sábado, 13 de octubre de 2018

Acta de relación y cooperación con logias femeninas


Para algunos que no conocen de la Masonería y su desarrollo histórico, ha resultado un hecho extraordinario que se haya firmado un acta de relación y cooperación entre la Gran Logia de Chile (masculina) y la Gran Logia Femenina de Chile (femenina). Sin embargo, es algo natural, que responde a una historia común, en torno a los altos principios que ambas organizaciones en Chile sostienen en el ámbito de su respectiva historia y su tradición.
La Masonería es, por esencia, una institución que recoge el progreso humano y la evolución que la Humanidad experimenta, en su proceso de cambios producto del aseguramiento de los derechos humanos y los avances en términos de la superación de la ignorancia y el error, y de los resabios arcaicos que condicionan la realización de la condición humana.
No es novedad que la Masonería asuma desafíos, en todos los planos de los derechos fundamentales, incluso en el acceso al sublime derecho a la Iniciación. Prueba irrefutable de ello, es que una organización masónica tan tradicional como lo es la Gran Logia Unida de Inglaterra (UGLE), madre de la Masonería que practicamos, asumiera el 10 de marzo de 1999, la validez de las grandes logias de mujeres en el ámbito de su independencia, lo que es refrendado actualmente en su página web, donde expresa taxativamente que la UGLE siempre ha estado formada por hombres, y que las mujeres masonas tienen dos grandes logias separadas en sus prácticas e institucionalidad, a las cuales las mujeres pueden remitirse: la Honorable Fraternidad de Antiguas Francmasonas (HFAF) y la Orden de Mujeres Francmasonas (OWF).
La preocupación por la mujer y su derecho a la iniciación, está en la historia de la Gran Logia de Chile, en forma patente. Fue uno de los puntos de debate en su segundo Convento Nacional (1942), lo que llevó 25 años después, al Gran Maestro Sotero del Río Gundián, a promover acciones concretas para estimular la iniciación femenina, en forma autónoma y en su exclusivo género.
De allí que muchos masones de la Gran Logia de Chile, pudieron colaborar de manera significativa en el desarrollo de logias de la Gran Logia Femenina de Chile, sin jamás participar en sus reuniones sometidas a ritual, entendiendo que las virtudes de la iniciación se alcanzan en la naturaleza específica de cada género.
Resaltó en ese proceso un masón de enorme humanismo y que ha dignificado a la Gran Logia de Chile, el muy querido hermano Mauricio Sommariva, quien realizó un trabajo digno de encomio en apoyo de la consolidación material de la GLFCH, en su actual sede central.
Esa relación de miembros de la GLCH con logias de mujeres, construida desde la autonomía y el respeto iniciático a la naturaleza de género que cada institución expresa, ha sido un basamento fundamental para que se haya firmado un acta de relación y cooperación entre ambas organizaciones masónicas, que, entre otros considerandos, expresa: “La Gran Logia de Chile y la Gran Logia Femenina de Chile, en el contexto de sus desarrollos institucionales, reconocen sus diferentes orígenes y las circunstancias específicas de desarrollo histórico e institucional. Ello obliga a establecer las salvaguardas y prohibiciones que impiden una participación común en el ámbito ceremonial, dado el carácter masculino de una y femenina de la otra”. 
Manifiesta también que “La Gran Logia de Chile y la Gran Logia Femenina de Chile expresan que sus trabajos se realizan a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, que sus iniciados realizan sus juramentos y obligaciones ante la Escuadra y el Compás y el Volumen de la Ley Sagrada, y que ejercen su absoluta autoridad sobre los Grados de Aprendiz, Compañeros y Maestros, en las Logias de su Obediencia”.
Más adelante se señala, de modo concreto e inequívoco, que acuerdan “Sostener relaciones de cooperación en favor de los Altos Principios que sostienen, y realizar actividades comunes de filantropía y protección de los derechos individuales consagrados por las leyes del país, respetándose en su autonomía y singularidad, y sin intervenir en circunstancia alguna en los trabajos propiamente masónicos de la otra parte”.
Queda así preservada de manera irrefutable, la institucionalidad independiente de cada poder masónico concurrente al acta citada, lo que permite homologar – en el caso de la Gran Logia de Chile - la conducta que nos precede por 19 años, y que es absolutamente coherente con el aseguramiento de los derechos a la Iniciación de mujeres y hombres, en el marco de la Tradición y de los Antiguos Usos de la Fraternidad.

viernes, 12 de octubre de 2018

Homenaje al Día del Libre Pensamiento 2018



Hace 6 años, un grupo de organizaciones, muchas de ellas con fuerte inspiración en los principios masónicos, reunidos en el II Congreso de Libre Pensamiento en Mar del Plata, resolvió y promovió establecer el 20 de septiembre de cada año, como el Día Internacional del Libre Pensamiento, a fin de poner en el interés de las sociedades la necesaria valoración fundamental de la libertad de conciencia, como la base a partir de la cual se construyen todos los derechos fundamentales de la condición humana.
Esta iniciativa ha ido ganando progresiva trascendencia y apoyos múltiples, desde distintas personas y grupos, y luego desde países, especialmente en aquellos en que cotidianamente las personas deben vivir la conculcación de derechos fundamentales, tales como el derecho de opinión y el derecho a la libre difusión de las ideas.
Quienes hemos estado permanentemente en la promoción de la libertad de conciencia nos congratulamos de la comprensión y prestigio que este día tiene para crecientes comunidades y grupos de interés. Como masones nos adherimos siempre a todo lo que garantice el libre pensamiento y el derecho a exponer las ideas de cada cual, sin más límite que los derechos humanos de todos.
Es relevante porque, permanentemente, diversas circunstancias y episodios que ocurren cotidianamente en el tiempo que nos toca vivir, señalan la necesidad que poner al libre pensamiento en la agenda constructiva de las sociedades contemporáneas, incluso en aquellas en que es una práctica es habitual, porque muchos aprovechan las garantías al libre pensamiento, precisamente, para promover ideas y conductas que buscan en realidad condicionarlo o sojuzgarlo.
La presión ejercida por visiones deterministas, que buscan el tutelaje espiritual de las personas y la hegemonía de las sociedades, es constante, y no han cambiado las pretensiones de muchos, que los llevan hacia manifestaciones de poder que afectan profundamente la libertad y los derechos de conciencia.
En muchas partes del mundo proyectos totalizantes y dogmáticos buscan imponerse por diversos medios, a partir de verdades absolutas, y no son pocos los países sometidos a violentas conmociones, como consecuencia de la politización de los dogmas y la asociación de los poderosos con jerarquías que tratan de imponer tales dogmas a toda la sociedad. Como producto de ello, hay muchas sociedades sometidas a tensiones y conflictos que afectan profundamente a la democracia y la hacen vulnerable institucionalmente, conculcando su ejercicio o lisa y llanamente, impidiéndola.

