domingo, 22 de noviembre de 2015

La crisis de la democracia en Chile. Los desafíos democráticos pendientes.




Presentación

Hace una década atrás, cuando se analizaba la realidad política de Chile, en ambientes que asumían las deudas pendientes que había dejado la transición a la democracia, el diagnóstico más consensuado era que nuestro sistema político post transicional tenía una profunda crisis de representación.
Ello se expresaba de manera más patente en el parlamento, producto del sistema electoral binominal, la modalidad que la dictadura de Augusto Pinochet había diseñado para mantener una fuerza política relevante en el parlamento, que impidiera desmontar el modelo institucional que había concebido para la sobrevivencia de su proyecto refundacional de país.
En ese diagnóstico – la crisis de representación – estaban de acuerdo gran parte de los parlamentarios y dirigentes políticos (nacionales, regionales y comunales) de los partidos políticos que formaban parte de la coalición en el poder – la Concertación Democrática -, formada en el fragor culmine de la lucha contra la dictadura, heredando el impulso de lo que fuera la Alianza Democrática.
La evidencias que señalaban que había una profunda crisis en el sistema de representación eran muchas, pero, lo más determinante en la demostración, era que, gran parte de los parlamentarios, habían logrado su elección luego de ser nominados  por medio de procesos que no se caracterizaban por la transparencia democrática y que validaran una legitimidad representacional.
Ese diagnóstico fue parte de muchos debates, foros, paneles televisivos, seminarios, etc., especialmente durante el primer gobierno de la actual Presidenta de la República. Era un periodo en que había la sensación de que era posible aspirar a más democracia, a más legitimidad política.
Sin embargo, lo que quedó en el ambiente fue que, aquellos dirigentes y parlamentarios que exponían con más fuerza la crisis de representación, jamás asumieron un compromiso cierto de poner con fuerza y decisión, dentro de los partidos y las instancias institucionales, una voluntad efectiva por provocar el cambio de ese estado de cosas. Es más, fue fácil constatar que, ellos y la clase política en general, se veían claramente favorecidos con un sistema urdido para no poner en riesgo las bases de la institucionalidad, como le gustaba decir a los barones de la política post dictatorial.
A los parlamentarios que siguieron siendo reelegidos por la fórmula binominal, una y otra vez, y a los partidos políticos, que obtenían una bastante previsible representación parlamentaria, todo ese andamiaje legado por la dictadura, al fin y al cabo, les resultaba bastante conveniente. De hecho, los cálculos de los expertos electorales de los partidos eran determinantes para saber con quienes había que competir, y a que candidatos había que poner para perder. Los expertos electorales lograron así convertirse en los grandes electores del sistema político.
El diagnóstico sobre la crisis de representación fue diluyéndose en el esfuerzo simplemente académico o mediático, que nunca logró cuestionar seriamente una práctica extendida y transversal (desde los partidos conservadores hasta los partidos de la Concertación).
Como demostración de aquellos vicios, en la elección parlamentaria cruzada por el diagnóstico de la crisis de representación, hubo un ejemplo paradigmático: en la Región de los Lagos fueron electos senadores, en representación de los partidos conservadores, Andrés Allamand, y en representación de la Concertación por la Democracia, Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Ambos no tuvieron compañeros de lista, que diera un atisbo de interés en señalar alternativas que otorgaran validez a la supuesta intención democrática de los partidos, en aquellas elecciones senatoriales.
Fueron electos supuestamente en las elecciones de la circunscripción. La verdad es que la elección la habían hecho los negociadores de las coaliciones.
Aquel episodio fue categóricamente el summun de la crisis del sistema de representación y uno de los más oscuros episodios del binominalismo.
No fue extraño que ambos fueran luego postulantes a la Presidencia de la República. De tal modo que su legitimidad política no estuvo en las prácticas democráticas, sino en el manejo del sistema electoral. Fueron ambos las expresiones de un sistema basado en el manejo de la representación entre las bambalinas, en una política manejada por quienes hicieron del binominalismo una ventajosa modalidad de reparto del poder político a espaldas del pueblo.



