jueves, 23 de mayo de 2019

Tasa a la automatización y robotización del trabajo

Todo indica que las próximas décadas serán mucho más complejas para el trabajo de las personas, ante la pérdida de oportunidades laborales.  Todos los expertos y analistas - no la narrativa de la ciencia-ficción -, coinciden en que las variables del empleo están y estarán determinadas por la inestabilidad, y por una empleabilidad hasta cierto punto fugaz, ante el avance de la automatización y la robotización. 
Se estima que las personas con alta formación tecnológica tendrán más oportunidades que aquellos con menos. Estos últimos estarán muy a la deriva, desarrollando trabajos informales u ocasionales, sin posibilidad de generar recursos previsionales para la vejez y la salud.
La Organización Internacional del Trabajo, que cumple este mes un siglo, ha puesto históricamente en evidencia lo que significa el trabajo como forma de asegurar la paz y la justicia social, y como camino para que el ser humano se dignifique socialmente. Es el trabajo el medio insustituible a través del cual el ser humano puede evolucionar y adquirir movilidad social para los suyos. Ello se está desvirtuando por una tendencia inexorable.
No cabe duda que la automatización y la robotización es un factor que ya está marginando de oportunidades laborales, de manera creciente, a los menos preparados y con menos relaciones sociales vinculadas al empleo. Personas que trabajaban en funciones de servicio y atención de público, por ejemplo, los más y en la escala más baja de la especialización o la formación, están perdiendo sus empleos de manera dramática. Lo propio ocurre con personas que han trabajado como operarios o como trabajadores manuales, aún cuando se trata de aquellos con formación técnica.
La clase media está reduciéndose, producto de los mismos factores, lo que ha sido advertido por la OCDE, lo que puede traer profundos impactos en las economías, en la sustentabilidad de políticas públicas y en la estabilidad política y social.
Ello tendrá un efecto enorme en los sistemas previsionales para la vejez y la salud, y en el financiamiento de políticas de Estado para el igualamiento de derechos y las oportunidades.
Así, es oportuno que los gobiernos y los parlamentos comiencen a debatir el establecimiento de una tasa sobre el uso de equipos y programas automatizados y/o robotizados que sustituyen el trabajo humano.
Cada empresa o entidad que sustituya el trabajo humano por medios automatizados y/o robotizados debería pagar un tributo que exprese en justicia lo que implica el costo social de la pérdida del derecho al trabajo, tasa que permitiría generar recursos que puedan financiar la vejez en condiciones de dignidad, especialmente de los que irán quedando al margen de la regularidad laboral y previsional.
Esa tasa debería constituir fondos que sean de manejo de los sistemas previsionales, y no simples impuestos que terminen financiando otros objetivos públicos.
De esa manera, también se podría cumplir con la promesa de la ciencia, de que la automatización y la robotización traerá oportunidades para la felicidad humana, y no la amenaza de la sustitución de las personas para la garantizar la optimización de las ganancias, que, inequívocamente, el mercado solo asigna a unos pocos. 

100 años de la UDEC


La Masonería de Concepción y la Gran Logia de Chile, como expresión de todas las logias del país, están preparando un merecido tributo al Centenario de la Universidad de Concepción, una de las más importantes realizaciones institucionales de la Región, y una de las corporaciones educacionales más prestigiadas del país.
La Masonería chilena, sin pretensiones hegemónicas ni reclamando exclusividad ni asumiendo exclusiones, considera a la UDEC como una de sus obras más importantes y significativas. Los masones reconocen históricamente que la UDEC fue obra de una comunidad regional diversa, deseosa de tener una Universidad capaz de proyectar las enormes capacidades de una parte del país que estaba rezagada en muchos aspectos, producto de los factores propios del centralismo. De hecho, el gobierno de la época consideraba innecesaria una Universidad fuera de Santiago.
Los masones que concurrieron a este impulso regionalista, estuvieron en las primeras iniciativas que buscaron inspirar ese deseo comunitario, con una decidida y fuerte convicción sobre los fines y propósitos, y con una determinación cierta de que ello era un proyecto impostergable.
Al respecto, el Gran Maestro Marino Pizarro, hace 25 años, señalaba como se gestó el proyecto: “Universidad libre, nueva y laica, nacida en el compromiso de unos hombres positivos y optimistas, que juntaron sus ideas en los círculos literarios, en las reuniones del Liceo, en las tertulias del Club Concepción, en las campañas de prensa, en las tenidas de las Logias. Ideas que se fundieron en un convencimiento común y en la expresión segura de un quehacer insoslayable, ajeno a ideologías y partidismos”.
El Rector Augusto Parra recordaba también hace 25 años, el rol de Virginio Gómez (en la imagen), quien propuso en su Logia los pasos concretos para crear la Universidad y un hospital, impulsando en los ambientes masónicos la gestación del Comité Pro-Universidad y Pro-Hospital Clínico, en marzo de 1917, formado por miembros de la comunidad de Concepción, donde participaron 16 masones, instancias que fueron presididas por Abaraím Concha y Augusto Rivera, presidentes de las dos logias que existían entonces en Concepción.
A modo de anécdota, uno de los primeros actos de conmemoración del centenario, realizado por las máximas autoridades de la Universidad, fue colocar una placa recordatoria en el lugar donde se realizó la primera clase de la naciente Universidad, dictada por el profesor de química Salvador Gálvez Rojas, de 31 años, quien fuera miembro de la Logia “Paz y Concordia”. 
En el desarrollo de la Universidad, de igual manera, es imposible no recordar el aporte señero de los masones que ejercieron la rectoría, donde refulge la figura consular de David Stitchkin Branover, que marcó un momento de vasto desarrollo de la Universidad, con un importante impacto cultural.
En este centenario, no corresponde más que la evidencia de tales antecedentes históricos. La Universidad fue siempre entendida por sus fundadores lejos de cualquier predominio o influencia extrainstitucional. En ese sentido, el aporte de la Masonería ha estado determinado siempre, en ese contexto, por el aporte de los valores y prácticas que hacen una verdadera vida universitaria, fundada en la libertad, la búsqueda de la verdad, la promoción de las virtudes sociales, el perfeccionamiento individual, la superación de las inequidades y los dogmas, el espíritu crítico, la tolerancia y el debate ilustrado.
Ello es lo que se renueva constantemente en la participación de muchos masones, como parte de la comunidad universitaria, a través de 100 años, y que hoy también se hace evidente, cuando es necesario colaborar activamente en todos los planos que exige una institución educacional compleja y sujeta a constantes desafíos, en un mundo en constante cambio.




