sábado, 9 de mayo de 2020

Masones en la Constitución Política de 1925


Las elecciones de 1920 se realizan luego de un vasto movimiento social, en que las Federación Obrera de Chile (FOCH) y la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), jugaron un rol fundamental en las llamadas Asambleas de Alimentación Nacional, grandes movilizaciones tendientes a buscar soluciones para la grave crisis económica y social que afectaba al país.
Muchos jóvenes y profesionales que representaban las posiciones de la clase media, buscaron un cambio político fundamental que se expresara de manera coherente con las aspiraciones de los sectores más excluidos de la sociedad. Bajo la inspiración de las ideas de justicia social, trataron de implementar los valores que la Masonería inspira en sus miembros, en el contexto del respeto a la ley y amor por la paz y el entendimiento.
El 25 de abril de 1920, la Alianza Liberal le ofreció al senador Arturo Alessandri Palma la posibilidad de ser su candidato a la Presidencia de la República, en tanto portavoz de las aspiraciones sociales, que buscaban expresarse electoralmente, en un país donde la gran mayoría de los ciudadanos estaba impedida de ejercer el derecho a voto, debido a que no sabían leer y escribir.
El masón Alessandri, en el discurso de aceptación de la candidatura se comprometió con las libertades, reclamadas por gran arte de la sociedad, destacando la libertad de cultos y de conciencia, que debían estar fundadas en el sólido pedestal de la tolerancia, y con los objetivos de justicia social. En este sentido, recogía los permanentes y anhelados principios masónicos.
Otra de sus preocupaciones era el centralismo exagerado que existía en Chile. Por ello, proponía reformar la Constitución de 1833, para darles a las provincias lo que él llamó “personalidad propia”, de modo que pudiesen atender sus servicios, elegir sus autoridades e invertir sus caudales públicos.
En su discurso de aceptación de la candidatura, se preocupó del conflicto entre capitalistas y obreros, llamando a la necesidad de la armonía entre ambos, a la vez factores obligados de prosperidad. Luego entró al tema social, muy en boga en la época, preocupándose de la higiene, trabajo y remuneración del pueblo, reclamando la necesidad de que el Senado cursase la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, constituida como el verdadero factor de desarrollo social ya que sacaría al pueblo de la ignorancia. 
Aun cuando la mujer no tenía derecho a voto, Alessandri asumió su causa, expresando que la legislación debería reconocer sus derechos, así como se había hecho en otras legislaciones en el mundo.
Así, representando esas ideas, asumió la primera magistratura el 23 de diciembre de 1920.  Meses antes, había dado su voto, junto a diversos parlamentarios masones y liberales, para aprobar la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, resistida por sectores conservadores y retardatarios, que obligaba a ir a la escuela a todo niño en edad escolar, contra las costumbres de la pobreza y de la riqueza, de que quien estaba destinado ser peón o campesino no necesitaba aprender a leer, escribir o las aritméticas. Esto fue señalado por distinguidos tribunos conservadores en los debates en el Congreso Nacional.
Iniciado su gobierno, Alessandri comenzó a encontrar trabas para su Programa, bastante de avanzado para la época, consistente en materializar una descentralización administrativa, abolir el sistema parlamentario, elecciones presidenciales por voto directo, separación de la Iglesia y del Estado, previsión social en bancos y compañía de seguro y control de la estabilidad monetaria.
En el mensaje que pronunció el Gran Maestro Alfredo Melossi, ante la Asamblea Ordinaria de la Gran Logia de Chile, el 8 de junio de 1924, recordó que había solicitado a las Logias la proposición de temas de interés general, que concitaran la preocupación de ellas. Hubo coincidencia a nivel nacional, en proponer el estudio de los “problemas educacionales, el problema social y el deseo de alcanzar para la República la separación de la Iglesia y el Estado”, causa esta última que venía siendo parte de las convicciones de gran parte de la clase media y de los sectores obreros.
La culminación de la crisis política se produjo cuando el Congreso negó el apoyo a los proyectos urgentes y votó favorablemente el aumento de la dieta parlamentaria, lo que produjo un profundo impacto que alentó el clima de descontento de los oficiales de grados subalternos, quienes apoyaban a Alessandri.
Estos militares subalternos organizaron un reclamo en el Congreso, conocido como “Ruido de Sables”, que no solo provocó una crisis política, sino que también la desestabilización del mando superior. Los días 8 y 9 de septiembre de 1924, el Congreso aprobó todos los proyectos sociales que había tenido postergados. Una Junta de Gobierno disolvió el Congreso y Alessandri emprendió el exilio con un permiso de seis meses.
El 11 de septiembre de 1924, la Junta Militar de la Oficialidad joven – que no era lo mismo que la Junta de Gobierno, integrada por Altamirano, Neff y Bennett, que sustituyó al Alessandri – presentó al país un manifiesto, en parte del cual expresó: “Nuestra finalidad es convocar una libre Asamblea Constituyente, de la cual surja una Carta Fundamental que corresponda a las aspiraciones nacionales. Creada la nueva Constitución, ha de procederse a la elección de Poderes Públicos, sobre registros hechos con inscripción amplia y libre. Constituidos estos Poderes habrá terminado nuestra misión”.
En esa oficialidad joven destacan los nombres de Marmaduque Grove, Bartolomé Blanche y Carlos Ibáñez. 
El 23 de enero, una intervención de los militares jóvenes sacó la junta de Gobierno y Alessandri regresó. El 7 de abril de 1925, Alessandri nombró una Comisión Consultiva, compuesta de 122 miembros que representaban a todas las fuerzas políticas de la época, cuyo objetivo sería elaborar una nueva Constitución Política que reemplazase la de 1833.
El 16 de abril se creó la subcomisión de reformas constitucionales, integrada por 15 personas y presidida por el mismo Alessandri y en la que participa su Ministro de Justicia, José Maza. Este político liberal y masón es una figura política de gran relevancia histórica, no solo en su rol redactor en la Constitución de 1925, sino también influirá decisivamente en la obtención del voto femenino en Chile. Según revelaría Fanor Velasco, José Maza Fernández venía trabajando desde 1921 en las reformas que requería la Constitución[1].
En un proceso que tuvo difíciles y contradictorios episodios, finalmente la nueva Constitución, que erradicaba el parlamentarismo que impusieron los vencedores de la guerra civil de 1891, e imponía nuevamente el presidencialismo, fue aprobada el 30 de agosto de 1925. También la nueva Constitución terminaba toda relación constitucional entre la Iglesia Católica y el Estado. Esa Constitución daría marco para que, posteriormente, se desarrollara el modelo chileno de Estado de Bienestar, con un sistema de salud que conjuró graves amenazas, una educación pública gratuita, laica y de gran calidad; y un modelo democrático admirable en una convulsa América Latina determinada por cuartelazos, populismos e inestabilidad institucional.
De las personas que participaron en la subcomisión de reformas constitucionales, eran masones Onofre Avendaño Flores, Héctor Boccardo Benvenuto, Pedro Fajardo Ulloa, Luis Galdames, Juan Marín Rojas, Daniel Martner Urrutia, Darío Salas Díaz, José Maza Fernández y el propio Arturo Alessandri, además del líder obrero Carlos Alberto Martínez.  Boccardo sería por seis años Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, entidad dirigente de las logias masónicas del país desde 1862.