Nuestro país no está al margen de estas amenazas. A pesar de la fuerte secularización que advertimos en la realidad social, hay grupos de interés que promueven permanentes acciones que persiguen imponer sus particulares sesgos dogmáticos a toda la sociedad, afectando los procesos que ocurren dentro de los debates democráticos, y aprovechando la democracia para socavarla en su esencia.
No solo eso. También se busca imponer la posverdad para que determinados prejuicios y falacias coarten o frustren seriamente políticas públicas de salud o de educación.
Así, la reivindicación del libre pensamiento, a través de este día, tiene, por lo tanto, un fundamento irrefutable. Implica poner el acento en la necesidad de defender la esencia de la democracia y las libertades políticas. A través de la defensa del libre pensamiento defendemos también la ciencia, los derechos humanos, la dignidad de la persona humana, el pluralismo y la diversidad, la tolerancia. A través del libre pensamiento, los masones construimos también una ética de fraternidad.
Es la defensa y promoción del libre pensamiento nuestra afirmación en torno a todo aquello que hace posible la libertad de conciencia, esto es, la libertad de pensar y de decir lo que se piensa, y llevar una vida personal de acuerdo a las convicciones morales de cada cual.
En síntesis, la defensa y promoción del libre pensamiento tiene que ver con afirmación en favor de la autodeterminación de las personas, del individuo humano, único e irrepetible.
Es nuestra defensa y promoción del derecho personal a creer en lo que cada cual prefiera, y practicar tales creencias, bajo la garantía de la ley y la convención social.  Es el derecho de cada cual, también, a no tener dogmas o creencias, según lo indiquen sus personales convicciones.
Sabemos perfectamente que ninguna de las libertades que hoy gozan las sociedades modernas, consagradas por las convenciones internacionales establecidas por la Humanidad en los últimos 100 años, es posible sin el libre pensamiento.
Sin embargo, son aún pocas las sociedades que pueden expresar con certeza el imperio del libre pensamiento en su desenvolvimiento cotidiano. Una enorme mayoría, en general, tienen problemas que hablan de comprobaciones que van precisamente en sentido inverso al avance esperado por las sociedades y por más comprometidos con la libertad.
Más allá de esas manifestaciones negativas debemos persistir en que, contra el interés de los dogmas, que buscan imponer su visión y sus objetivos particulares sobre la sociedad toda, el libre pensamiento posibilita a los hombres y mujeres un espacio valioso para hacer efectivo el ideal humano de la autodeterminación personal, a través de medios humanos. Esto sobre la base de que el libre pensamiento no es una doctrina, sino un método, es decir una manera de conducir el pensamiento y, a partir de allí, desarrollar las acciones que garanticen las garantías para la vida individual y social.
Es un método que no se funda en la afirmación de ciertas verdades particulares de alcance absoluto, sino en un compromiso general de buscar la verdad con los recursos naturales del espíritu humano y con las únicas luces de la razón y de la experiencia.
Es un método de la razón y la experiencia que no puede cumplir su meta si no se  realiza socialmente el ideal humano. Es un método que debe buscar la existencia de un régimen o sistema político en el cual ningún ser humano podrá ser sacrificado o desatendido por la sociedad. Un régimen o sistema donde nadie puede quedar expuesto, directamente o indirectamente, a la imposibilidad práctica de ejercer todos sus derechos de ser humano y de cumplir a conciencia todos sus deberes que colectivamente le corresponden.
Ello tiene una traducción en el necesario carácter de los Estados contemporáneos, que son objetivos permanentes de la conducta de las jerarquías dogmáticas, que persisten en dar continuidad a su hegemonía sobre los asuntos políticos y sociales, en alianza con estructuras de poder políticas y económicas que terminan siempre imponiendo la opresión o sus arbitrariedades.
De allí la vigencia de la reivindicación del libre pensamiento, que viene a proponer a nuestro tiempo, la necesidad de erradicar los determinismos entronizados en las estructuras del Estado, del mercado y de la sociedad civil, a fin de asegurar sociedades más libres y más democráticas, bajo el imperio de la libertad de conciencia.

 Hemos venido al pie de este monumento erigido a uno de los paradigmas del libre pensamiento chileno: Francisco Bilbao Barquín. Fue su pensamiento y acción lo que permitió levantar nuevamente las banderas de la libertad, cuando ellas había sido declinadas por la restauración de todo aquello que había fundado el poder colonial, gracias al régimen conservador llamado “pelucón”.
Cuando el espíritu de la libertad, que habían promovido los padres de la patria, bajo la inspiración emancipadora del Siglo de las Luces, había sucumbido ante el poder de las costumbres y las conspiraciones conservadoras, imponiendo un sistema político tutelar de las conciencias, la voz de Francisco Bilbao se alzó para llamar a trabajar por un nuevo tiempo, una nueva época, caracterizada por la libertad del pensamiento.
Lo hizo no solo para reclamar contra los que sostenían un estado de cosas basado en los intereses del poder vinculados a los dogmas y contra el dogmatismo mismo, sino para denunciar los resabios de una sociedad fundada en las heredades del colonialismo y del poder dogmático, y que, como lo señaló claramente, afectaba la libertad y los derechos de hombres y mujeres.
Su diagnóstico, especialmente expresado en su obra “Sociabilidad Chilena”, sigue siendo fundacional para entender e interpretar el estado de cosas de Chile, en aquella medianía del siglo XIX. Sin duda, lo que Bilbao hizo de manera tan preclara, fue retomar la crítica hacia lo fundacional del sistema colonial, que 40 años antes sostuviera la generación emancipadora que dio a Chile su cualidad de república.
A los pies de su estatua, en este lugar de tanta representación simbólica, frente al monumento a la Gran Logia de Chile, y a la casa masónica que simboliza la tradición librepensadora chilena, de más de un siglo y medio, heredera de moral de Bilbao, lo que venimos a expresar es nuestra renovación del vínculo que une indivisiblemente a la Masonería con la reivindicación y promoción del libre pensamiento.
Venimos a hacerlo con sencillez y decisión, a expresar simbólicamente que seguimos trabajando por aquello que permite erigir altares a lo fundamental de la condición humana: su libertad de conciencia, y su derecho a determinar su vida según sus convicciones.
Venimos a expresar que todo ordenamiento social se justifica y se prestigia, en la medida que esté siempre conducido por un sistema político donde el Estado y sus instituciones estén libres de predominios o compromisos con determinado orden de ideas u opción de conciencia en particular.
En lo particular a Chile, solo en la medida que el Estado asuma, a través de todas sus instituciones, la condición de laicidad, será posible que nuestra sociedad y nuestra república estén garantizadas en las cualidades efectivas de inclusión e igualdad, poniendo fin a los determinismos hegemonistas que condicionan la libertad de conciencia.