domingo, 24 de marzo de 2019

La Carta de la Educación Laica

La imagen puede contener: 4 personas, personas de pie, traje y boda


El pasado 07 de marzo, la Gran Logia de Chile, instancia reguladora de la masonería chilena, dio a conocer en Concepción la Carta de la Educación Laica, instrumento que define el carácter doctrinario que inspira su doctrina educativa.
Sin duda, esta Carta será una herramienta de orientación fundamental para cualquier institución que busque desarrollar proyectos educativos laicos, construidos sobre “la base de la igualdad, la tolerancia y la diversidad de origen (sexual, étnica, religiosa, económica, social, cultural, etc.), que permite fortalecer las relaciones humanas, indispensables para lograr ambientes de convivencia armónica para educar y crecer con compromiso en torno a la justicia y la responsabilidad social”, como lo expresa en su texto de modo taxativo.
A partir de esa declaración, los establecimientos educacionales dependientes de las corporaciones afiliadas a la Asociación de Corporaciones Educacionales Masónicas de Chile, con establecimientos educacionales desde Valparaíso a Osorno, reconocen a la Gran Logia de Chile como la principal institución filosófica de respaldo ético y moral en su labor educacional. Igualmente, la Gran Logia de Chile reconoce a la Asociación como la única institución que representa sus valores y principios en el ámbito de la implementación de proyectos educacionales en el país.
Las entidades sostenedoras de esos establecimientos educacionales, en atención a esa inspiración, deben respetar el marco legal vigente, deben ser sin fines de lucro y, todos los recursos que genere producto de su gestión, deben ser reinvertidos en la tarea de educar. Igualmente, la acción pedagógica y formativa de esos establecimientos educacionales debe promover una educación sustentada en los principios del Humanismo y el Laicismo, teniendo como concepto esencial el meliorismo, principio que señala que el ser humano y la sociedad son perfectibles.
La Carta viene a ser un instrumento que une los objetivos fundamentales de la institucionalidad masónica con las corporaciones y colegios, y que tienen como beneficiarios a los padres, apoderados y alumnos, así como a los equipos docentes, para asegurar un ambiente formativo para niños y jóvenes, donde primen los más altos valores que hacen posible la autonomía personal de los futuros ciudadanos, que se están educando en aulas sostenidas en virtudes efectivamente laicas.