[1]Los constituyentes de 1925” Trabajo colectivo del seminario de derecho público con una introducción de su director Profesor Aníbal Bascuñán Valdés (1945), p. 297

Elogio conmemorativo al masón Alberto Bachelet Martínez


(Discurso del 12 de marzo de 2020 en el Cementerio General)

Me resultaría imposible en esta jornada de recuerdo, conmemoración y homenaje, no hablar de Alberto Bachelet Martínez, el general que murió sobre el terreno inhóspito de la injusticia, sino desde su condición de masón. Porque, desde mis tiempos de aprendiz del Arte Real, que su recurrencia va y viene, en los pasadizos ilimitados de la memoria, con las preguntas que solo la certeza moral puede responder, porque nada puede ser más amargo y desolador que el silencio frente al pasado que nos deshereda.
La reclamación de la postura que se yergue desde la decencia, infiere al pasado, desde donde venimos, para mirar el futuro, como Jano, para establecer la justicia y la sabiduría lo que demandamos frente a ambigüedad de la impostura y la opacidad de la incoherencia.
Nada frustra más las convicciones que la renuncia a la congruencia. Más aún cuando ella se cubrió con el manto del artero soslayo a la palabra empeñada, bajo juramentos y adhesión a principios tan caros para la condición humana.
Compungidos, los hijos de una doctrina sublime, ante los fallos y evasiones a nuestras más recias afirmaciones, nos hacemos cargo de los yerros de algunos que nos precedieron, y, a cambio, tomamos el heraldo de las mejores expresiones, del hacer y del saber, y las hacemos enseñanza en la revelación de la dignidad corporizada en el ejemplo. Allí, en este hombre revelado, está el buen Maestro, el que enseña, el que eroga a la virtud, el que tributa a la decencia.
Es a ese Maestro al que brindamos el elogio en toda circunstancia.
Fue, sin duda, Alberto Bachelet Martínez un ilustre masón, un buscador de la verdad, con una notable capacidad de estudio y un bagaje cultural, propio de aquel que quiere conocer y formarse un verdadero juicio crítico.
A través de su paso por la Francmasonería, no solo cumplió con dedicación los deberes propios de sus tres Grados iniciáticos, sino que construyó su opinión crítica y modeló sus decisiones con la doctrina masónica, a la cual fue leal y firmemente adscrito en cada una de las etapas de su vida pública y militar.
Inició su vida masónica en Temuco, en 1945. Luego, la continuó en logias de Puerto Montt, La Cisterna y Valparaíso. Desde 1961 en adelante, se vincula definitivamente a la Masonería de Santiago, a través de la Logia Renacimiento, donde permanece por 7 años, y en la cual alcanzaría el más alto cargo posible en una logia: Venerable Maestro, que equivale a la presidencia de un taller masónico.
En enero de 1968, nuestro Querido Hermano Alberto Bachelet Martínez, firmará el acta fundacional de una nueva logia en Santiago, y la primera en el sector oriente de la ciudad, que comenzaba a tener un creciente desarrollo inmobiliario en la entonces comuna de Las Condes: la logia tomó por nombre “La Cantera”. Pronto tomó el cargo de Tesorero, y en la elección de oficiales de diciembre de 1970, asumió como Orador, esto es de encargado del cumplimiento de la ley masónica en la logia.
A fines de 1971, fue elegido para ejercer el cargo de Primer Vigilante, que ejerce labores de conducción docente de los estudios masónicos, para el periodo 1972- 1973. Esta responsabilidad debió declinarla a mediados de 1972, debido a la complejidad de las demandantes tareas que el Gobierno del Presidente Allende le encomendara para garantizar el abastecimiento alimentario, en medio del boicot que realizaban opositores con apoyo de un poder extranjero.
Los registros de su participación en los debates masónicos de aquella logia, desde que se fundara hasta 1972, fueron recogidos en el libro titulado “Investigación sobre el Masón Alberto Bachelet Martínez, en la Respetable Logia “La Cantera” N° 130 del Valles de Las Condes”, publicada internamente por un destacado miembro de esa Logia en 2003.
A través de las actas históricas, es posible conocer el pensamiento del Querido Hermano Alberto Bachelet, donde debate sobre temas filosóficos, masónicos, culturales, sociológicos, históricos, religiosos, etc., y siempre lo hace con una fundada argumentación, fruto de una persistente voluntad de estudio y una esmerada reflexión.
Así, en octubre de 1969, por ejemplo, debate sobre la doctrina de Theillard de Chardin, en torno al origen humano como consecuencia de la acción de un ser omnipotente, donde nuestro recordado Hermano recomienda leer al filósofo Desiderio Papp, y sus aportes sobre la metafísica y el empirismo.
Su reflexión continúa algunas semanas al presentar un trabajo al debate, sobre la Causa Primera, donde hace una exploración de las grandes preguntas sobre el origen de la vida y del universo. Allí reflexiona sobre la Teoría de la Relatividad, el espacio-tiempo, y el campo unificado, adscribiendo a la idea de un universo en expansión. En aquella oportunidad  expresa que la ciencia no se inventa, y que ella es la que permite avanzar paso a paso hacia la comprensión del origen de la vida y de sus consecuencias.