Sin duda, hay muchos factores que hoy condicionan la laicidad y el libre pensamiento. Las tareas son muchas, y seguimos trabajando en torno a los ideales que promovieron los Padres de la Patria y Francisco Bilbao. Sabemos que las instituciones del Estado aún deben superar resabios y restauraciones que siguen vigentes. Aún los derechos de la Mujer tienen objetivos pendientes, como lo señalara Mónica Rodríguez, en representación de la AILP.
Sin embargo, hoy, en este día de valoración del libre pensar como un derecho humano fundamental, no podemos dejar de expresar nuestra preocupación por la educación chilena, aspecto fundamental de la acción pública que sigue siendo el campo de acción privilegiado de la acción dogmática.
Aún hay sesgos que siguen expresando una mirada de hegemonía que nos parece fundamental superar, por las consecuencias que ello trae para la forma como se educan a los niños. En ese contexto, nos parece – como librepensadores – que el decreto 924 del año 1984, del tiempo de la dictadura, que impuso la obligación de tener clases de religión a todos los colegios, constituye una medida arbitraria que afecta a muchos proyectos educacionales y que no expresa con eficacia la laicidad del Estado, cuando este educa a través de la educación pública.
Nos parece también una grave deficiencia que no haya una adecuada educación sexual en las escuelas, sobre todo cuando advertimos que hoy, entre los jóvenes mayores de 15 años aumenta el SIDA.
Nos preocupa también, en los procesos educativos, la reducción de horas de materias científicas y filosóficas, ya que ello produce un grave efecto en la comprensión libre pensadora de las conciencias en formación.

A los pies de este monumento recordatorio a Francisco Bilbao, manifestamos nuestro compromiso de seguir trabajando, como librepensadores chilenos, por los propósitos superiores en favor de los derechos de conciencia, y por la libertad para actuar por ellos en consecuencia, a través de los cuales podemos construir una sociedad mejor, en diversidad y en favor de la realización plena de la condición humana.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mensaje Republicano de Instalación




Intervención en acto en el Congreso Nacional 
Valparaíso 29 de julio de 2018


Hace poco más de doce horas, hemos asumido la Gran Maestría de la Gran Logia de Chile, en cumplimiento del mandato que nos ha entregado su Asamblea hace tres meses. Ante la presencia de los representantes de la Masonería chilena y de la Masonería sudamericana, se ha cumplido así la Instalación del nuevo Gobierno Superior de las Logias de la Obediencia de la Gran Logia de Chile.
En virtud de ello, hemos venido a Valparaíso, cuna de la Gran Logia de Chile, para hacer las primeras expresiones públicas como Gran Maestro y en representación del nuevo gobierno institucional, y de modo especial hemos venido a este Salón de Honor, que expresa simbólicamente la voluntad del pueblo en la institucionalidad de la República.
Quiero saludar distinguidamente a quienes integran la testera de este Salón de Honor, y mi saludo fraterno es para la Querida Hermana Carmen Mardones Hauser, Gran Maestra de la Gran Logia Femenina de Chile, organización con la cual compartimos los mismos objetivos en bien de la Humanidad. De manera muy significativa, saludo a Evelyn Augsberger Bachmann, Presidenta Nacional de la Asociación Nacional de Mujeres Laicas, que han representado nuestro orgullo en el trabajo en favor de la dignificación de la mujer y los derechos femeninos por 73 años, con tesón y dedicación, a pesar de la invisibilización que muchos intencionadamente han tratado de imponerle. Saludo fraternalmente a Jean Pierre Mieres, presidente de la Fraternidad Juvenil Alfa Pi Épsilon, organización hermana en propósitos superiores y en la construcción de una ética política y social, necesaria para asegurar el futuro. Saludo por último a mi maestro, amigo y hermano, Álvaro Pulgar Gallardo, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo, personificación de los ideales superiores que deben adornar al masón, y a quien la vida me ha permitido tenerlo en este momento y en este lugar.
Quiero agradecer también a las autoridades del Congreso Nacional, al Presidente del Senado, senador Carlos Montes Cisternas, y a la Presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández Allende, la oportunidad de reunirnos en este lugar de tanta importancia republicana, y que nos acoge, como lo hiciera hace seis años, cuando la Gran Logia de Chile celebraba 150 años de historia, y este Salón de Honor se convirtió por varias horas en un Templo masónico.

