domingo, 25 de septiembre de 2011

ELOGIO FUNEBRE A RENATO VERDUGO HAZ


Sebastián Jans

(En sus exequias en el Cinerario del Parque del Recuerdo, el 24 de septiembre de 2011)


Si hemos de ponerle nombre al coraje, habría que llamarle Renato, por Renato Verdugo. Si hubiese que ponerle nombre al consecuente, habría que llamarlo Renato, por Renato Verdugo. Si hubiese que ponerle nombre al compromiso, habría que llamarlo Renato, por Renato Verdugo. Si hubiese que ponerle nombre al valor, habría que llamarlo Renato, por Renato Verdugo.
Nos convocamos hoy, consternados, ante la pérdida de un masón ejemplar, a rendirle el tributo que se merecen aquellos que han hecho carne, en sus actos y relictos, la esencialidad más pura del ideal inspirador del Maestro, que todos buscamos con serena pasión, para que nos guíe en la consecución de los más enaltecedores ideales.
Contemplamos esta urna solemne, que guarda la corporabilidad del hombre material y tangible, pero nos quedamos con lo más importante, lo más sublime y lo más trascendente: el espíritu del Maestro, porque es nuestro Maestro, éste que nos deja en nuestras constataciones del día a día, para entrar en los umbrales de lo más perenne que un hombre de principios, coherente con sus convicciones, puede dejarnos como sublime enseñanza de vida.
Conocí a Renato Verdugo Haz muy poco tiempo después de haber recibido la luz de la Iniciación. Fue a través del ciclo de foros, que se hacían en los tiempos de la dictadura, organizados por el Centro de Estudios Fundadores del Socialismo Chileno (CEFUSCH), y que tenían como escenario la Parroquia Universitaria, en Avenida Pedro de Valdivia con Francisco Bilbao. Resultaba peculiar que un grupo de masones se reuniera en un espacio religioso, pero ello obedecía a una constatación de la cual Renato nunca evadió su causalidad: para esas reflexiones democráticas, por aquellos días, había poco espacio dentro de los espacios físicos de la Masonería.
Toda aquella reflexión se hizo bajo su impulso y dirección, congregando a un grupo de dirigentes democráticos, que mes a mes, iban a entregar sus puntos de vista y permitían un amplio debate en torno a los desafíos para recuperar la democracia.
Pero, no solo era ese el esfuerzo. También estaba aquel por abrir debates postergados dentro de la Orden. Uno de esos grandes momentos masónicos de apertura, que recuerdo con mucha fuerza, fue su presentación en la Respetable Logia “Norte” N° 41, de un trabajo sobre “El momento político del año 70. La participación del masón Salvador Allende”, la primera reivindicación significativa en los templos masónicos chilenos de la figura del último Presidente Masón que nos ha gobernado. Opúsculo que, luego, publicaría en formato de libro, constituyéndose en una de las primeras referencias historiográficas masónicas de aquel gran masón y político, que luego serviría del fuente bibliográfica al periodista Juan Gonzalo Rocha, para su libro “Allende Masón”.
Pero había algo que a Renato Verdugo le dolía con mucha intensidad, y se consagró a buscar una sanación a ese dolor: trabajar por la unidad del socialismo, dividido por el entonces en fracciones irreconciliables, que poco tenían política e ideológicamente en común.
Por entonces, ya me encontraba colaborándole estrechamente en la mesa del CEFUSCH. Y Renato comprometió todo lo de si, por buscar puntos en común, sabiendo las enormes dificultades que ello implicaba. Recuerdo tres episodios sobresalientes.
El primero, aproximándose la celebración de un 19 de abril, aniversario del Partido Socialista, su oficina de calle Huérfanos fue el escenario de una conferencia de prensa, donde los masones socialistas, a través de su voz, pidieron por la unidad del socialismo, en un nivel de trascendencia que resultó insospechado, y que recogieron las crónicas de los principales diarios del país.
Pocos días después, en el Teatro Cámara Negra del barrio Bellavista, los dirigentes de las principales fracciones del socialismo, se hicieron presente en un acto de celebración del aniversario del Partido Socialista, organizado por los masones socialistas y presidido por la figura solemne de Renato, que dirigió las más sentidas palabras de conmemoración y reivindicación del socialismo en la figura de Salvador Allende.
Aquello dio la oportunidad para establecer condiciones para celebrar una significativa reunión en casa del masón Eduardo Paredes, en el barrio Pedro de Valdivia Norte, presidida por Renato, donde se hicieron presentes los principales dirigentes de las fracciones del socialismo chileno, algunas de ellas consulares, y donde descarnadamente se expusieron las diferencias y se abordaron aquellos aspectos que posibilitaban coincidencias.