Al final de ese año, presenta en dos reuniones de trabajo un sólido estudio sobre “La realidad Latinoamericana”, donde hace un descarnado análisis de la realidad de la región, analizando el rol de Estados Unidos, y el subdesarrollo crónico que se manifestaba en los países de Centro y Sudamérica. Allí hace un análisis del rol de ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) y del Mercado Común Centro Americano, así como de los avances del Pacto Andino, haciendo alcances sobre la reunión de Punta del Este de 1967 y  Reunión de Cartagena, que ocurriera meses antes. Se muestra critico del provincialismo de los países de la región y los factores que coartan mayores avances, entre ellos los determinados por intereses económicos que califica de reaccionarios. Asevera que la integración es fundamental para liberar a los países del colonialismo en que viven, especialmente económico.
En debates de abril de 1970, en tanto, nuestro Querido Hermano Bachelet define el rol de la Orden, donde defiende la doctrina y principios masónicos, y que la virtud masónica reside en la capacidad de adaptarse al tiempo secular, y defiende la idea de una masonería específicamente chilena.
Este pensamiento lo continúa desarrollando en mayo, con motivo de la Fiesta del Trabajo, donde propugna que la Masonería es una institución universal, fundamentalmente filosófica, dedicada a trabajar por el advenimiento de la justicia, de la solidaridad y de la paz en la Humanidad. Expresa con claridad que la Orden Masónica insta a trabajar por grandes principios humanísticos de convivencia social.
A mediados de 1971, hace una exhaustiva exposición sobre las grandes religiones en el mundo, y, poco después, en que se trata el tema de “La juventud frente al Servicio Militar”, señala que las Fuerzas Armadas están integradas por el pueblo mismo y en ellas descansa la vida constitucional del país.
Sus responsabilidades masónicas hacia 1972, se vieron condicionadas a las funciones públicas que el Gobierno de la República le encargara, tal como ocurrió con otros miembros de la Fuerzas Armadas, algunos ocupando roles de Ministros de Estado, en medio de la crisis que el país fue escalando, como consecuencia de la polarización política.
Cuando aquellas responsabilidades cesan, regresa a sus tareas esencialmente institucionales.
Sabemos lo que ocurrió en nuestro país, por factores interno y externos. Ello llevaría al QH Bachelet a ser tratado como preso político, sin garantías ni derechos, siendo sometidos a torturas que le provocarían la muerte.
Previo a ello, merced a recursos reglamentarios de uso común, incompatibles para casos excepcionales como el que el Querido Hermano Bachelet estaba viviendo, en su logia se le emitió carta de retiro obligatorio, el 18 de noviembre de 1973. Es ese un procedimiento administrativo, que no implica la pérdida de la calidad masónica, y que se aplica de manera corriente, y que puede ser subsanado regularizando los motivos.
Ciertamente, aún en su carácter administrativo, aquella decisión quedó sometida ante la historia al reproche moral, dado que no era por causas de desaprensión los incumplimientos a sus deberes masónicos, sino por estar privado de libertad y sometido a privaciones económicas, producto de las acusaciones que se le imputaban, que carecieron de todo fundamento.
Sin embargo, por motivos fundados en prácticas anti-fraternales, hubo interés de algunos miembros de su Logia, para acusarlo de conductas contrarias a las obligaciones que todo masón tiene con su patria y con la ley. Constituido el tribunal masónico para abrir proceso, este resolvió suspender el procedimiento, mientras el acusado no estuviera presente para defenderse de tales imputaciones.
De este modo, la dolorosa muerte del Querido Hermano Bachelet, es la muerte de un masón, a carta cabal, a pesar de que muchas veces se ha dicho, desde la ignorancia, que murió en condición de profanidad, es decir, luego de perder la calidad masónica.
En esa condición de masón, la Gran Logia de Chile le confiere el 14 de octubre de 2013, por decreto N°95 de ese año, la Calidad de Miembro Honorario, el más alto honor que la dirección superior de la Francmasonería Chilena puede conferir a un masón.
Hoy, una obra pictórica lo retrata con su uniforme de general de la Fuerza Aérea de Chile, la que se encuentra junto a las oficinas de la Gran Maestría, en el tercer piso de la sede central de la Masonería.  Ese mismo espacio contiene el retrato de otro destacado masón, que vistiera uniforme de la aviación militar, el Comodoro Arturo Merino Benítez. También está el retrato del General Ramón Freire, masón del proceso emancipatorio. Contiguo a ese espacio, se encuentran los masones O´Higgins y Carrera.
En aquellos espacios de nuestras oficinas, dejamos presente el legado de aquellos hombres de armas, que, a partir de sus virtudes masónicas, dieron forma a los ideales de patriotismo, republicanismo y sentido de progreso, en bien del futuro.
Cada uno de ellos sufrió las consecuencias de su tiempo y de un revanchismo político exacerbado, pero, la Patria y la historia los honra y exalta sus virtudes para ejemplo de los patriotas que vendrán.