Álvaro Soto Bradasich


Fuente: La Prensa Austral
Hablar de los valores y la ética que impulsa la masonería es mucho más fácil cuando se hace referencia a una persona que encarna y hace de su vida un ejemplo de doctrina y prácticas masónicas. Es por eso que resulta tan triste la pérdida del destacado médico cirujano traumatólogo y masón Álvaro Soto Bradasich, que ha impactado sensiblemente en la Región de Magallanes, por tratarse de un destacado ciudadano de Punta Arenas, ciudad que lo nombró Ciudadano Ilustre el 21 de octubre de 2009.
Álvaro, con quien compartí inolvidables jornadas de trabajo masónico, ingresó a la Orden el 17 de diciembre de 1975, incorporándose a la Logia “Estrella de Magallanes” N°25, de Punta Arenas. Veinte años más tarde sus hermanos le elevaron a su presidencia, eligiéndolo Venerable Maestro. En 2011 su logia lo nombró Miembro Honorario, el más alto honor que se le puede asignar a un masón, producto de su trabajo y perseverancia en torno a los principios de la Orden.
Dentro de su destacada trayectoria masónica destaca haber sido Gran Delegado del Gran Maestro para la Jurisdicción de Magallanes, desde 2001 hasta el 2010, representando de manera destacada a la Masonería de la Patagonia ante las instancias superiores,
Pero no solo aquello fue su aporte tesonero. Con su libro “De mediodía a medianoche en el Estrecho de Magallanes”, Álvaro Soto Bradasich reseñó, hace diez años, la historia de la Masonería en la región, recordándonos el valioso aporte de los miembros de la Orden al desarrollo de la ciudad y de sus instituciones.
Su sello como médico fue la solidaridad y una profunda vocación de servicio público, ayudando constantemente a los más necesitados y los menos favorecidos con el acceso a la salud pública que se ha ido transformando en un frío negocio.
Como profesional, sabemos que fue un pionero, ya que, entre sus logros médicos, se destacaría por haber efectuado el primer implante de cadera realizado en Chile, en 1972.
Su muerte, ocurrida este 15 de marzo, tras una abrupta enfermedad, nos trae la evidencia de su impronta personal, que nos hace reflexionar sobre la importancia de los valores y la ética que forma a personas, que, con su ejemplo y abnegación, dejan una huella imborrable entre quienes lo conocieron.
Mientras recordemos la consecuencia y aporte de Álvaro Soto Bradasich, vivirá siempre en nuestros corazones. La Gran Logia de Chile hace suyo el dolor de quienes hoy lloran su partida y se enorgullece de reivindicar su herencia moral.


Bienvenida al Gran Maestro José Garchitorena



 Resulta sumamente grato revisar los orígenes y primeros pasos que dieron vida al ideario masónico de las Grandes Logias de Chile y del Uruguay, dado que, por una feliz coincidencia, ambos poderes masónicos surgieron gracias a la iniciativa de  inmigrantes que habían visto la luz masónica en talleres dependientes del Gran Oriente de Francia.
            En primer lugar, en 1842 se funda en Montevideo la Respetable Logia “Les Amis de la Patrie”, semilla que germinará generosamente hasta llegar a la fundación de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, en 1856.
            En segundo lugar, en 1850, un grupo de inmigrantes franceses crea la Respetable Logia “L’Etoile du Pacifique”, en Valparaíso, de cuyo seno surgirá tres años más tarde la Logia de habla castellana que dará origen a la Gran Logia de Chile, en 1862.
            El sello que estos masones franceses dieron a la Masonería en Uruguay y en  Chile ha sido fundamental para ambas potencias masónicas, caracterizadas por un ideario claramente identificable, en lo masónico, filosófico y social.
            Al trascurrir del tiempo, con esta inspiración compartida, representantes de ambas Grandes Logias, junto a otras obediencias de América, lideraron la creación de la Confederación Masónica Interamericana (CMI), en Montevideo, en el año 1947. Se concretó de esta manera un anhelo integracionista, que permitiera la comunicación entre las Grandes Logias del continente.
            Al mirar al pasado, podemos contemplar satisfechos los benéficos resultados obtenidos a lo largo de los años.
La CMI es hoy día una organización sólida, capaz de influir, con su moderación y apego a los principios masónicos, en el desarrollo que la Masonería tiene en nuestros países. 
            Y en este mirar retrospectivo, constatamos con felicidad que las Grandes Logias de Chile y del Uruguay han trabajado en conjunto en procura del bien común y al servicio de los altos principios de la Masonería. 
            Son muchos los hitos históricos que compartimos.
            En esta senda de afectos y con la mirada puesta en el futuro, iniciamos el año 2019 con un Simposio Internacional sobre la inteligencia artificial y sus consecuencias en la educación y el empleo, actividad en la que participa la VI Zona de la Confederación Masónica Interamericana, presidida por el Gran Maestro de la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, VH José Garchitorena.
            Es el deseo de la Gran Logia de Chile, al organizar este simposio, rendir tributo al ideal masónico que nos insta a tomar los puestos de avanzada, para aportar al mejoramiento del ser humano y de la sociedad en que vive y convive.
     Sean bienvenidos, venerables hermanos altos dignatarios de la Gran Logia Masónica del Uruguay.  