Fue el momento más relevante del protagonismo político extramural de Renato, que tuve oportunidad de disfrutar y retener para la historia: había una mesa en forma de U. En el borde del frente, al medio de las dos alas, Renato, Eduardo Paredes y otro hermano que no recuerdo. En una de las alas, el almeydismo, y en la otra, el sector encabezado por Ricardo Nuñez.
Hacia atrás de los protagonistas principales, estábamos los integrantes de la mesa del CEFUSCH, tomando notas y colaborando en lo que fuese necesario: Mario Durán, Nelson Núñez y Samuel Pérez.
Al año siguiente, prefirió tomar distancia y no seguir en la primera línea, y asumimos otros la dirección del CEFUSCH. La verdad es que nunca tuvimos la convocatoria y el liderazgo necesario para seguir la obra que había iniciado Renato. Y él tuvo que retomar sus responsabilidades, con la misma dedicación de antes, con la misma intensidad y pulcritud.
Los grandes sueños de Renato se cumplieron: la dictadura terminó y el socialismo se unificó. Sin embargo, no siempre se sintió satisfecho del curso de los acontecimientos que vinieron con la democracia. Su juicio agudo percibió problemas que el tiempo terminaría por darle la razón. Como muchos, encontró que la democracia y el socialismo tenían algunas distorsiones que los condicionaban y que no cumplían las grandes expectativas que había soñado el pueblo y que eran parte de las tradiciones de la izquierda chilena.
Hace poco más de un año, a inicios de 2010, fue la última vez que tuve la ocasión de conversar con él. Fue en el momento del lanzamiento de la candidatura a Gran Maestro, del Venerable Hermano Luis Riveros. Hablamos de la política nacional y estaba muy crítico con lo que estaba pasando en el socialismo, en su nueva condición de partido opositor. Sus comentarios fueron, como siempre, apasionados pero reflexivos, transparentes y directos.
Se nos ha ido un Maestro. Un paradigma y un símbolo de una época de lucha democrática y de compromiso socialista. Se nos ha ido un referente de fortaleza y convicciones profundas. Mucho aprendimos de él, de su empeño, de su laboriosidad, de su entereza. Y lo agradecemos, y tributamos a su ejemplo vivo, porque Renato estará siempre presente en nuestros mejores recuerdos, como el artífice de un trabajar coherente con principios sólidos, con virtud, con empeñoso hacer.
A nombre del gobierno superior de la Masonería Chilena, en este momento postrero de la vida de un masón ejemplar, miembro de la Asamblea de la Gran Logia de Chile, agradezco todo lo que el venerable hermano Renato Verdugo Haz le dio a la Orden, como oficial de Logia, como Venerable Maestro, como miembro de su Asamblea, como miembro del directorio y Sub Director de la “Revista Masónica de Chile”, pero, por sobre todo, por la fortaleza de sus principios y convicciones, por la sólida contribución a la pluralidad que la práctica masónica cobija, por su firme conducta ética, y porque asumió la más sublime de las labores que corresponde a un Maestro Masón: ejercer el Magisterio de la virtud, en cada tiempo y lugar.
Pero hay también algo muy importante que la Orden debe agradecer. A mediados de los años 80, la Armada Nacional, una institución nacional prohijada por la República, optó por negar sus orígenes y a sus fundadores, y puso en su Ordenanza un artículo que prohibía a sus miembros pertenecer a organizaciones iniciáticas, esotéricas y jerarquizadas, que tenía un claro destinatario y daba muestras de una visión unilateral y excluyente de clara voluntad e intencionalidad dogmática. Solitario y luchando cuan Quijote contra los molinos de viento de la indolencia y la lenidad, Renato Verdugo Haz concurrió a Corte Suprema a presentar un recurso de protección a favor los derechos de conciencia vulnerados en aquellos que pertenecían a la Orden Masónica. Se daba el contrasentido que no podía identificar a los afectados, ya que ello implicaba que sufrirían los efectos de la Ordenanza, y ello sirvió de pretexto para que, una Corte Suprema que no fue capaz por esos años de cumplir con su deber, desechara el recurso por no identificarse a los afectados, siendo incapaz de establecer una doctrina de protección de los derechos de conciencia, que la hubiera dignificado, dándole la oportunidad de lavar en parte sus muchas falencias y obsecuencias frente a la dictadura.
La Orden recupera ese acto de coraje de Renato Verdugo y lo reivindica en su trascendencia histórica.
Entonces, si hemos de ponerle nombre al recuerdo, llamémoslo Renato, por Renato Verdugo. Si hemos de ponerle nombre al ejemplo, denominémoslo Renato, por Renato Verdugo. Si hemos de ponerle nombre al Maestro, llamémosle Renato, por Renato Verdugo. Si hemos de ponerle nombre a la tradición más pura del socialismo chileno, que ese nombre sea Renato, por lo que él siempre encarnó.

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