sábado, 25 de abril de 2020

Virtud cívica

El civismo de los chilenos se expresa de manera objetiva, como lo señala la experiencia, cuando las tragedias y las conmociones de la naturaleza asolan no solo las geografías, sino a las comunidades que constituyen a través del territorio la población de nuestra República, la mayor riqueza que ella contiene.
Las páginas históricas de diarios y sitios Internet que muestran la solidaridad, el espíritu colaborativo, la conciencia social frente al que sufre, la capacidad de trabajar por el bien común, adornan lo mejor de la identidad chilena y el carácter de sus gentes.
Sin embargo, parece que algo se ha estado perdiendo de ese honroso civismo, y lo que tiende a prevalecer es un eruptivo egoísmo y la sombra oscura del fanatismo.
Estamos ante una de las peores crisis que afronta la civilización humana, en las presentes generaciones. Para los chilenos, ni los grandes terremotos de 1939, 1960 y 2010, presentan el nivel de amenaza letal que puede alcanzar la actual pandemia.
Pero, esta amenaza, tiene un componente de oportunidad. Muchas de las víctimas de aquellos grandes terremotos fueron a causa de la ignorancia y por la falta de adecuada información, especialmente al producirse los consiguientes tsunamis. Ahora se tiene la información y vemos como crece la “marea” del contagio de manera exponencial.
En esta amenaza no habrá que lamentar las pérdidas en infraestructura, sino el alcance de las pérdidas humanas, y la proyección de los que acontece en Europa indica que la letalidad que puede tener el ataque viral en nuestro país superará las cifras que tuvieron individualmente aquellos grandes sismos.
En aquellas tragedias, lo mejor de los chilenos emergió después de los terremotos. La diferencia en esta ocasión es que lo mejor de los chilenos debe emerger antes de la tragedia. Es decir, como no ocurre con los terremotos y sus consecuencias, en este riesgo más letal podemos evitar muchas víctimas, porque sabemos cómo hacerlo.
Y la forma esencial para contener esta ola viral, es con actitud cívica, y no a través del capricho, del cuestionamiento desinformado, de la avaricia audaz, del egoísmo exacerbado, o del individualismo estéril. De esas conductas hemos visto mucho en esta primera fase del avance viral.
Es la fortaleza del civismo lo que nos permitirá que haya menos contagiados, y consecuentemente, menos víctimas fatales. Si entendemos que todos, unidos como sociedad, somos más fuertes y más eficaces, aquello que es racionalmente necesario será lógico y determinante para contener la pandemia.
El civismo se construye a partir del buen ejemplo, y felizmente lo hemos ido viendo en distintos liderazgos, que someten sus persistentes posiciones a un esfuerzo de interés común a través de la virtud cívica. Les reconocemos su ejemplo y conducta, a pesar de las amenazas y de los ataques desde el egoísmo y el fanatismo.
Construyamos esa convicción común, y superaremos esta amenaza global con menos víctimas de las calculadas. En este caso, las consecuencias podemos controlarlas, más allá de la necesaria estrategia sanitaria, con civismo.

viernes, 10 de abril de 2020

Trabajemos por la justicia y el respeto a la condición humana


Discurso del Día de la Mujer 2020 e Inauguración
de las actividades de la Asociación de Mujeres Laicas 