Las causas de la crisis.

Con el paso de tiempo la crisis de representación ha conducido a una crisis de la democracia. Y si nos preguntamos cómo evolucionó la crisis de representación hacia una crisis de la democracia, ello se debió a dos aspectos que considero fundamentales:

1)      La crisis de la institucionalidad democrática, producida por el agotamiento de la Constitución de 1980 y la insuficiencia de reformas en 2005 y por los efectos del sistema binominal.
2)      Y la crisis de los partidos políticos, provocada por la pérdida de prácticas democráticas y por un proceso de oligarquización de la clase política.

La crisis de la institucionalidad democrática.

Absurdo sería afirmar que en Chile no ha habido democracia por el hecho de regir la Constitución de 1980. Absurdo sería desconocer que los cambios aprobados en 2005 no fueron avances en la desarticulación de ciertos bastiones institucionales de la dictadura. Quien lo piense así, solo se guía por consideraciones esencialmente voluntaristas y poco sabe de la política como actividad sujeta a tensiones permanentes y como arte que trata de las contradicciones de intereses que se conjugan para construir opciones de solución válidas para todos.
La transición chilena, del régimen militar a un régimen democrático fue una de las más largas que se constata en la política contemporánea. Fue un largo avance a través de un campo minado. Desde el momento que las fuerzas democráticas optaron por un proceso institucional, y luego de fracasar todas las opciones rupturistas de los años 80´s, estaba claro que no sería fácil arrebatar el poder a quienes lo habían tenido a su merced de manera absoluta.
Para quienes hacen duras críticas hoy, sobre lo que se hizo y no se hizo, no ha estado nunca en su perspectiva de análisis las amenazas que se cernían de manera constante sobre el proceso de transición. Creo, al respecto, que la transición recién pudo amarrarla y dejarla enclavada al análisis de la historia el Presidente Ricardo Lagos. Lo hizo después de superar la amenaza que significaba para el conservadurismo la presencia de un Presidente de identidad política socialista, el primero después de Salvador Allende.
Allí, en 2005, se selló la desvinculación de los militares del poder político. Creo que fue una enorme victoria para la democracia. Determinante para tener FF.AA. subordinadas al poder civil. Sin embargo, quedaron pendientes problemas fundamentales que la propia consolidación democrática exigía.
Son esos factores los que comenzarán a pesar en el tránsito democrático y que determinan el carácter de la crisis de la democracia que tenemos ante nuestros ojos.  Los sectores conservadores, sin embargo, consideran que no hay tal crisis. Pero ella aflora incuestionablemente en cualquier análisis objetivo.
Si alguien considera que no es manifestación de crisis la alta reprobación social a los partidos, coaliciones y a todo el ejercicio política, es que vive en un limbo, o es simplemente indiferente a las prácticas democráticas.
Si alguien considera que no es crisis la percepción social frente a los procesos políticos, que se manifiesta en abstención y en reprobación pública, y no en legitimidad y participación, quiere decir que ignora el valor de la ciudadanía en el ejercicio político.
Si alguien piensa que la profunda objeción ética establecida por la evidencia de corrupción, que los procesos seguidos por la Fiscalía Nacional investigan, no tiene un impacto en la institucionalidad, es que no tiene la capacidad de calibrar los hechos con objetividad.
Estas graves señales dan cuenta de un proceso de descomposición de las prácticas políticas, que están poniendo en grave riesgo  a la democracia y la estabilidad social.
Con asombro hemos escuchado a políticos conservadores que supuestamente preconizan ideales democráticos, señalar que la Constitución Política no requiere cambios, y que el actual texto da estabilidad. Por cierto, al analizar esas expresiones, queda la profunda duda sobre el trasfondo de esas aseveraciones.
Es casi natural que el conservadurismo tenga como propósito la perdurabilidad de lo existente, sobre todo si ello genera beneficio para los sectores que representan, pero cualquier observador constata que la actual Constitución tiene un cuestionamiento de fondo que impide una institucionalidad sana y creíble.
Hemos observado que en Chile, la soberbia que impusiera el conservadurismo frente a nuestros vecinos, no nos permite ver el alcance de nuestra crisis política. Sin embargo, esta semana se han realizado elecciones presidenciales en Argentina, donde votó el 80% del electorado. En las últimas elecciones en Bolivia, de carácter departamental, participó el 95% de los electores. Chile, en tanto, es el país con los índices más altos de abstención, según el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral. Si esto no es expresión de una crisis, no sé cómo podría calificarse. No olvidemos que, en nuestras últimas elecciones presidenciales, de cada 100 electores 58 no ejercieron su derecho. De ese modo, hemos superado en abstención a Mali, Serbia, Portugal, Lituania, Colombia, Bulgaria y Suiza, todos con más de un 50% de abstención, De los nombrados, solo dos tienen una larga tradición democrática.