La Masonería y el reconocimiento constitucional del pueblo mapuche


El pasado 24 de enero, de visita en la Araucanía, en cumplimiento a lo determinado por el Consejo de la Gran Logia, órgano rector de la Masonería chilena, hemos dado a conocer una declaración pública en que manifestamos nuestro apoyo a los esfuerzos y consensos para reconocer constitucionalmente al Pueblo Mapuche, en virtud de la dignidad que merece por su historia y su cultura, profundamente enraizada en nuestra sociedad.
La Gran Logia de Chile, institución que promueve los valores de la libertad de conciencia, la tolerancia, la fraternidad, y la realización humana en un ambiente de convivencia, paz y solidaridad, y que es, en esencia, la más antigua institución ética de la República, con una afirmación republicana irrefutable, ha manifestado su profunda admiración por el Pueblo Mapuche, por su historia y muy especialmente por su cosmovisión y la manera en que se ha transmitido, de generación en generación, una identidad cultural que respetamos y valoramos.
Valorando los esfuerzos sociales y políticos de todos quienes impulsan el necesario reconocimiento constitucional de los Pueblos Originarios, la masonería suma su voluntad y apoyo, sobre la base de nuestros principios universales y en nuestra comprensión de la República como el espacio de todos.
Nuestro objetivo, al adherir a los consensos existentes, tiene su sustento en uno de los objetivos claves que promueve la masonería en su concepción republicana: la inclusión de todos quienes viven en el territorio y el respeto a la diversidad, como una de las expresiones fundamentales de la convivencia humana que le da un sentido integrador a la sociedad.
En ese contexto, aspiramos a que esos esfuerzos se plasmen en reconocimientos efectivos, empezando por las modificaciones necesarias a nivel constitucional, legal y administrativo, que establezcan una relación del Estado de Chile con los Pueblos Originarios, en particular con el Pueblo Mapuche, congruente con un necesario proceso de integración, imperativo para el logro de la armonía social y coherente con los distintos principios y valores recogidos en instrumentos y acuerdos internacionales, como los consagrados en la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, entre otras convenciones complementarias.
Ese reconocimiento debe considerar, sin duda, la pre-existencia de los Pueblos Indígenas que han habitado los territorios actuales de la República, y por tanto, su derecho a fortalecer y desarrollar sus legítimas historias, sus identidades, sus culturas y su institucionalidad tradicional, donde debe establecerse la protección del Estado de todos esos elementos, para asegurar la preservación del patrimonio cultural, material e inmaterial, la herencia lingüística, y todo aquello que garantice la igualdad y la no discriminación.
Para tales propósitos debe reconocerse que Chile es un país conformado por pueblos y culturas diferentes, que actúan sobre la base del valor de sus tradiciones y sus identidades, y que, al establecerse el reconocimiento constitucional, genera los espacios adecuados dentro del Estado para que ellos puedan promover sus legítimos intereses en el marco del imperio del derecho.
En ese contexto, la existencia de un Consejo de Pueblos, con capacidad de representación e interlocución, es fundamental para expresar, a través de una sola voz, los derechos y aspiraciones de las comunidades, superando la dispersión y la atomización que han sido particularmente negativas para el interés de los pueblos originarios. Tal Consejo de Pueblos debe ser electo por las comunidades, a través de elecciones democráticas que garanticen la más plena y fidedigna representación.
Nos parece fundamental, en esa perspectiva, dado la fortaleza de los consensos, que haya una agilización en los proyectos de ley, en análisis en las instancias gubernamentales y legislativas, y que las indicaciones sean acotadas, a fin de no dilatar excesivamente los procesos que permitan generar un avance político decisivo para establecer la igualdad y la justicia, y asegurar la convivencia pacífica y el diálogo fructífero en la diversidad, que debe expresar nuestra República de un modo enriquecedor.