Constituye para el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, un honor saludar el inicio de las actividades anuales de los centros femeninos de la Asociación de Mujeres Laicas de Chile, y dirigirme a Uds. en la inauguración de este Consejo Nacional. Ello, en el marco de la celebración del Dia Internacional de la Mujer, en un contexto nacional lleno de desafíos.
Paralelamente, esta semana las logias del país han retomado sus trabajos institucionales, y nuestro país se apresta a abordar un año de grandes decisiones, que solo las entendemos posibles a través de la democracia y de la solución pacifica de las controversias, que afectan a toda sociedad cuando las cosas no se hacen bien, cuando no se hacen en un sentido de respeto a la condición humana y a los derechos que le son inalienables, o cuando no prevalece un sentido de justicia en el actuar de sus distintos componentes.
Porque todos los diagnósticos que han prevalecido en los análisis de la sensatez, no desde la óptica del simplismo ideológico o desde la soberbia de creer que la verdad deviene del empecinamiento, nos indican que la causa de la crisis profunda que provocó el estallido social se encuentra en la percepción de amplios sectores sociales, respecto de la carencia de justicia y de respeto de parte de las élites y de quienes manejan el poder, en sus distintas variables, con las necesidades, los nuevos derechos y las aspiraciones de oportunidades de las personas.
La Asociación de Mujeres Laicas de Chile, es una organización que ha representado las aspiraciones y el quehacer de la mujer por más de siete décadas, y su gestación se entronca con el tiempo en que las mujeres adquirieron los derechos de igualdad electoral, un paso fundamental para conseguir la plena ciudadanía en la democracia.
Ciertamente, aquel paso del derecho a voto no garantizó los plenos derechos a la igualdad para la mujer, y por ello sigue siendo el 8 de marzo de cada año, no una simple jornada de conmemoración de aquellas mujeres pioneras en el mundo, sino que, sobre todo, una manifestación de la vigencia de la reivindicación de los derechos de la mujer, en un tiempo donde la negación de ellos adquiere distintas recurrencias, no solo a nivel internacional, sino también en nuestra realidad social. 
 Ciertamente, la mujer ha avanzado de modo significativo en logros para su género, que hasta hace un siglo eran imposibles de imaginar. Precisamente, esos logros son los inducen a mayores demandas y reclamaciones, por más igualdad de género, frente a un camino recorrido que señala que aún hay cuestiones fundamentales, referidas a derecho y trato, que se encuentran postergadas como producto de concepciones o visiones arcaicas que impiden mayor liderazgo femenino en la política y la economía, que perpetúan las condiciones de violencia de género, que marginan a la mujer de procesos que necesariamente deben considerar su participación activa o su liderazgo.
Sin duda, en el sentido del reloj de la historia, no podemos dejar de mencionar algo tremendamente potente, en lo que significa la igualdad de géneros en Chile, y que ocurrió hace dos días. En el Congreso Nacional se aprobó un proyecto histórico, estableciendo la paridad de género para la convención constituyente. Esa votación de ambas corporaciones de nuestro parlamento será un hito en cuanto a las conquistas de la igualdad de la mujer, porque, por primera vez, un órgano institucional de la República y del Estado estará conformado en una misma proporción por hombres y mujeres, estableciendo una referencia que no podrá ser obviada en el futuro. Por primera vez. Y ello es consecuencia fundamentalmente de la firme voluntad de las mujeres por imponer su agenda de derechos, en este momento de grandes encrucijadas.
Ello se contrapone, por cierto, al baldón moral que ha afectado la conciencia de Chile, porque, si miramos los eventos que han marcado la realidad de nuestro país en los últimos meses, advertimos que no han sido propicios para muchas mujeres.
La constatación de que ha habido violaciones de derechos humanos contra mujeres, en medio de estallido social, es algo que, pensábamos, no podía ocurrir nuevamente en Chile, y con mucho dolor, hemos comprobado que estas efectivamente han tenido lugar, según lo han establecido órganos internacionales calificados para tal efecto, y frente a lo cual esperamos que el sistema de administración de justicia de nuestro país establezca las responsabilidades con la mayor premura.
En el mismo contexto, la mutilación visual de mujeres, producto de acciones por todos conocidas, es algo que debemos no solo repudiar, sino colaborar con fuerza con aquellos esfuerzos dentro de nuestra sociedad para que nunca más se repitan acciones que dañen la integridad física y espiritual de la mujer, bajo cualquier circunstancia. No puede ser que la violencia que adquiera un estallido social, justifique un daño tan brutal como la mutilación de personas.

Queridas hermanas hoy presentes en este significativo comienzo de actividades y exaltación del Día Internacional de la Mujer.
Desde octubre pasado, estamos en una realidad social marcada por las demandas de una amplia mayoría de los chilenos, que expresan su frustración y desesperanza ante un modelo económico social, que no ha sido sensible frente a los abusos de los que tienen el poder económico y ante las desigualdades.
Es una crisis que no tiene solución, sino en el diálogo, en la capacidad de escuchar e interpretar adecuadamente el sentido de las demandas.
Toda crisis social, bien sabemos, debe ser encausada a través de la política. Si alguien piensa que cualquiera de las manifestaciones que confluyen a expresar el estallido social contiene en sí misma una solución, sin duda está en un error. La manifestación del descontento es distinta a cualquier quehacer que esté orientado a la búsqueda de las soluciones.
El descontento expresado en movilización social es legítimo y es así como las sociedades expresan su rechazo a la forma como el poder resuelve o no resuelve los problemas. Si estudiamos los estallidos sociales a través de la historia, siempre constataremos que el poder estaba lejos de interpretar adecuadamente los anhelos sociales.
El estallido social, que hemos vivido, vino a expresar por esencia una acción de frustración y repudio y una aspiración de un nuevo estado de cosas. Con factores precipitantes o acelerantes, sin duda. Con influencias o activantes, probablemente. Se ha tratado de buscar determinadas tramas, pero sería absurdo pensar en la efectividad social realmente de aquellas, en relación a las causas objetivas de la expresión de muchedumbres que expresan desobediencia frente al contrato social.
Lo que hemos estado viviendo en los meses pasados, muestra la profunda contradicción entre dos percepciones del país. Para no pocos - los que veían un vaso casi lleno -, es incomprensible que nuestro país, en la OCDE, tenga comportamientos sociales propios del tercermundismo. Para los que veían el vaso vacío, también era incomprensible que nuestro país, estando en la OCDE tuviera resultados sociales propios del tercer mundo.
A modo, de anécdota, les cuento que, cuando trabajaba en una empresa internacional o global como se dice ahora, recuerdo que llegaban a las oficinas chilenas profesionales desde todo el mundo, a oficinas impecables en barrios impecables, las oficinas chilenas eran homologables a las de Australia, Nueva Zelandia, Inglaterra o China, llegaban a hoteles en Las Condes o Vitacura, pero siempre comentaban lo que veían en los primeros kilómetros de la Costanera Norte, viniendo desde el aeropuerto.
Esa postal vertiginosa, en vehículos desplazándose sobre los 100 kms por hora, la veían aquellos visitantes, y se asombraban de los tolderíos en torno al río Mapocho, las poblaciones en medio de la basura de sus riveras. Recuerdo que preguntaban y nosotros sabíamos la respuesta: nuestras élites nunca experimentaban pudor social cuando la veían. Era tal vez consecuencia de la rutina que establece la habitualidad. Lo que cualquier persona observa cada día, puede ser parte de la normalidad, pero no puede ser normalidad aquello que se manifiesta en constante contradicción.
Si Ud. llega a una parte de la ciudad que no se parece en recursos y disponibilidades a la otra parte, es que algo no está bien. Si Ud. va a un extremo de la ciudad que no se parece absolutamente en nada a otro extremo, en ningún sentido, ni espacialmente, ni constructivamente, ni en servicios, ni vialmente, ni en espacios públicos, ni en condiciones de vida, en nada, algo debe estar mal, y ello debe ser motivo de acción, no solo de preocupación; de acción, con un propósito de equidad, de caridad, de civismo, de humanidad.