La pérdida de prácticas democráticas en los partidos democráticos.

Es un hecho que los partidos políticos hace rato dejaron de ser expresión de una praxis democrática y son manifestación palmaria de una oligarquía política, que, como lo hemos constatado, se vincula y es funcional a la oligarquía económica. De hecho, las investigaciones de los fiscales han puesto en total evidencia esta afirmación, aún cuando en definitiva esas investigaciones no terminen con acusados encarcelados.
Y aquí tenemos que hacer una distinción importante. Cuando hablamos de la perdida de las prácticas democráticas en los partidos políticos, nos estamos refiriendo a la pérdida del compromiso democrático que se produce en los partidos que protagonizaron la lucha por la democracia. Es allí donde se produce una censurable pérdida del compromiso que posibilitó dar paso a la transición, y ello afecta rotundamente el modelo de democracia que se habían comprometido a introducir.
No es el mismo diagnóstico que pueda aplicarse a los partidos conservadores – UDI y RN -, que han sido exitosos en los resultados y en su formulación, ya que su rol ha sido entorpecer el desarrollo democrático, y constituirse en una fuerza de tarea para desarmar la pujanza democratizadora. No eran ellas las organizaciones llamadas a convertirse en el laboratorio en que se constituirían las prácticas democráticas que había que enseñar al pueblo, al país. El autoritarismo y la oligarquización ha estado siempre en la naturaleza de los partidos conservadores, que surgieron para sostener el andamiaje político legado por la dictadura.
 Nuestra perspectiva de análisis se centrará, en virtud de ello, en los partidos que estaban llamados a desarticular el régimen legado por la dictadura, y hacer de la democracia una expresión fidedigna de sus propósitos políticos.
Si analizamos lo que ocurre en la lucha por la democracia y los esfuerzos por terminar con la dictadura de Pinochet, comprobaremos que todos los partidos y organizaciones políticas – cual más, cual menos -, construyeron sus organizaciones con niveles de participación y debates internos.
Seguramente, ello devenía de la impronta de que la lucha por la democracia había que hacerla con convicciones muy firmes y con la capacidad de ser transmitidas a un pueblo que había perdido toda posibilidad de ejercicio democrático. Era necesario imbuir a las personas de la necesidad democrática, aunar fuerzas y sumar convicciones. Hubo partidos que lograron movilizar tras sus enseñas a importantes contingentes de personas  y sus registros de inscripción legal se nutrieron de entusiastas chilenos, convencidos de que su partido encarnaba los ideales y propósitos que mejor le representaban.
Algunos fueron capaces de atraer a los jóvenes y a los estudiantes, con una convocatoria atrayente, prometedora e incorporadora. Recuerdo por ejemplo, lo que ocurría en las elecciones estudiantiles de fines de los 80´s e inicios de los 90´s.
Sin embargo, el proceso de transición a la democracia fue erosionando esa realidad, y poco a poco los partidos democráticos se fueron transformando en instancias burocráticas, dominados por los “barones” o caudillos que actuaban solo ante sí y por sí mismos, y con un acendrado conformismo frente a los vicios del sistema democrático. Aquello que en algún momento se definió como “lo posible” – recordemos la frase de Aylwin: “en la medida de lo posible” -, dejó de ser un resultado final frente a los objetivos esperados, para convertirse en “la praxis de lo posible”.
Los “barones” – término acuñado en la transición española a la democracia, y que señalaba a los jerarcas de los partidos sin historia democrática - se apoderaron de la dinámica interna de los partidos democráticos, y sustituyeron las instancias de participación por simples puestas en escena de discusión y debate, protagonizada por los concursantes a los cargos públicos detrás del padrinazgo de alguno de los jerarcas.
Fenómenos extranjeros de similar carácter los hay. En México ocurrió con el Partido Revolucionario Institucional, que gobernó por décadas, y que hoy en el poder nuevamente vuelve a replicar el fenómeno. De alguna manera es lo que se vive con el peronismo en Argentina, aún cuando en Chile ha existido algo de pudor, ciertamente.
Un proceso que se dio en los años de la dictadura, para mantener las organizaciones políticas que existían antes de la dictadura, y una buena parte de sus líderes debían mantenerse en el extranjero o en Chile en una peligrosa ilegalidad, la cooptación, recuperó su importancia para transformarse en un modalidad de construcción y mantención de poder de los caudillos políticos, que se han repartido el poder político dentro de los partidos.