viernes, 28 de diciembre de 2018

Solsticio y crisis ambiental global

Concurrimos este día a saludar fraternalmente a todos Uds., - Hermanos de la Gran Logia de Bolivia -, cuando estamos celebrando la Fiesta Solsticial, recogiendo la más antigua tradición de los pueblos detentores de la Sabiduría Antigua. 
Los saludo en la alegría del espíritu que anima nuestros lazos de unión, que nos vincula por historia y comunión, realidad fraternal que vengo a renovar más allá de cualquier contingencia, que nunca podrá afectar la esencia del vínculo que se construyó por hombres visionarios en la comprensión de la práctica masónica pura, hace más de un siglo.
Hago extensiva la alegría de este encuentro al Gran Maestro de la Gran Logia de Portugal, organización fraternal con la cual también tenemos lazos de unión que nos motivan a expresar los mejores sentimientos de fraternidad.
Como decía inicialmente, fueron los pueblos de la Sabiduría Antigua los que reconocieron los procesos naturales expresados en la percepción zodiacal, comprobando que el sol se desplazaba durante seis meses hacia el norte y seis meses hacia el sur, dentro de la banda de la esfera celeste de 18 grados de ancho centrada en la eclíptica, aquella línea aparente sobre la cual el sol se “desplazaba, sobre el fondo inmóvil de las estrellas”.
Al cabo de ese desplazamiento, observado por todas las culturas antiguas, los astrólogos precursores comprobaban que el sol parecía detenerse en su marcha, para luego volver sobre lo avanzado.   Así, el sol detenido, solsticio, era el momento en que se iniciaba un nuevo ciclo. Del imperio de la noche temprana, al imperio del día más largo, y así sucesivamente.
Se constituyó así un ciclo, que sustentó la certeza de los procesos de la cultura humana. El solsticio de invierno, expresión de la degradación y de la siembra, el reino de las noches y de las promesas. El solsticio de verano, como expresión de la cosecha y el reino de la luz, la madurez y la dotación prodiga de los frutos.
Aquel proceso milenario marcó el sentido de la vida y el ritmo vital de las civilizaciones y de las culturas.  De acuerdo a su relación con los trópicos, las regiones del mundo marcaban sus procesos que incidían en la siembra y en la cosecha, como también en la ganadería.
Hoy, cuando la cultura del supermercado y el manejo de la línea del frío permite ignorar el efecto climático sobre la disponibilidad de alimentos, resulta casi irreal el efecto que producía el invierno y el verano, en las conductas alimenticias, y resulta irrelevante el efecto solsticial en la práctica de aquellos ciclos culturales de los pueblos y del hombre labrador o pastoril. Sin embargo, para la Sabiduría Antigua aquello tenía un significado fundamental en relación con la escacez y la abundancia.
La escasez del invierno obligaba a guardar para aquel periodo el producto de la mies que otorgaba el verano. De la misma forma, el ganado era sacrificado de manera más recurrente en el invierno, tanto por la menor cantidad de alimentos frescos, como por la menor disponibilidad de forraje en las praderas para alimentarlo.
El verano era tiempo de recoger los maderos secos, para alimentar el fuego que calentaba e iluminaba el seno del hogar familiar. Era un espacio temporal de conversación y de transferencia de los relatos de la cultura, cuando la familia se reunía en torno al calor de aquellos maderos ardientes, haciendo honor a la tertulia y al relato que daba sentido a la vida de la familia, del clan, de la tribu, de la ciudad, y luego a la nación.
Era un tiempo donde el manejo de aquel ritmo milenario, les daba a las comunidades cierto sentido de la vida controlado por ciclos que, la naturaleza o las divinidades de cada cultura, daban para determinar las conductas humanas, estuviesen aquellas fundadas en la paz o fundadas en el espíritu guerrero. Ciertamente, era un tiempo en que las culturas antiguas estaban determinadas por lo natural.
Cuando aquel ritmo se alteraba, sobrevenían consecuencias graves. La alteración del ciclo siembra-cosecha, de la abundancia y escasez de pasturas, de la prolongación excesiva de una estación en relación a otra, siempre provocaba consecuencias.

Los cambios humanos al determinismo natural

La tecnologización y la industrialización fueron facilitando el cambio de tal proceso y ordenamiento natural. La conservación de alimentos trajo cambios determinantes en relación a la dependencia de los graneros y de las despensas. La salación de la carne fue cambiada por la conservación al frio. El envasado protegió en adelante los alimentos en grano, impidiendo su degradación por gusanos o bacterias, durante el periodo de conservación.
La industrialización llevaría en adelante los productos alimenticios a mercados donde aquellos muchas veces ni siquiera eran conocidos como tales. Así, el transporte con dotación tecnológica ha seguido llevando alimentos hacia cualquier confín del mundo, independientemente de la estación del año.
Todos esos factores han convertido la comprensión solsticial en un relato sin sentido, y poco a poco ha ido desapareciendo. La fe de raíz cristiana también influyó en ello, al considerar que las ideas solsticiales y zodiacales de la naturaleza, estaban asociadas a dioses paganos que competían contra su verdad, representada por la idea de un dios absoluto y excluyente en su revelación.
El conocimiento, producido por la ciencia, también ha significado generar información para los procesos humanos que no dependen solo de la observación costumbrista de los fenómenos y que, por ya 300 años, ha sido fuente de esclarecimiento, aportando antecedentes que permiten controlar procesos naturales y prever muchas eventualidades.
El control de plagas ha permitido generar una producción de alimentos controlada bajo parámetros generales, utilizando de mejor forma los lugares de sembradío y la producción ganadera.
Técnicas de sembradío y protección de cultivos elevaron la producción alimentaria, y lo mismo ha ocurrido con la producción de carnes, obviando muchas veces la realidad impuesta por el ciclo solsticial.
Sin embargo, en relación a las disponibilidades alimentarias a nivel global, estas no alcanzaron este año. Concretamente, lo que se produjo este año no alcanza para todas las bocas que alimentar.
Pero no solo se presenta ese grave problema, ya que la producción industrial, en toda la amplia gama de productos que genera en todo el mundo, ha ido contribuyendo, no solo a sortear las determinantes de la naturaleza. Paralelamente, ha ido provocando un daño enorme en todos los lugares del mundo, tanto en términos de la materia prima que demanda, sino también por efecto de los deshechos que produce y que han ido, en muchos casos, generando daños enormes al medio ambiente en que viven los seres humanos. Lo propio cuando se produce para vestir a las personas,
Mucho me impactó, hace algunos años, que un mar, un enorme lago en medio de Asia Menor, el Mar de Aral, con 68.000 kms. en su cuenca, haya quedado reducido a un 10% en su extensión, debido a la sobre explotación de sus aguas para la producción de algodón.
Es solo un ejemplo. Pero una demostración concreta sobre lo que está ocurriendo con el agua dulce en gran parte del mundo. Una buena parte de ella se usa con objetivos industriales, y para la generación de recursos industriales o alimentarios. En muchas ocasiones superando la capacidad de recuperación de los ríos, lagos, napas, pozos, etc.
Un ejemplo de ello lo constituye la producción de paltas en los valles al norte de la Región Metropolitana en Chile. Valles como el de La Ligua son una muestra patética de como los productores han mermado los recursos hídricos, al punto de haber superado muchas veces la capacidad de recuperación de los cursos naturales de agua.
Ciertamente, la capacidad de intervención de los seres humanos por necesidades de los mercados, en todos los aspectos, han superado las condiciones impuestas por el determinismo natural. Todo parece indicar que la especie humana ya ha superado con creces la capacidad de la naturaleza de autorreproducirse o recuperarse, y la fatiga de la sobre explotación presenta condiciones que demuestran alteraciones estructurales del medio ambiente en gran parte de los lugares del mundo.