Queridas hermanas:
En medio de los desafíos que presenta la realidad actual de nuestra sociedad, se hace necesario pensar, cual puede ser el camino para dar solución a los problemas y cumplir las expectativas y aspiraciones de los postergados o atribulados. Dentro de la institución que presido, hicimos un debate entre noviembre y enero pasados, a través de todo el país. El Convento Masónico Nacional, que se realizó en las Cámaras de cada logia, y luego en las jurisdicciones, para terminar en una jornada nacional, ha arrojado una comprensión de las causas y los desafíos.
Las conclusiones de ese debate ya están disponibles y a partir de los próximos días haremos una entrega nacional a las autoridades y representantes sociales en todo el país.
Sabemos que Uds. también han hecho debates al respecto.
Creo que nuestros debates y los vuestros en los centros femeninos, señalan una conminación moral común, en cuanto a trabajar por la justicia y el respeto a la condición humana. Justicia en el trato, justicia frente al abuso, justicia en el desarrollo de las políticas públicas, justicia en el reconocimiento del derecho a la diversidad y al ejercicio de la libertad de conciencia. Respeto a la condición misma de lo humano, en todo aquello que sostenga las oportunidades que da la riqueza, la ciencia y el conocimiento. Respeto en el valor y la condición del otro, como legítimo otro.
Y en ese contexto de debates y desafíos, enfrentamos un desafío ciudadano de gran relevancia en la búsqueda de los caminos tendientes a redibujar a nuestro país, bajo un matiz distinto al que ha sido repudiado por una gran mayoría de los chilenos.
El 26 de abril los chilenos estamos convocados a expresar nuestra opinión sobre la continuidad o sustitución de la actual Constitución Política del Estado. Viviremos un momento único en la historia de Chile. Nunca ocurrió antes que el soberano de la República, el pueblo, pudiera pronunciarse sobre la vigencia o el cambio de la Constitución. De este modo, todos y todas, tenemos en nuestras manos el destino de nuestro país.
Pese a que algunos digan lo contrario, la Constitución Política define todo en Chile. Así lo ha sido desde nuestros orígenes republicanos. Todo deviene de la Constitución: las leyes, los derechos, el tipo de Estado, por lo cual, en nuestra tradición institucional es fundamental para establecer el modelo de país que queremos. Sin Constitución, la base del contrato social, donde todos cedemos libertades en función del bien común, nadie puede esperar protección y seguridad, nadie puede tener garantías. De hecho, muchos de los derechos que han sido postergados y que son parte de las frustraciones sociales que alimentaron el estallido social, no fueron consagrados como tales, en apelación a determinados preceptos constitucionales.
Frente a ello, hay un esfuerzo que debiera hacerse para mejorar el clima en que estamos debatiendo en nuestra sociedad. Sin duda, es legítimo debatir y exponer las ideas y los puntos de vista. Pero, lo que preocupa es la intensidad y la irracionalidad de muchas conductas en los debates, en fin, la propensión a tratarse como enemigos encarnizados, como personas que tiene que atacarse con odio y con insana virulencia.
Creo que debemos hacer un gran esfuerzo, todos los que amamos a Chile, los que creemos en la democracia, los que consideramos que la fraternidad debe ser el camino que nos conduzca a la unidad necesaria, los que creemos en las capacidades humanas de superar el error, la mentira y la violencia, para establecer un modelo conductual, con el fin de disuadir las distintas actitudes artilladas y recalcitrantes.
Ese modelo conductual descansa en la prudencia, la responsabilidad y el respeto. Si somos capaces de internalizar en la conciencia cívica de nuestra sociedad esas virtudes, seríamos capaces de construir una nueva convivencia social que, sin duda, resolvería de buena forma los grandes problemas que hoy nos dividen.
Prudencia en las palabras, en las decisiones, en la forma como modelamos las soluciones y las alternativas. Responsabilidad frente a las consecuencias de todo lo que hacemos en el hecho social, responsabilidad frente a como obramos en nuestro entorno y con quienes actuamos. Y respeto para tratarnos y para construir la inter-relación social de cada día; respeto con quienes tenemos controversias y que tienen visiones diametralmente opuestas. Respeto por la democracia, por el espacio público y por quienes deben representar posiciones en los debates para resolver la crisis en que estamos inmersos.
Ese modelo conductual nos permitiría tener una nueva política, porque en si mismas tales virtudes son un modelo político. Y también un modelo social que haga posible la justicia y el respeto a la condición humana.
Estamos Queridas Hermanas en un tiempo de grandes conmociones e incertidumbres. Estamos en una crisis nacional, como estamos en una crisis hídrica de vastos alcances y consecuencias. Estamos en una crisis sanitaria de alcance global.
Sin embargo, solo en las virtudes humanas descansa la capacidad de resolver todas esas encrucijadas.
Hagamos votos y pongamos todos nuestros esfuerzos en ayudar a resolver esas amenazas. Cada cual puede hacer un gran aporte, desde la prudencia, desde la responsabilidad y desde el respeto que todos se merecen, aún en sus infinitas diferencias.
Y trabajemos por la justicia, eterna exigencia de la condición humana, la que debemos preservar desde nuestras responsabilidades.
Que este año de trabajo institucional de la Asociación de Mujeres Laicas de Chile, a través de los centros femeninos que cubren todo Chile, sea fructífero y pleno de satisfacciones.
Muchas gracias.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Prudencia, Responsabilidad y Respeto