Factores determinantes en la práctica política de los liderazgos.

Cuando analizamos la realidad de los partidos, se hace necesario comprender desde la teoría política cuales pudieron ser los factores que determinan que personas, con un importante aporte a las ideas democráticas de nuestro país, en realidad construyeron desde la práctica política partidos que han sido la negación de ese propósito superior.
Sin ánimo de exculpación, creo que ello se encuentra en el carácter mismo de la transición.  Recordemos que la transición a la democracia en Chile, no fue como en Argentina, por ejemplo, consecuencia de una degradación irreversible de la dictadura. En Argentina, por ejemplo, la derrota en la breve guerra de las Malvinas tuvo un efecto determinante. No fue como en España, donde la muerte de Franco provocó un efecto en cadena de descomposición de los sustentos políticos de su régimen.
En Chile, la transición a la democracia fue negociada. Fue negociada con la dictadura, fue negociada con EE.UU., cuando aún estaba vigente la guerra fría. Los acuerdos y las negociaciones que allí se plantearon, crearon niveles de compromiso que obligaron a sus protagonistas, con seguridad, y las consecuencias se evidencian cada vez más, a medida que pasa el tiempo.
Ello estableció un curso transicional que delimitó las posibilidades de participación y el debate democrático. Por cierto, el debate no podía ser socializado de manera amplia, sin arriesgar el alcance de lo consensuado en cada oportunidad. Ello creo una lógica política que, si bien tuvo una explicación en la transición, buscó y logró perpetuarse en la práctica de los liderazgos. El episodio de la resolución del debate en torno a la Reforma Tributaria, hace menos de un año, es muestra clara de ello.
En esa práctica política, la realidad ha demostrado que el sistema electoral binominal fue de enorme beneficio para la clase política entronizada en la institucionalidad del Estado, y su ilimitada ambición de perpetuarse. No solo permitió consolidar y proteger a un grupo dirigencial del país, sino que creó las condiciones para establecer una oligarquía política, que se ha avenido muy bien con la oligarquía económica y financiera, que domina ampliamente en el país. Se supone que la reforma aprobada hace menos de un año cambiará ese escenario, sin embargo, es una reforma que sigue siendo funcional a las proyecciones de los expertos electorales, no precisamente a mejorar sustancialmente el sistema de representación.
En las semanas recientes, hemos visto el debate por las proposiciones de la Comisión Engel, y la discusión parlamentaria en torno a alguna de sus propuestas, que buscan modificaciones legales importantes a la ley de partidos políticos. Frente a los claros planteamientos del presidente de esa Comisión Presidencial que le da nombre a la instancia, ha sido insólito escuchar determinados argumentos descalificatorios, y que, en definitiva, apuntan a la mantención del statu quo político de los partidos. Algunos han acusado a Engel de no saber de política, mientras otros han aseverado que desconoce lo que es militar en un partido.