La República

Desde los primeros años de nuestra República, el Congreso Nacional ha sido la instancia que recoge la representación del pueblo, para analizar y resolver los asuntos políticos que tienen impacto en cada uno de los chilenos y, por lo tanto, para el destino de la República.
Es significativamente estimulante para un Gran Maestro poder disponer de esta tribuna, para dirigirse a nuestra comunidad republicana, a fin de exponer los aspectos fundamentales de sus objetivos que tocan con la realidad social y política, como consecuencia de la labor sistemática y permanente que hacen los masones, en función de todo lo que importe y aporte progreso y realización humana para la gente, para el país y su siempre deseado venturoso destino.
Es que la Masonería chilena es inseparable de la República.
Su primera tarea institucional descansa en sus logias, las que deben preparar a sus miembros para que observen una conducta moral y ética intachable en sus diferentes desempeños personales, para así mejorar y elevar el comportamiento de los miembros del grupo social en el cual conviven y con quienes se relacionan en las comunidades de la cual son parte.
Sobre ese fundamento, como muy pocas instituciones y movimientos de conciencia, que promueven principios fundamentales de ordenamiento social y moral, la Masonería chilena está ligada intrínsecamente a la formación y desarrollo de la República, tanto en su construcción institucional como en su implementación conceptual, cuestión inseparable del sentido y propósito que muchos hombres, iniciados en nuestras prácticas y doctrinas, han contribuido a imponer, desde el ámbito del derecho, de las ideas y del servicio público, a partir de su fidelidad con nuestra doctrina masónica.
De hecho, en cada etapa en que la República volvió sobre sus fueros, luego de procesos en que hubo retrocesos históricos, bajo la sombra oscura de las restauraciones de antiguas y arcaicas comprensiones y procesos históricos basados en el despotismo o el autoritarismo, en la Masonería ha estado viva la proto-república que nos hizo como país y nos dio un espacio entre los demás pueblos del mundo.
De manera determinante, la opción republicana de la emancipación y su reafirmación en el siglo XIX, bajo la impronta de las ideas liberales, son inseparables de la patriótica contribución aportada por los masones, para hacer de Chile un país bajo el carácter y la impronta de la República, expresado en un Estado capaz de conducir los intereses de toda la sociedad, hacia el bienestar, el aseguramiento de los derechos y la legalidad, superando los dogmas, los determinismos, las costumbres defendidas por intereses de círculos privilegiados.
Cuando muchos creían que el Derecho emanaba de determinismos naturales o definidos por la heredad, fueron los masones los que promovieron que solo podía provenir de la razón, esto es, de la capacidad del consenso y el diálogo civil, que se construye a partir del debate político y la delimitación de los poderes del Estado, en tres instancias claramente definidas en sus funciones: el poder ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial.
Conceptos como patriotismo, civismo y progreso nacional, no son sino consecuencia de los aportes a los debates republicanos, que masones insignes introdujeron en la comprensión intelectiva de la comunidad nacional y en las élites dirigentes. Ello, generalmente, para superar las visiones dogmáticas, tutelares, arcaicas y paternalistas, impuestas por los resabios de los tiempos pasados, construidas en torno a visiones de conciencia herederas del absolutismo y las reminiscencias anteriores al Siglo de las Luces, tiempo de la historia humana cuando surgen las ideas emancipadoras de las conciencias y como expresión de ellas, la Masonería.
Por eso, es la Masonería la que emprendió en nuestro país la reivindicación de la libertad de conciencia y la ética del acceso al conocimiento, precisamente para que los chilenos pudieran ser artífices de una organización social basada en la conciencia de lo personal y de lo público, a partir del libre discernimiento, en un espacio social en que todos tenemos un lugar para contribuir con nuestros deberes, pero también para ejercer derechos inalienables.
Es a partir de ese esfuerzo, que la Masonería impone en la reflexión social y en las clases dirigentes, el objetivo ineludible de la tolerancia. Es la Masonería la que puso ese concepto fundamental de convivencia, y es la que sigue, incesantemente, formando a sus hombres en la convicción profunda de ese objetivo moral y político, para que ellos lo lleven a todos los planos del hacer y el quehacer social.
Fruto de ello es que la laicidad y el Estado laico pasaron a ser una necesidad política para el aseguramiento del propósito republicano, que la Masonería ha venido propugnando por ya más de siglo y medio.
Fueron masones los que promovieron que todos los ciudadanos, para ejercer sus derechos y deberes, debían acceder al conocimiento, para esclarecer sus conciencias y prepararse para servir mejor al propósito común. Así fue como la Masonería se dedicó con fuerza a desarrollar el concepto de educación pública, la que pasó, bajo su impulso, a ser la más fundamental misión del Estado. Sin los masones no habría habido Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, piedra fundamental sobre la cual se construyó uno de los sistemas de educación más sólidamente eficaces de América Latina. Significativos masones dieron forma no solo a una vasta política educacional, sino también a una comprensión que involucraba contenidos, conocimientos y formación cívica, y que, al paso de las décadas, el dogmatismo se encargaría de degradar
También cuando se comprobó que había enormes retrasos sociales y que la pobreza, la miseria, la ignorancia, la carencia de derechos y las lacras sociales, condicionaban a una parte significativa de la población, los masones abrieron el debate de la llamada “cuestión social”, que significó que aparecieran las primeras leyes en favor del trabajador y la protección social. Nuestros predecesores están en cada una de las leyes sociales de hace poco menos de un siglo y en todos los procesos de profundización que se dieron posteriormente.
Cuando hubo conciencia del retraso de la mujer hace más 100 años, fueron masones los que plantearon la necesidad de los cambios legislativos y exaltaron los protagonismos de las mujeres que impulsaron el feminismo. Fueron masones los que impulsaron el derecho a voto de la mujer, cuando otras corrientes de conciencia lo consideraban ocioso. Han sido masones los que dieron los impulsos necesarios para que dos organizaciones de mujeres, las únicas actualmente con despliegue efectivamente en todo el territorio nacional, existan desde hace décadas: la Asociación Nacional de Mujeres Laicas – a través de los Centros Femeninos – y la Gran Logia Femenina de Chile, promoviendo los valores y derechos de la última gran revolución social igualitaria: la de los derechos femeninos.
Bajo el impulso de la Masonería se desarrolló la difusión de los derechos humanos, en Chile y América Latina, a partir de su proclamación universal en 1948, cuando muchos fueron indiferentes y miraban con distancia ese enorme progreso de la Humanidad.
Bajo la acción masónica se desarrolló el vasto proyecto que tuvo en la Corporación de Fomento de la Producción, un potente esfuerzo para industrializar al país, institución tan necesaria hoy para resolver las angustias provenientes de una economía que ha vuelto a ser mono-productora y voluble a las eventualidades del mercado a nivel mundial.
Hay tantos hitos, que sería largo de enumerar, donde los masones como expresión de una corriente de conciencia fundada en el humanismo, fueron decisivos para su realización y establecimiento, siempre pensando en la República como un espacio de todos, y de inclusión de los chilenos, más allá de su origen, condición social, convicciones de conciencia o cualquier factor de diferenciación.
Es que la Masonería, por esencia, es la República Simbólica, ideal en un plano de conceptos, que todo masón quiere llevar a la práxis social, como una expresión tangible de la convivencia en la diversidad, donde todos son iguales ante la ley, todos iguales en derechos, todos iguales en deberes. Donde todos son respetados en su condición humana, más allá de sus particulares ideas, de su proveniencia social, de sus éxitos o fracasos en la maravillosa aventura de la vida.  Esa República Simbólica que se expresa en el deseo universal del imperio de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad.