   

La Masonería, como institución eminentemente ética que se funda en los valores del humanismo, hace un llamado a todos los chilenos y chilenas, y a las organizaciones e instituciones políticas, para implementar en conjunto las soluciones que nuestro país requiere.
En estos días convulsionados, en que las pasiones amenazan la convivencia, cuando todas las argumentaciones reclaman legitimidad y supremacía sobre las posiciones diferentes, la Masonería quiere hacer un llamado a construir en conjunto, a entender que nuestro supremo fin es el bien común y que, en consecuencia, debemos actuar con prudencia, responsabilidad y respeto.
Entendemos el momento crucial que está viviendo nuestro país y vemos con preocupación que no hay una comprensión común sobre la imperiosa y ética necesidad de implementar soluciones consensuadas, para resolver los agobiantes problemas que viven nuestros compatriotas; que no se asume con claridad el compromiso de desarrollar un proceso constituyente ejemplar; y que hay quienes no expresan con fuerza y claridad su respaldo a los caminos institucionales, donde la violencia y los excesos no deben ser permitidos.
Debemos construir la convicción común de que todo lo que hagamos o dejemos de hacer marcará inexorablemente el devenir de nuestra querida patria y su gente, su mayor riqueza.
A todos, más allá de nuestras particulares identidades, nos corresponde ser actores de nuestro tiempo, y enfrentar el presente con toda su descarnada realidad. Ello conlleva una tremenda responsabilidad para con nuestra sociedad, la que debemos asumir con decisión y claridad de propósitos.
Estamos conscientes de que en nuestro país existen diferentes miradas sobre los problemas sociales y sobre sus soluciones, y es natural y bueno que así sea. Los masones nos nutrimos de la diversidad de opiniones, y ella es un valor fundamental de la democracia.
Pero es indispensable que esas diferencias no se constituyan en barreras insalvables, y que se debatan en un permanente esfuerzo de tolerancia y de respeto, para lograr un gran acuerdo que guíe a nuestra patria hacia superiores destinos, que prestigie a quienes hacen política ante una ciudadanía escéptica frente a lo que hacen sus élites, factor determinante en la crisis que nos afecta.
Construyamos comunicaciones y lenguajes fundados en la prudencia, establezcamos consensuadamente las responsabilidades del momento histórico y respetémonos en todos los espacios del hacer común. Ese es el camino que nos permitirá la paz social, la solidez de nuestras instituciones y la construcción de una senda común de progreso y justicia social.

Bienvenidos los que dialogan


En un tiempo en que todo parece inasible y líquido, la confianza parece ser solo una autoafirmación de sí mismo en un ambiente caótico (como los viejos paradigmas del individualismo que nos ha impuesto el cine hollywoodense), o se expresa solo en la certeza del propio bando o pandilla.
A pesar de ello, es necesario pensar en el hecho social como un acto colectivo, donde infinitas individualidades hacen posible lo humano del convivir, en la relación siempre creativa de ser y hacer como parte de una comunidad.
La vida misma de las personas comunes, sencilla y cotidiana, lograda a través del esfuerzo de trabajo, de su abnegación y del amor por los suyos, no por medio de la egolatría o la declinación ante la parcialidad, es lo que marca la comprensión del hecho social, que potencia las capacidades colectivas como un espacio virtuoso donde todos podemos ser y hacer, en bien de todos los que integran la comunidad.
Así debe entenderse el ser país, ser sociedad y ser Humanidad.
El proceso que vive nuestro país tiene que ver precisamente con un quiebre sostenido y continuo, donde las personas han sido sometidas a un individualismo exacerbado, que nos ha llevado a desconsagrar el espacio común, para convertirlo en un espacio de individuos atomizados en subgrupos de grupos, donde cada cual trata de imponer su propio capricho, su propio interés e irracional ambición o el de su bando.
Primero lo hicieron los poderosos y lo establecieron como paradigma en la práctica social. Luego, lo hicieron los corruptos que impusieron su propio poder. Luego, los que viven del delito, con sus parcelas territoriales donde ellos son dueños y señores. Ahora, los que nunca han tenido poder y lo ambicionan, consideran que nada vale que no sea su propia afirmación de sobrevivencia e individualismo, donde solo cabe su comprensión de las cosas, y donde ni siquiera hay historia común que rescatar.
Sin embargo, la vasta mayoría de las personas, creen que este es su país donde sus hijos y nietos deben crecer con seguridad, realizarse como personas y lograr sus sueños. Esta gran mayoría aspira al orgullo de ser parte de una comunidad que los acoge y donde ellos acogen. Consideran que ellos, como son distintos, necesitan vivir en diversidad y ser reconocidos como personas legítimas, en un ambiente de legitimidad.
De allí que apelan a la razón, esa capacidad humana de construir en común con afirmaciones comunes, donde lo que hacemos todos es en bien de todos, reservando una parte de la obra y sus frutos para el albedrío personal o la íntima satisfacción individual o de los suyos. He allí la epopeya de la fraternidad consustancial al género humano, aquella que conduce a la paz y a la convivencia, a respetar a los otros como otros, con los mismos derechos que a mi me corresponden.
Cuando el verbo convivir ha sido avasallado, lo fácil es la recriminación, la descalificación y el revanchismo, donde todos son capaces de ver la paja en el ojo ajeno, sin ver la viga en el propio, cuando la autoafirmación y la arrogancia individualista campea en los espacios comunicacionales, debemos construir nuevas formas de relación que se orienten hacia el valor fraternal de ser parte de una historia dura que mucho nos ha enseñado, de un territorio que, aún con su stress ambiental, mucho puede seguirnos entregando, en fin, nuestra tierra prometida por los fundadores de la República, donde hacer posible  nuestros sueños de felicidad.
Recabar en nuestra fraternidad es fundamental para encontrar respuestas racionales, porque ellas no son posibles desde el individualismo, el egoísmo y la ambición de poder. Allí, en la construcción fraterna, no hay espacio para lo absoluto.
Así, quienes creen en la paz, en el diálogo, en la desafiliación del empecinamiento, en la reconstrucción de la razón, en la virtud de la legitimidad, en la responsabilidad del ejercicio político, en el patriotismo y en la democracia, merecen todo nuestras esperanzas y nuestro firme apoyo. Demos, pues, la bienvenida a aquellos que piensan en todos nosotros y creen en lo posible, a los que dialogan y asumen la responsabilidad que la República les entregó, para hacer el arte más difícil en tiempos de crisis: la política.     