Desafíos pendientes.

Uno de los objetivos de esta noche tiene que ver con los desafíos pendientes, para enfrentar la crisis de la democracia. Nos referimos, sin lugar a dudas, a los desafíos que quedaron sin abordar por la transición, y por el estado institucional que surge de las reformas constitucionales del año 2005, y que siguen siendo aspiraciones fundamentales para contar con una institucionalidad completamente democrática.
A juicio de este observador, la agenda de profundización de la democracia, tiene a lo menos 6 aspectos fundamentales:

1.      Republicanizar la institucionalidad.
Cuando hablamos de República, lo estamos haciendo respecto de un sistema político existente en una jurisdicción territorial, donde la soberanía descansa en el pueblo. Toda dictadura es lo opuesto a una república. Todo sistema oligarquizado está lejos de un sistema republicano. Uno de los objetivos fundamentales en una etapa de profundización democrática es reponer la efectiva soberanía popular en la generación del poder y en el ejercicio de toda política. Solo en la medida que republicanicemos la institucionalidad, los mandatarios del pueblo, en la instancia en que fueron elegidos por el voto ciudadano, responderán a sus mandantes, y no a los intereses particulares a los que se deben por compromisos oscuros. Republicanizar implica también establecer los mecanismos de verificación del mandato e instancias revocativas del mandato recibido, única forma de garantizar  la soberanía popular sea efectiva.

2.      Una nueva Constitución.
Creo que hay un consenso nacional de que la Constitución debe ser cambiada.
Ello debe ocurrir a través de un proceso ampliamente participativo. Lo que debemos tener a futuro, debe ser una carta magna con los atributos suficientes como para acoger una idea común de país, con sus diversidades, con sus desafíos comunes, con su común comprensión sobre los elementos institucionales fundantes de un país para todos.
Países con menos tradición política democrática que Chile, han tenido la capacidad de generar una Constitución mucho más ligada a la idea de país que todos los ciudadanos tienen y más coherente con una idea integradora. Pongo dos casos exitosos al respecto: Túnez y Bolivia.
Chile tiene mayores ventajas institucionales y más experiencia histórica para lograrlo, en la medida que los sectores conservadores se abran a reconocer la viabilidad de una Constitución más cercana a nuestras mejores tradiciones políticas, asumiendo la evolución de los tiempos que nos toca vivir como sociedad política.

3.      Institucionalización de la laicidad del Estado y del sistema político.
Entendemosla laicidad como un régimen social de convivencia, cuyas instituciones políticas están legitimadas por la soberanía popular y no por elementos religiosos. Ella descansa en tres pilares: la libertad  de conciencia, lo que significa que la religión es libre porque solo compromete a los creyentes, y que el ateísmo es libre porque solo compromete a los ateos; la igualdad de derechos, que impide todo  privilegio público de la religión o del ateísmo; y la universalidad de la acción pública, esto es, sin discriminación de ningún tipo (esto, es sin ventajas para algunos y desmedro para otros).
El Estado laico es una tarea aún por cumplir.
Cuando pensamos la institucionalidad que debe regir a nuestra república, y que debe caracterizar el desempeño de nuestros representantes, creemos que es fundamental construir los basamentos definitivos de un Estado laico.