La República hoy

Por todo lo anterior, siempre a los francmasones chilenos nos ha preocupado el curso que tiene nuestra República, el espacio de todos. Y a quienes quieran escucharnos estaremos dispuestos a entregarles nuestras opiniones, motivaciones y tal vez consejos, en una sincera voluntad de colaborar para construir una comprensión común republicana, que recupere definitivamente las bases fundacionales de lo que se entiende como tal.
Más aún cuando, debido a circunstancias coyunturales, hay quienes cometen el error de creer que lo republicano es solo un formulismo relacional de lo político en los ámbitos institucionales. Ciertamente deberemos compartirles con más fuerza nuestra comprensión esencial: lo fundante de la República es la radicación del poder en la soberanía del pueblo y una institucionalidad capaz de comprendernos a todos.
Bien sabemos que, por circunstancias históricas, se han producido muchas veces en nuestra historia, propensiones favorables a la sustitución de esa definición republicana, por otras que solo producen vaguedades políticas o derechamente formas de soslayar la voluntad popular, y las formas en que ellas se expresan más allá de cierto dato eleccionario. Lo que preocupa también, es que, cada cierto tiempo, escuchamos a algún liderazgo político, sea cual sea su nivel o trascendencia, expresar su hastío por los roles institucionales que determinan la República.
Cuando estamos reunidos en este lugar donde funciona el Congreso Nacional, por mandato de la soberanía popular, destinado a equilibrar el poder de quien gobierna, también por mandato popular, señalamos nuestra aspiración de que, nuestras clases dirigentes elegidas por la voluntad del pueblo, recuerden siempre que cuando ejercen labores de mandatarios de la soberanía popular, deben ser fieles al mandato recibido, y que deben interpretar en la debida forma lo que la gente desea y a lo que aspira, y es bueno cuando no se enredan en sus propias convicciones personales o los intereses de pequeños grupos de interés, para sobreponerse a lo que sus electores más desean o demandan.
Recomendamos que siempre haya fidelidad al interés del pueblo, y que no se olvide que la República es efectivamente el lugar de todos; que no impere la obsesión por imponer la hegemonía de determinadas opciones de conciencia en el aparato del Estado, o determinada comprensión particular de las cosas, que impide que haya efectivamente integración en los grandes propósitos que a todos nos animan.
Nada hay más dañino para la República que las aspiraciones y las conductas hegemónicas, que siempre terminan debilitando la institucionalidad y la pluralidad que permite la vida en común, en paz y verdadera convivencia. De todas las hegemonías, aquella que nace de determinadas corrientes de conciencia y morales con comprensiones absolutas, siempre será la más perniciosa para la República y la democracia.
A propósito de ello, nos preocupa cuando hay nombramientos en instancias del Estado que deben expresar la diversidad de conciencia, y ese aconsejable camino no es recorrido; más aún cuando hay periodos en que los equilibrios en las miradas de la construcción moral no se encuentran debidamente establecidos dentro de los poderes del Estado. Cuando hay ciertos desequilibrios es cuando más esfuerzos debemos hacer para que las formas sean mucho más prudentes e integradoras.
Por eso, la división del Estado en tres poderes absolutamente definidos en sus funciones viene a ser una cuestión para establecer una efectiva comprensión de lo republicano. Nos induce a la preocupación, en virtud de ello, cuando, por cuestiones hegemónicas y temporales, por simples necesidades tácticas del juego político, las prerrogativas de un poder interfieren en el otro, debilitando precisamente las fortalezas de cada poder en su necesaria autonomía y en el rol superior que cada uno de ellos debe cumplir en nuestra institucionalidad como país.
Se puede sostener muchas veces que hay prerrogativas legales, pero la buena política siempre considerará lo que es prudente hacer, cuando lo que está en juego es la forma en que consolidamos bases para procesos políticos perdurables, capaces de fortalecer y apreciar la institucionalidad republicana.
En ese marco de reflexiones, sigue siendo necesario pensar como República, en torno a la laicidad como un factor determinante en su institucionalidad. Al hablar de laicidad nos estamos refiriendo a una condición cualitativa de alcance pleno, en lo que significa la aconfesionalidad del Estado, sus personeros e instituciones. Sus personeros, desde luego, cuando ejercen actos institucionales como agentes o representantes del Estado.
Los chilenos de hoy en su gran mayoría se han secularizado, producto de los cambios culturales que la globalización ha traído para bien, a nuestras comprensiones sobre la convivencia en diversidad y el abordaje de problemas que tienen que ver con la intimidad personal y el verdadero ejercicio de la libertad de conciencia.
Cierto determinismo, cierto paternalismo, cierta desconfianza en el ejercicio de la libertad de conciencia, cierta mirada exclusivista, hace que algunas comprensiones sesgadas, a veces se pretendan imponer a todos, simplemente porque se tiene poder para imponer las comprensiones personales por sobre la diversidad que se expresa en lo colectivo.
Da la sensación de que, en una parte de nuestras clases dirigentes, aún falta una mirada más tolerante, menos prejuiciada y tal vez menos dogmática, que se acerque a aquella percepción sobre las cuestiones que atañen directamente a los derechos individuales, con la cual los hombres y mujeres de nuestro país se levantan cada mañana, a realizar sus obligaciones cotidianas en bien del país y su progreso material y espiritual.
No cabe duda de que nuestra sociedad tendría un estado de ánimo distinto si muchos de nuestros líderes políticos o sociales se despojaran del paternalismo y de concepciones que solo tienen que ver con sus particulares decisiones de conciencia, en lo que atañe directamente con sus vidas, y dejar que los derechos a la autodeterminación personal sean efectivamente tales, y que garanticen que las personas se hagan cargo de sí mismas, con sus errores y aciertos, asumiendo en plenitud  el desafío único e irrepetible que implica la posibilidad maravillosa de vivir y ser feliz.

La convivencia social

Todo lo que la Masonería hace, en sus procesos formadores e iniciáticos, está orientado a la necesidad de preparar a sus miembros para el buen vivir y el buen convivir. Si nuestro trabajo es fundamentalmente ético y somos una escuela de moral, es para que quienes reciben la Luz de la Iniciación trabajen en su perfeccionamiento individual, para ser mejores individuos, mejores personas, que aporten a la sociedad la práctica de los valores, en una manifestación virtuosa.
Por eso valoramos tan significativamente conceptos como la ciudadanía, el civismo, las buenas costumbres, la asociatividad en los desafíos sociales, el trato fraterno, el respeto a la condición humana, el diálogo, el consenso social.
No deja de asombrarnos y preocuparnos, el nivel de exacerbación de las pasiones que muestra la sociedad chilena, y la degradación del respeto a las instituciones, que contribuyen a ordenar y conducir la vida social, cuando no a protegerla o darle las herramientas necesarias para que las personas crezcan en dignidad y respeto. Los errores de algunos no deben jamás llevar a la generalización, porque, cuando se implanta esa forma de abordar las responsabilidades, todo termina conduciendo a la discriminación, a la injusticia y a la segregación.
En el tiempo actual, sin que sea su exclusiva característica, se ha perdido la ecuanimidad y la capacidad de evaluación objetiva, y todo tiende a ser llevado al plano de la subjetividad y la más simple emocionalidad. Con facilidad se moteja, se destruye o se descalifica. La opinión fácil y precipitada campea en cualquier espacio de opinión, y el rigor de lo justo se manipula según los intereses personalísimos de cada cual. Generalmente el debate, en cualquier plano, se conduce a través de la descalificación y no de la capacidad de dialogar e intercambiar ideas con objetivos comunes y constructivos.
Ello ha ido produciendo una erosión en la disciplina social, que se manifiesta con crudeza en la calle, en los espacios públicos, y en todas las instancias en que compartimos el vivir y el convivir.
Tenemos la tarea y la disposición de colaborar para que nuestras élites hagan una labor significativamente docente, para valorar y valorarnos en el proceso de construcción social, y hacer de la capacidad de diálogo y el respeto a las personas y a las instituciones una manifestación cierta de nuestras capacidades colectivas de convivencia y racionalidad.
Creo, en lo personal, que ha llegado el momento de construir diálogos generosos y potentes, y para ello nuestras élites políticas, empresariales, académicas, intelectuales, corporativas y sociales, deben hacer un gran esfuerzo para ayudar a educar a nuestra sociedad en la convivencia, en el respeto entre todos, y en la capacidad de convocar a partir de lo que nos une y nos permite abordar de consuno los desafíos como país y sociedad.