La crisis ambiental

Los efectos del accionar humano parecen indicar que nuestra especie comienza a perder el control sobre la reacción de la naturaleza, ante la sobrexplotación. El ritmo solsticial ya se encuentra alterado en buena parte del mundo, especialmente en aquellas regiones geográficas donde se sustentó con mayor fuerza su observación ceremonial y cultural. Ello se explica por los cambios que experimenta la naturaleza ante la acción humana.
El cambio climático es una realidad que se hace presente en todos los continentes. Sus señales dramáticas se hacen presentes en la cotidianidad, constituyéndose en la mayor amenaza medioambiental que enfrenta la Humanidad. Las emisiones de gases por parte de los países industrializados, sumado a los otros abusos de los recursos naturales, están provocando graves modificaciones en el clima a nivel global. Sus consecuencias se expresan en inundaciones, sequía, huracanes y todo tipo de desastres naturales que dejan a las comunidades desvalidas y sin medios para subsistir.
La evidencia científica, desde distintas ramas disciplinarias, coincide en que las fluctuaciones del clima han sido y serán provocadas en gran medida por el hombre. Actividades como tales como la tala indiscriminada de árboles, el mal uso del agua potable, la sobreexplotación de las tierras, la saturación de deshechos en el mar, se conjugan para estimular un fenómeno que se sigue acrecentando. El calentamiento global es un hecho concreto. El aumento global promedio de temperatura ya se encuentra cercano a 1º C, en relación a los registros del último siglo.
De entre todos los factores que lo han desencadenado, la emisión de gases por parte de los países industrializados y las descargas de deshechos y basura al mar, son probablemente los factores que más agravan la situación, provocando un calentamiento global mundial que ya está acarreando trágicos resultados.
El mayor impacto lo provoca la quema de combustibles fósiles y los cambios en el uso de la tierra, que han liberado dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera, desde el inicio de la revolución industrial en el siglo XVIII.
Sus consecuencias las observamos en la fusión de los hielos milenarios de los casquetes polares, con el consecuente aumento del nivel del mar y el cambio regulatorio de la temperatura de los océanos. Lo observamos en el aumento masivo y desproporcionado de fenómenos naturales como ciclones, huracanes, desbordamientos de ríos, avalanchas, inundaciones, lluvias altas en las cordilleras y montañas donde antes solo precipitaba la nieve, la acidificación de océanos, sequías endémicas donde antes existían praderas verdes y condiciones semiselváticas.
También se constata en la pérdida de biodiversidad. Se ha constatado la desaparición de especies animales y de plantas, que no lograron superar la depredación muchas veces sin sentido o los cambios radicales en su medio ambiente. La vulnerabilidad de países y pueblos se acrecienta ante la sequía y la imposibilidad de recuperación de la provisión natural de agua. Los hielos eternos que permitían proveer del recurso hídrico a muchas regiones productivas o asentamientos humanos, desaparecieron, y no pocos están prontos a su agotamiento final.
Se calcula que en no más de una década, la escasez de agua afectará definitiva e insanablemente a un tercio de la población mundial, debido a la falta de lluvias y el derretimiento de los glaciales montañosos. Los monzones, lluvias torrenciales y avalanchas destruirán irreversiblemente tierras de cultivos necesarias para muchos países.
Millones de personas en países con economías en el subdesarrollo tendrán alto riesgo de contraer malaria, diarrea y otros efectos endémicos producidos por la pobreza, la falta de agua, y la malnutrición. En países de bajos ingresos, ello crecerá exponencialmente, tanto en África, Asia y en parte de América Latina. Las migraciones masivas e incontroladas serán una amenaza severa para la paz y el orden mundial y las convenciones que lo sustentan.
Los efectos sobre la biodiversidad, incluyendo el riego o la extinción del 35% de las especies terrestres para el año 2050, ya no parece ser una simple profecía de agoreros extremistas.
Siendo esta oportunidad una fiesta solsticial, no pretendo proponer un ambiente sombrío. Solo quiero poner el énfasis en que el alejamiento de las variables que sustentaban la vida, bajo el ritmo solsticial, ha traído efectos que cada cual debe mensurar en el ejercicio de su libertad de conciencia. La observancia de los determinismos solsticiales, ya no traen provisión de agua mediante las lluvias, ni provisión de alimentos cultivados, en muchos pueblos en distintos lugares del mundo.
El grave riesgo que la temperatura promedio suba hacia un promedio de 2° C, en comparación al siglo anterior, pone a nuestro planeta y su ambiente global es una pendiente irreversible. Ello significa que el proceso de deterioro ambiental planetario se acentuará progresivamente, y toda pendiente produce aceleración.