4.      Desoligarquización política.
Un desafío fundamental de la agenda política de hoy, es imponer fuertes énfasis en la desoligarquización política de nuestra clase dirigente.  Las propuestas de la Comisión Engel, apuntan a hacia ese proceso.
En ese contexto, hay tarea claves que deben ser asumidas;
a)      Es necesaria la reforma a la ley de partidos políticos, estableciendo instrumentos y mecanismos de control eficaces, que garanticen procesos de decisión democrática en sus estructuras.
b)      Deben imponerse normas que impidan las reelecciones y que garanticen el aprovechamiento técnico de la experiencia acumulada, Si quien ejerce la Presidencia de la República no puede ser reelecto (a) de manera inmediata, no hay razón alguna para la reelección de otros cargos de elección popular (senadores, diputados, consejeros regionales, alcaldes, concejales).
c)      Pese a la reforma del sistema binominal, se hace necesario seguir insistiendo en tener un sistema de representación que sea más proporcional a la realidad poblacional y geográfica del país. Si bien hay avances y mejoras, respecto al sistema binominal previsto por la dictadura, el nuevo sistema electoral no pasa de ser un sistema binominal corregido.

5.      Financiamiento público de la política.
Sin financiamiento público de la política y la penalización drástica de todo aporte de empresas o de personas con dinero, una institucionalidad sana no sería posible. La experiencia de los últimos 25 años da cuenta de la enorme distorsión que producen los aportes millonarios a determinados candidatos o partidos. Sobre la base de esa experiencia ninguna persona rica debiera convertirse en el soporte financiero de un partido o candidatura. Los aportes para los partidos y las campañas electorales deben ser financiadas por el sistema público, y estableciendo las condiciones en que los militantes o simpatizantes o adherentes puedan contribuir a los esfuerzos económicos de una campaña. En lo personal, he sostenido que las contribuciones económicas de las personas no pueden superar las 2 UF.

6.      Vigencia de los Derechos Humanos.

Por último, creo que el aseguramiento constitucional de los Derechos Humanos, es uno de los grandes desafíos  que deben ser asumidos por nuestra institucionalidad republicana. Se trata concretamente que los puntos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la ONU, sean integrados a nuestra carta magna. Ello tendría un efecto pionero de alcance mundial. El alcance que tendría en nuestra institucionalidad sería de gran importancia para convertir a nuestro país en un ejemplo señero, que sería ampliamente favorable también a los derechos de las personas y las seguridades humanas.

República




En los conceptos políticos que han abundado en nuestra actual democracia - y que es bueno tener a la vista en el debate que debiera permitir modificaciones constitucionales -, se advierte el uso del concepto “republicanismo” por algunos personeros políticos, para dar atributo a ciertas conductas que deberían constatarse en las prácticas entre estos actores.
Queda la duda siempre, respecto a lo que pretenden expresar esos actores, porque ocurre que “republicanismo” no tiene que ver con determinadas conductas de caballerosidad o de atildado trato entre representantes de partidos o de las instituciones del Estado.
Lejos de ello, lo republicano viene de algo mucho más equidistante del trato que deban darse entre ciertos tribunos o exponentes institucionales del Estado. Concretamente, lo republicano viene de la relación entre el Estado y el pueblo, del contrato que los ciudadanos dan a quienes cumplen funciones de poder a su nombre y viceversa.
En una república la soberanía radica en el pueblo. Cuando no hay república la soberanía radica en otras expresiones y estructuras de poder.
Es un hecho histórico que, cuando se forman los países americanos, a partir de su emancipación de las metrópolis coloniales, los líderes del proceso independentista optan por la república, no solo para romper con las casas reales coloniales, sino también romper con un sistema político radicado en una soberanía absolutista, muchas veces pretendidamente derivada de un mandato divino.

