienta, que le puede permitir ventajas para sintetizar diferentes procesos o crear diferentes alternativas.

Pertenezco a una institución humanista. Su preocupación se centra en la condición humana y en la certeza en todo lo bueno para que la vida humana esté asegurada por derechos y garantías, las que devienen de altos principios que nos transmite para adquirir virtudes que tienen como propósito una vida mejor.

Dichos principios nos hablan de construir una relación con nuestros congéneres de carácter fraternal, nos habla de tolerancia y de caridad, nos señalan que la libertad de conciencia y el propósito de igualdad, no convoca día a día, para poner en la prioridad de las cosas, la idea de una Humanidad mejor.

Cuando analizamos la condición humana y los procesos históricos que la determinan, ponemos como primera referencia los principios que nos animan. En ese sentido, cuando estamos en medio de herramientas nuevas en las disponibilidades tecnológicas, debemos pensar en lo que ellas significan para una vida mejor para las personas y las sociedades. Ciertamente, queremos que todo lo creado por el ser humano sea para bien, para su felicidad y su más plena realización moral.

La creatividad humana es imposible de detener, porque los seres humanos poseemos una chispa capaz de abordar lo imposible, una chipa que seguramente heredamos de la evolución por disposición divina, y el deseo de replicar y hasta superar lo humano, a partir de distintos ingenios, es algo que perdurará hasta la extinción de nuestra especie.

La tecnología y la ciencia, empero, como bien sabemos, tienen un campo de acción que escapa a las consideraciones morales y las disposiciones éticas. La filosofía camina algunos pasos atrás, ya que se refiere a cuestiones que ya están en la realidad del vivir. Entonces, son las instituciones éticas las que deben ser capaces de avizorar los problemas que marcan el carácter de las épocas, como consecuencia de la forma como el ser humano cambia la naturaleza de las cosas o de su propia condición humana. Está en las instituciones, no en las corporaciones, crear convicciones profundas sobre lo esencial de lo humano.

En una etapa de la Humanidad, marcada por guerras sangrientas y crueles, donde no se respeta la vida humana, y se desprecia la racionalidad y misericordia, donde el derecho a vivir está condicionado a liderazgos perversos, pareciera que los desarrollos tecnológicos fueran herramientas que favorecen precisamente lo más amenazante del hombre sobre el hombre. ¿Dependerá todo de quien controle el switch del futuro, de acuerdo a sus particularidades e intereses?

 


Algunas consideraciones sobre la Inteligencia Artificial

  Desde que el hombre desarrollo su primera manifestación civilizatoria, la replicación de lo humano ha estado en el centro de su creativida...