El trabajo

Relacionado con los debates republicanos que deben expresarse en el tiempo actual, quiero referirme en este acto a un aspecto que debe ser asumido con profunda preocupación por los poderes de la República, puesto que está afectando el presente y el futuro de los chilenos. No se trata de algo que esté en la simple coyuntura y en el abordar políticas de corto plazo, sino que se vincula con una cuestión definitivamente estructural y que los chilenos debemos observar con mucha atención
Se trata del derecho al trabajo, y cuando hablo del trabajo me refiero a aquel que está señalado por normativas nacionales e internacionales, es decir, que está bajo el imperio de leyes nacionales y las convenciones internacionales.
La Masonería considera el trabajo como la más sublime capacidad humana, a partir de la cual hombres y mujeres construyen y se construyen. Los hombres y mujeres, a través del trabajo, cambian la historia humana, la historia de sus comunidades y su propia historia. Es el trabajo el que permite el acceso a la dignidad humana, a la realización individual, a la realización colectiva.
A través del trabajo, los menos tocados por la fortuna, pueden construir un futuro para sus hijos, entregarles educación, emanciparse de la pobreza, y aspirar a la recompensa de una vida digna en la vejez.
Desde una mirada esencialmente fundada en nuestros principios y valores, como masones, lejos de cualquier connotación de política contingente, vemos con preocupación la creciente amenaza al acceso y mantención del trabajo legal, y en consecuencia la precarización del trabajo digno.
Pareciera que la economía del siglo 21, avanza a tener dos mundos en la realidad del trabajo y las oportunidades laborales. Uno, de personas exitosas y calificadas, con el goce de un trabajo legal, con oportunidades de estabilidad e incluso de cambiarlo para tener mejor recompensa y mejores ventajas; y el otro, de personas al margen de las oportunidades, buscando transitorios empleos, casuísticos, ilegales, carentes de previsión en la salud y al margen de capitalización para el retiro en la vejez.
Nuestro país está mostrando un creciente porcentaje de trabajo precario, engañando las cifras de empleo, y engañando la percepción de que los empleos que se crean son lo suficientemente dignos para que las personas puedan aspirar a salir de la pobreza.
Sin pretender una polémica, ya que no estamos refiriéndonos a debates recientes frente a propuestas gubernamentales, las que respetamos, creemos que hay que sincerar las estadísticas para poder tener un cuadro real de lo que significa el empleo legal y, de manera equidistante, el trabajo precario, ya que los índices de empleabilidad que, a veces producen cierta gratificación, consideran que son personas con trabajo los que al menos dedicaron una hora a la semana, a actividades productivas o de servicios, a cambio de una remuneración o ingreso monetario.
Es necesario analizar con sinceridad lo que parece ser una tendencia de sospechadas consecuencias, donde el Estado tendrá que tomar decisiones en los próximos años, sobre todo cuando deba garantizar derechos fundamentales, a partir de recursos que cada vez serán más difíciles de disponer, producto también de factores de mercado que evaden crecientemente las obligaciones tributarias.
A ello se suma la creciente penetración de sistemas automatizados y robotizados, que aumentarán el desempleo, dadas sus ventajas en la optimización de los procesos y en el aseguramiento de ganancias. Esto lo estamos percibiendo como un hecho concreto y la tendencia aumentará exponencialmente en la próxima década. Aquello que suponíamos como algo un tanto remoto, hace 20 0 30 años, hoy ya comienza a ser una realidad que acelerará la tendencia en la próxima década.
Debemos abrir como comunidad nacional un debate sobre el trabajo legal, en su protección y aseguramientos, en la tendencia de que los procesos que están precarizándolo parecen avanzar hacia mayores amenazas y, lo que es peor, pueden avanzar hacia irreversibles consecuencias para las personas, sobre todo para quienes ya han sido marginadas de las oportunidades y solo les queda el trabajo ilegal e incluso aquel de tipo delictivo.
Esto tiene que ver con cómo concebimos a nuestro país a futuro, con cómo nos planteamos efectivamente en la idea del desarrollo, y si tenemos voluntad para hacer que la Patria sea lo suficientemente inclusiva, tal como lo desean nuestros gobernantes y nuestros representantes que aquí trabajan por mandato del pueblo.
No dudaremos en aportar nuestra reflexión en cualquier debate que se produzca en la esfera republicana, sobre el particular, y con todos los sectores que son determinantes para asegurar una estrategia de país para el trabajo bajo el imperio de la ley, protegiendo los derechos y convenciones establecidas internacionalmente, y que Chile ha suscrito desde hace ya casi cien años.

La contingencia

No debemos ignorar que tal vez estemos entrando en un peligroso ciclo en la economía mundial y en los mercados. Ello a propósito de decisiones en las cuales nuestro país no tiene posibilidades de influir. La guerra económica entre Estados Unidos y China, que ha dado sus primeros indicios, ha generado un ambiente de incertidumbre que afectará sin duda a todas las naciones, especialmente, a países que dependen de la producción de materias primas. La preocupación ronda por todas las clases dirigentes de nuestro país.
Una crisis significativa requerirá de mucha capacidad para establecer acuerdos nacionales, si no queremos que nuestro país pase a ser uno más de los que cotidianamente aportan graves noticias a los medios de comunicación, producto de la insana pretensión de resolverlo todo con hegemonía.
Es muy importante, frente a las amenazas, entender que cada uno de los miembros y sectores de nuestra sociedad, de nuestra República, puede aportar con patriotismo, más allá de su condición o coalición, a establecer acuerdos fundamentales que tengan el menor costo social y la mayor capacidad de consenso, sobre los caminos que deben seguirse para establecer confianza económica, confianza laboral, aseguramiento del respeto a la dignidad humana, y potencialidad de progreso a nuestra comunidad nacional.
Los masones estamos dispuestos a colaborar en todo lo que signifique diálogo fructífero, en cualquier nivel nacional, regional o local, para resolver de consuno los problemas que se avizoran, sin prejuicios ideológicos, morales, políticos, o de cualquier tipo.
Por esencia, somos constructores de consensos, de diálogos, de prudencia, de paz social, y no dudaremos en colaborar con las autoridades de los poderes de la República, para todo lo que signifique acuerdos, buena voluntad, democracia, respeto a la condición humana, igualdad de trato, patriotismo, aseguramiento de los derechos individuales y sociales.