Somos parte de la biodiversidad

El tiempo solsticial es un tiempo de cambio. Es el momento en que la naturaleza pareciera detenerse bajo la regencia del sol, para retomar un nuevo camino fructífero. Un camino que lleva a una nueva etapa de afirmación en las constantes que relacionan a la Humanidad con la Naturaleza.
El solsticio de verano es el momento que anuncia la cosecha de la mies, la oportunidad en que todo parece expresar esperanzas y oportunidades de realización. Es el momento en que el optimismo debe enseñorearse en los hogares y las familias, y las promesas de lo promisorio deben llevarnos también a una condición social positiva.
El imperio de la luz debe llevarnos a liberar nuestras mejores voluntades hacia el interés de lo colectivo, hacia el encuentro con nuestros semejantes, impregnados de propósitos superiores, donde el bien de todos esté en la prioridad de nuestras conductas.
Si el invierno desde el tiempo ancestral ha significado un tiempo de repliegue, donde las familias se recogen ante las asechanzas de las sombras, el tiempo solsticial de verano es un gran momento de reencuentro y exultación bajo los cálidos rayos del sol.
Es el momento de la constatación de que somos parte de una enorme aldea global, que nos contiene y que nos acoge, y a la cual debemos proteger de las futuras amenazas de las sombras. Es la oportunidad de asimilar nuestra propia condición natural, ya que somos animales con un nivel superior evolutivo, y que, por lo mismo, tenemos mayores responsabilidades que los demás seres vivos que nos acompañan en esta nave que viaja por el espacio, girando en torno a una estrella llamada Sol.
Todos esos seres vivos son los que constituyen una maravillosa biodiversidad, de la que somos parte, y la cual debemos preservar para que el fenómeno de la vida siga ocurriendo tal cual fue diseñado o simplemente tal cual ha ocurrido como una casualidad estelar insuperable.
A veces tenemos la posibilidad de ver una imagen de nuestro planeta, tomada desde alguna sonda espacial enviada por los seres humanos para mejor conocer y estudiar el universo y sus fenómenos. Sobrecoge ver a la Tierra como un punto sideral compuesto por pocos pixeles. Porque eso es lo que somos. Un pequeño punto azulado en medio de la inmensidad de galaxias y constelaciones.
Sin embargo, en ese pequeño punto se ha dado la maravillosa condición de la biodiversidad, donde distintas especies tienen la oportunidad de vivir y reproducirse. Pero todos ellos están determinados por una entropía que conduce hacia el caos, que nos es otra cosa que la finitud como paso hacia la transformación. Todo ser vivo perderá en algún momento sus cualidades que lo hacen sistémico, para luego mutar hacia otra condición en la materia.
Los seres humanos somos finitos como los demás animales. Nuestro entorno, como parte de la vida, también tendrá un colapso sistémico, y mutará hacia otro estadio singular.
¿Debemos pensar que la biodiversidad de la que somos parte, irreversiblemente también colapsará sistémicamente y mutará hacia otra forma, de la que no podremos ser parte, porque la Humanidad en sí misma, como sistema, habrá colapsado?
La afirmación solsticial, heredera de las más antiguas sabidurías, nos dice que después de un tiempo viene otro, y otro, y otro. Que siempre hay un nuevo comienzo. Detrás de ello está claramente una cosmovisión, es decir, un orden de las cosas que hace posible que la existencia humana tenga un sentido en la realidad del universo. Y ese sentido se funda en la complementariedad. Complementariedad que nace del hecho mismo de la biodiversidad. Los unos con los otros nos complementamos. Los animales con la vegetación, la vegetación con el clima, el clima con el sol. Y los animales nos complementamos con el sol, por eso estamos celebrando el solsticio.
Y el solsticio es una manifestación concreta de la complementariedad.
Desde el universo simbólico de las culturas ancestrales, tras la observación del entorno, se creyó que el sol se desplazaba por la eclíptica. Hoy sabemos que no es así, que ello tiene que ver simplemente con la precesión de los equinoccios, es decir, el movimiento que hace el eje planetario, mientras la tierra gira, inclinándose hacia un lado y luego hacia el otro, entre 23 y 27 grados. Suficiente para generar cambios en la realidad planetaria, a través de las estaciones del año.