(Columna publicada en Portal de Radio Cooperativa el 14 de febrero de 2020)

Para los Masones, Chile debe ser más justo, igualitario y digno



El recién pasado 29 de enero, se realizó en Santiago el VI Convento Masónico Nacional, consecuencia de un debate a lo largo del país, que se realizó desde la segunda quincena de noviembre hasta culminar en la fecha citada. Esto significó más de 960 conventos de base (tres por logias) y 35 conventos jurisdiccionales (agrupaciones geográficas de logias).
La jornada de cierre se realizó en Santiago, con la presencia de 417 delegados provenientes de las jurisdicciones, junto a los integrantes del Consejo de la Gran Logia de Chile y otras autoridades masónicas.
Este convento - convención que se hace de manera cerrada o exclusiva con sus miembros – responde a la necesidad que emana de circunstancias excepcionales, para conocer la opinión de todos los masones, frente a desafíos que presenta el tiempo secular, como lo es en esta ocasión la necesidad de analizar los alcances, consecuencias y perspectivas que surgen ante el estallido social.
La comprobación de que se ha producido un quiebre en el contrato social, establecido en Chile a partir de la recuperación de la democracia, el motivo central del convento apuntó a avizorar un nuevo contrato social para Chile, que recoja los desafíos que ha presentado el estallido social y las aspiraciones de los chilenos, en cuanto a tener un país más justo, más igualitario y donde la meta suprema sea la garantización de la dignidad de las personas, a través de derechos y un nuevo trato desde el poder.
Las conclusiones, que están en proceso de redacción final, luego de aprobados los informes por 9 de cada 10 asistentes, serán entregadas ampliamente a las distintas representaciones, instituciones y organizaciones del país (políticas, gremiales, educacionales, estudiantiles, sindicales, religiosas, éticas, etc.).
De manera general, se asume que la sociedad chilena se encuentra en un estado de crisis, generada por la insatisfacción frente a un modelo que ha afectado a un gran número de chilenos, merced a un Estado débil, que habilita una sociedad de severas diferencias socio-económicas, con trazas de corrupción y abusos reiterados.
Se reconoce que el modelo consolidó como objetivo central el crecimiento de la economía, incentivando el individualismo, el consumo, la depredación y la explotación indiscriminada de recursos naturales, el endeudamiento y consecuente empobrecimiento y precarización de la población, la concentración de la riqueza económica en muy pocos, generando frustración, desconfianza y rabia, así como la desesperanza de la mayoría de los chilenos ante los abusos.
Frente a esa realidad, existe consenso que la solución a esta crisis tiene como componentes lo político y lo social, y en ese contexto se ha valorado el Proceso Constituyente como una solución para avanzar en uno de los aspectos fundamentales para tener un nuevo contrato social: una nueva Constitución, entendiendo que junto a ello hay que construir también una trama de acuerdos en el plano social, que pongan la justicia social y la dignificación como elementos determinantes.
En la primera fase de este proceso, que se expresa en el plebiscito de entrada, el llamado que se hace por lo pronto, es a asumir el deber ciudadano de participar, pero de manera informada. Ello implica que los ciudadanos conozcan lo que está en debate, más allá de la consigna y de la opinión liviana.
La solución para las grandes dificultades que tensionan a nuestro país, producto de las causas que llevaron al estallido social, descansan nuevamente en la democracia, donde los ciudadanos deben recuperar su protagonismo con la fuerza de su voto libre e informado.

(Columna publicada en el Portal de Radio Cooperativa el 31 de enero de 2020)

Masones en la Constitución Política de 1925

Las elecciones de 1920 se realizan luego de un vasto movimiento social, en que las Federación Obrera de Chile (FOCH) y la Federación de ...