Valparaíso

Hoy, a horas de haber asumido nuestros cargos, hemos venido a Valparaíso, a esta sede de dos corporaciones republicanas, con tres propósitos simbólicos y testimoniales.
 Por un lado, para hacer nuestra primera manifestación pública, en un lugar lleno de significados y significaciones: la sede del Congreso Nacional, el lugar que por esencia simboliza la soberanía popular en toda República sólidamente constituida. Este lugar donde las leyes se construyen, para bien de nuestra gente, aquella que vive a lo largo y ancho de la geografía del país que amamos. El espacio donde nuestra clase política debe plasmar sus voluntades de construcción de un país siempre mejor, en beneficio de cada uno de sus hijos, más allá de cualquier condición de origen.
Por otro lado, hemos querido hacer una señal potente, en términos del compromiso masónico con la descentralización y la regionalización en los esfuerzos políticos, sociales y culturales del país, para eliminar los resabios del centralismo decimonónico. En función de ello, la Gran Logia de Chile también está impulsando cambios profundos en su propia concepción institucional, a partir de las elecciones que nos han elevado a estas responsabilidades.
Y, en tercer lugar, y en un mismo plano de interés y afirmación, hemos querido venir al lugar donde se constituyó la Gran Logia de Chile, poder regulador de la Masonería Simbólica y donde se hizo el primer esbozo de la Masonería Filosófica o de Altos Grados.
El primero hito hace 156 años, y el segundo hace 148 años.
Aquí se encuentra la cuna que meció los primeros años de institucionalización masónica, que hoy permiten tener una organización y una práctica perdurable y sólida, en torno a nuestros usos y costumbres.
En mérito de ello, uniendo los tres propósitos señalados, es que hemos querido homenajear a dos instituciones fundamentales de Valparaíso. A su Municipalidad, expresión efectiva de representación comunal y de sus gentes, y al Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, la más antigua y prestigiada institución de su comunidad civil, así como también, y con relación al rol de ambas prestigiadas instituciones, inaugurar en este lugar, una muestra expositiva y gráfica de la evolución de esta ciudad en el tiempo, que representa también, simbólicamente, el cambio que la Masonería ha ido teniendo en su desarrollo, hasta llegar a la condición de hoy. Queremos
Homenajeamos de ese modo, al Valparaíso ciudadano y republicano, que es parte de nuestro imaginario masónico y de nuestro imaginario patriótico y social, en torno a este plano geográfico junto al mar y de esos cerros poblados, en lucha permanente contra la naturaleza, como todo ser humano histórico en su sueño permanente por su realización ideal, como la Masonería, en su esfuerzo histórico en favor del humanismo y todo lo que importe a los hombres y mujeres libertad y felicidad.

Muchas gracias.


Ofrenda a los fundadores de la Gran Logia de Chile


La Gran Logia de Chile, órgano rector de la Masonería histórica chilena, ha iniciado un nuevo ciclo en su antigua y prestigiosa trayectoria en el ámbito de América Latina, al ser instaladas las nuevas autoridades, que, por un periodo de 4 años, deberán conducir sus destinos.
Al asumir la Gran Maestría de esta más que sesquicentenaria institución, hemos llegado hoy, con los demás miembros del Gobierno Superior de la Orden, hasta el lugar de los orígenes de la historia de la Gran Logia de Chile, para rendir el homenaje a la ciudad que le vio nacer y que meció la cuna de sus primeros años.
Las antiguas tradiciones del hombre social, a través de sus distintas formas de organización, consideran siempre el valor y la importancia de tributar honor a sus orígenes. Nada viene de la nada. Todo es consecuencia de algo que alguna vez ocurrió, o de un ciclo de procesos consecuenciales. Todo en la vida son concatenaciones que la vida produce.
Cuando las ideas emancipatorias de la Humanidad cruzaron mares y terrestres geografías, para llegar a la trastienda de Sudamérica, un confín llamado Chile, un largo territorio del otro lado de las alturas cordilleranas, vinieron a radicarse en las comunidades más cercanas al mar. Así, llegaron aquellas nuevas comprensiones del hombre, de las sociedades, de la realidad, iluminados por las luces del siglo XVIII. Buena parte de esas ideas se materializaron en procesos irreversibles para aquella Capitanía.
Algunas de esas ideas fueron precursoras entre los precursores, y luego, cuando ya se había hecho irreversible la existencia de un país de libres, y cuando un lejano puerto del Pacífico se había transformado en la más importante recalada occidental de los viajes por esta parte del mundo, llegaron aquellos que harían de las logias masónicas algo efectivamente perdurable.
Hasta este puerto llegaron algunos de los padres de la Masonería, que se institucionalizaría en logias de ultramar. Otros llegaron hasta Copiapó, y a la entonces capital de la provincia del sur, Concepción. Sin embargo, la historia indica inequívocamente que fue aquí donde fue fundada la Logia “Union Fraternelle”, la que daría las bases de regularidad masónica para fundar la Gran Logia de Chile.
El reconocimiento a ese hecho en particular, aquel de los franceses que habían formado la primera logia de este lado del mundo, que decidieron formar una logia en idioma español, es lo que determinó que fuera en esta ciudad, en este punto específico, a metros del Club Central, donde se emplazaría el monumento que rinde homenaje a la fundación de la Gran Logia de Chile, este altar laico hecho para exaltar el recuerdo perenne de que, junto a este mar y a los pies de estos cerros, está la cuna de la Masonería chilena.
Fue en este puerto principal del Pacífico Sur, donde recalaron no solo las esperanzas de un futuro para los que huían de la desesperanza, la búsqueda de un destino mejor para tener paz y progreso individual, sino también recaló la búsqueda del propósito humano por excelencia, a través de la práctica de la fraternidad, de la tolerancia y de la filantropía.