Una acción masónica ineludible

            Uno de los desafíos fundamentales en favor de la Humanidad, que los masones tenemos a escala global, es trabajar para reducir el calentamiento global. No depende solo de los masones, repartidos por el mundo. Pero podemos ser agentes activos de la necesaria toma de conciencia de las comunidades y de quienes ejercen funciones de gobierno y de quienes actúan en los mercados, a fin de reducir de modo decisivo los factores que están incidiendo de modo determinante en el calentamiento global.
            Debemos hacerlo a partir del aprendizaje de la Sabiduría Antigua. La gran mayoría de los aquí presentes, tenemos alguna herencia sanguínea o cultural con los pueblos originarios y su sabiduría ancestral. Todos algo tenemos que ver, en menor o mayor grado, con los pueblos que poblaban nuestra América del Sur. Desde el punto de vista del suceso humano de aquellos – nuestros predecesores –, la idea humana era producto de lo comunitario, a partir del suceso primero de la unión entre hombre y mujer. Desde esa complementariedad se establecía la reciprocidad y el derecho. La complementariedad era lo que permitía adquirir la condición de humano, mediante el proceso de transmisión del conocimiento en lo comunitario.
            Era esa educación la que determinaba la pertenencia implícita a la comunidad y a la cultura. Si no se tenía esa educación, nadie podía llegar a ser en propiedad parte de la comunidad originaria. En estricto sentido, no se podía pertenecer a la comunidad o a la cultura. Lo que hacía a un miembro pleno de la comunidad era el hecho de ser portador de una voluntad o forma de ser, de un saber común, de una práctica social y comunitaria, y de un poder que nacía de lo colectivo. Ser considerado miembro del colectivo implicaba pertenecer a la comunidad o cultura, y haber sido educado en dichos principios, que contenían una serie de saberes y prácticas históricamente validadas.
            La Masonería de nuestros países debería aprender de esa Sabiduría Antigua, para enseñar a la sociedad civil y a las élites que las dirigen, para construir un legado que nos sitúe en la responsabilidad de trabajar por los necesarios equilibrios en la biodiversidad, que aseguren su continuidad y protección. La condición humana, es decir, el hecho de ser humano, no puede desligarse del medio global en que vive y donde somos efectivamente una gran comunidad, o un conjunto de comunidades, que comparten el espacio terrestre común.
            Así, el gran esfuerzo inmediato es ayudar a construir un relato común de continuidad de la existencia humana, como civilización, como especie, donde aseguremos la biodiversidad desde los procesos educativos, que tienen que darse en el hogar, en la escuela y en la práctica comunitaria.
            Ello implica enseñar a erradicar las conductas de depredación de la naturaleza, modificar las formas de consumo, hacer uno adecuado y cuidadoso de los recursos naturales, evitar la sobreexplotación, proteger y hacer buen uso de las disponibilidades hídricas, etc.
            De alguna manera, debemos recabar el sentido de las comunidades originarias, que crecieron en torno a la naturaleza, observando los fenómenos solsticiales. No se trata de repudiar la tecnología y los grandes logros que la ciencia nos ha entregado. Se trata de corregir los excesos que el mercado ha impuesto en la exacerbación del uso de los recursos.
Se trata de un enorme esfuerzo de construir la ética de la vida, que involucre a todos los seres humanos en la preservación del planeta que nos cobija, aún con nuestros excesos.
Bien sabemos que la concepción zodiacal nos dio la idea del solsticio, y que la astronomía nos sacó del error sideral de nuestros antepasados. Sin embargo, el modelo solsticial le permitió a la especie humana vivir por siglos, siguiendo las señales que venían de ese tránsito aparente del sol sobre un espacio estelar estático,
Lo que hacemos esta noche, es rendir homenaje a nuestros antepasados, no importando su cultura o sus particularidades originarias. Celtas, griegos, mayas, mesopotámicos, quechuas, maoríes, vikingos, mapuches, hindúes, sioux, hunos, egipcios, aimaras, etc. son episodios de un mismo esfuerzo para entender la vida, a partir de la observación de la naturaleza y la interpretación de sus señales inmemoriales.
El solsticio recoge esa búsqueda ancestral, y hoy lo conmemoramos bajo la misma impronta, a la que tributamos veneración: la esperanza en el futuro, el deseo de la bonanza, los mejores parabienes para quienes apreciamos, la promesa de la felicidad. ¿Qué mejor podemos desear a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestras comunidades, a nuestras repúblicas, a la Humanidad toda?
 Uds. Queridos Hermanos de la Gran Logia de Bolivia, Grandes Maestros de las Grandes Logias de Bolivia y de Portugal, reciban por mi intermedio los mejores deseos de los Masones Chilenos, de que este solsticio les traiga abundancia, plenas realizaciones en sus objetivos institucionales, éxito personal, amor para vuestros corazones y para vuestras familias, y que la felicidad inunde vuestros espíritus; y que la tierra que nos cobija sea pródiga en sus frutos y que nos entregue esperanza para nuestros descendientes, para bien de la Humanidad.


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