La historia nos dice que fueron franceses los que levantaron un ara a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, un ara que tuvo la perdurabilidad necesaria para consolidar la presencia masónica en este Puerto de recalada de los perseguidos, de los migrantes, de los soñadores, de los portadores del progreso de mediados del siglo 19.
Pero también, hasta el norte chileno, hasta los verdes valles de Copiapó, arribaron otros migrantes, hombres que llegaron de Inglaterra, Dinamarca y de otros lugares de América, a extraer las riquezas mineras de la tierra, o a prestar servicios en la actividad que generaba la minería, en las tierras donde habían surgido con fuerza las ideas políticas liberales más radicales del país.  
Y en el sur, un hombre venido de España, otro de Dinamarca, un italiano y algunos de origen inglés, daban también forma a una logia que sería determinante para el futuro de la Masonería en Chile.
Estos brotes demuestran que la Masonería Universal, de manera significativa, ha sido obra de las migraciones. Ha sido la institución inmigrante y emigrante por excelencia, y así se repartió por el mundo, atesorada en la conciencia y en el equipaje de quienes dejaba sus tierras de origen en busca de un mejor destino. En la conciencia: los principios, la doctrina y el deseo de tener una logia, y en el equipaje: a través de algún texto, carta o documento, o a través de los objetos más queridos del viajero, llevados con veneración para practicar donde se pudiera el Arte Real.
No habría sido posible la expansión de la Masonería por el mundo, como movimiento espiritual, sin las migraciones. Donde llegó, siempre lo hizo de la mano de los desarraigados, de los esperanzados, de los hombres del mundo. Así llegó hasta este puerto bullente del Pacífico. Aquí se encontraron en sus calles abarrotadas en torno al puerto, los franceses que habían abandonado su país a causa de las persecuciones políticas de 1848.
Y al rendir honor, en esta ceremonia, al momento fundacional de la Gran Logia de Chile, lo hacemos en la valoración de las migraciones como fenómenos propios de la Humanidad, que traen la ventura de la pluralidad, la diversificación, la renovación, la revitalización y el progreso. Muchas veces se estigmatizan las migraciones, por parte de quienes prefieran las sociedades cerradas. Sin embargo, los sistemas cerrados terminan siempre en el agotamiento total. Solo los sistemas abiertos son los que se renuevan y se revitalizan.
La Masonería en el mundo, en sí misma, es consecuencia de la iniciativa de migrantes. Algunos de los que fundaron hace 300 años la Gran Logia de Londres, inicio histórico de la Masonería, eran hombres desarraigados de sus orígenes. Jean Theophile Desagulliers había huido de las persecuciones religiosas en Francia, que habían desatado los católicos en contra de los hugonotes. El redactor de las primeras constituciones masónicas, James Anderson, había huido de Escocia, también por persecuciones religiosas, esta vez contra los presbiterianos. Lawrence Dermontt, redactor de las constituciones de los “Antiguos”, era un irlandés llegado a Londres, buscando mejores condiciones de vida. Andrew Ramsay, famoso por su discurso en que establece la idea de los Grados de Perfección, era un escocés emigrado a Francia por razones políticas. Esteban Morin, un judío de origen francés, es el que trae el Rito Escocés Antiguo y Aceptado a América. Jean Dubreuil, Alphonse Gent y Antide Martin, fueron franceses que introdujeron la masonería en Valparaíso. Charles Ward hizo lo propio bajo la influencia inglesa, para formar la Logia Bethesda. Un judío de Curazao, impulsó la formación de la Logia Unión Fraternal, después de radicarse en Chile. Uno de los primeros Grandes Maestros de la Gran Logia de Chile, Evaristo Soublette, era un colombiano afincado en esta ciudad. Un chileno migrado a Inglaterra, por mandato de su gobierno, es quién trae la carta patente para formar el Supremo Consejo del Grado XXXIII. Otro chileno desarraigado esta vez por cuestiones políticas, Eduardo de la Barra, terminará por refundarlo. Sería largo seguir con los ejemplos. En cualquier país del mundo, donde se formó la Masonería las migraciones se patentizan como su vehículo irrefutable.
Al rendir homenaje a la fundación de la Gran Logia de Chile, en este momento de revitalización del vínculo que une a logias masónicas a lo largo de todo el territorio patrio, no podemos dejar de considerar el valor del migrante.
Como Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, quiero expresar en este homenaje a la institución que me toca conducir por el próximo periodo, mi personal adhesión a la Declaración de Nueva York, emitida por la Organización de Naciones Unidas, en septiembre de 2016, que parte reconociendo que la Humanidad ha estado en movimiento desde los tiempos más antiguos, y que esa realidad se aplica en los procesos que ocurren en nuestro tiempo, donde algunos se desplazan en busca de nuevas oportunidades económicas y nuevos horizontes; otros lo hacen para escapar de los conflictos armados, la pobreza, la inseguridad alimentaria, la persecución, el terrorismo o las violaciones y los abusos contra los derechos humanos. Hay otras personas que se desplazan por los efectos adversos del cambio climático, de los desastres naturales o factores ambientales. Muchos se trasladan, de hecho, debido a la combinación de varios de esos motivos.
En la declaración que cito, se afirma que, en la actualidad, estamos en presencia de una movilidad humana que ha alcanzado un nivel sin precedentes. Más personas que nunca viven en un país distinto de aquel dónde nacieron. En todos los países del mundo hay migrantes que, en su mayoría, se trasladan de un lugar a otro sin incidentes ni traumas. El número de migrantes crece a un ritmo más rápido que el de la población mundial, y en 2015 ascendió a más de 244 millones de personas. Sin embargo, en el momento de la declaración había aproximadamente 65 millones de personas desplazadas por la fuerza, entre ellas más de 21 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos.
Hoy día hay casi un millón de chilenos que se han desplazado por el mundo, buscando mejores logros y oportunidades para sus vidas. Un millón cien mil son los extranjeros que hay en Chile, según cifras oficiales, lo que representa alrededor de un 6% de la población.
La declaración de Nueva York señala algo que personalmente comparto, puesto que reconoce claramente la contribución positiva de los migrantes al crecimiento inclusivo y al desarrollo sostenible. Nuestro mundo es, ha sido y será un mundo mejor gracias a esa contribución. Los beneficios y las oportunidades que ofrece la migración segura, ordenada y regular son considerables y a menudo se subestiman. Es un hecho que, en cambio, el desplazamiento forzoso y la migración irregular de personas en grandes movimientos suelen plantear problemas complejos y dramáticos, que muchas veces son acicateados por las reacciones xenófobas.
Sin duda, los masones chilenos, hijos de las migraciones desde el punto de vista institucional, y descendientes de migrantes muchos de ellos, siempre seremos un aporte en las necesarias contribuciones para generar una voluntad como país que ayude a los inmigrantes y que los integre a nuestra sociedad, asegurando derechos y oportunidades en todos los planos, tales como los que reciben nuestros compatriotas que han emigrado hacia el mundo, soñando un futuro mejor.
Hoy venimos ante este altar laico, a reconocer nuestros orígenes, y lo hacemos con respeto y valoración, no solo como masones, sino también como chilenos, valorando lo que somos, y tributando el homenaje necesario a nuestros padres institucionales, que trajeron en su mente y en sus pocas pertenencias de errantes los ideales y los símbolos que fundan nuestra doctrina en bien de los hombres y mujeres, y de toda la Humanidad.
Nuestro más sentido homenaje a los migrantes que nos legaron todo lo que tanto apreciamos como Obreros de Paz. Nuestro agradecido recuerdo por la heredad espiritual que nos regalaron, a los masones y a las comunidades de nuestro país.

Acta de relación y cooperación con logias femeninas

Para algunos que no conocen de la Masonería y su desarrollo histórico, ha resultado un hecho extraordinario que se haya firmado un acta ...