Las corrientes del pensamiento político, sustentadas en la reflexión del llamado “siglo de las luces”, y los sectores sociales que las acogieron, lo que buscaron fue precisamente establecer un nuevo carácter del Estado y de la organización política que debía regir su ordenamiento.
De esta manera, recuperan y reescriben el concepto de ciudadanía - que nace de la escuela política griega, que recobra valor en el Renacimiento, y que es vindicada por la revolución francesa -, para establecer una propuesta de ordenamiento político donde la soberanía la ejercería el pueblo a través de mandatarios, que debían cumplir las tareas de administración y legislación.
La República, por la que optaron los jóvenes dirigentes de la emancipación americana, en general, se vio frustrada por diversos procesos de restauración de los poderes dominantes de la etapa colonial.
Ocurrió en Chile con el régimen pelucón o portaliano. Ellos reescribieron el conceptos de república, a través de algunas mascaradas conceptuales. Así, desde entonces, lo republicano, lo asociado a la determinación de la soberanía popular, ha experimentado posteriormente distintos procesos de reemergencia y de retrocesos.
En consecuencia, se ha usado el concepto de república muchas veces como una definición formal, y todas las Constituciones de 1933 en adelante, han soslayado el fundamento mismo de la idea republicana: que la soberanía 

(Publicado como editorial de la revista digital "Iniciativa Laicista", edición de septiembre de 2015)

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Clase Magistral en la Inauguración de la Exposición “Masonería” en el Archivo Nacional


Cuando cualquier persona se pregunta qué es la Masonería puede buscar respuesta a través de distintas fuentes. La encontrará en un diccionario común, en un diccionario masónico, también, desde hace tiempo hay mucha información en Internet. Otros tratarán de responder sus inquietudes a través de los libros disponibles en las librerías o en las bibliotecas.
Extraña, misteriosa, inasible muchas veces como conocimiento. No son pocos los que han experimentado inquietud al respecto. No faltan los que asumen muchos mitos urbanos, y otros sentirán la seducción que emerge de afamados libros contemporáneos. Después de los best sellers de Dan Brown, en Chile hemos conocido creaciones novelescas recientes, que muestran en general amablemente la presunta influencia de las logias en eventos chilenos diversos. Menciono dos: “Logia”, de Francisco Ortega, y “Huáscar” de Carlos Tromben.
¿De qué trata la Masonería? ¿Cuál es su poder? ¿Qué persigue?
Las respuestas pueden ser muchas y muy contradictorias, según el nivel cultural de quien se haga esas preguntas. Cuan más amplio sea el bagaje cultural de una persona, más podrá acercarse a una respuesta acertada. Cuan más libre sea su pensamiento menos suspicacias contendrá su comprensión sobre lo masónico. Cuan más prejuicioso sea su criterio, mayores serán sus aprehensiones o errores.
Sin embargo, la respuesta está a mano de todos y cualquiera, desde hace harto tiempo – siglos para ser más concreto -. La Masonería no es sino una organización esencialmente iniciática. Luego, si entendemos lo que es un proceso iniciático, veremos con claridad que su actividad se centra en el ser humano, en lo que son sus miembros, y que no tiene ningún propósito conspirativo de alcance social, como no sea aportar a la sociabilidad humana a través de sus miembros, desde el punto de vista de alcances éticos fundamentales, que son entregados en un proceso gradual y simbólico que definimos como esotérico, o sea, que tiene que ver con el interior de cada cual, con lo de adentro del sentir y el pensar, con la conciencia.
En un sentido general, la masonería es una escuela iniciática, que recoge las tradiciones de la Sabiduría Antigua, para provocar un cambio en el hombre individual, un cambio en su posición frente a la vida o, si es el caso, una reafirmación profunda del sentido de Humanidad en quienes son iniciados en sus prácticas y doctrinas.
De este modo, lamentablemente, nunca se podrá tener una exacta comprensión de la Masonería, sino en la vivencia misma de la Iniciación.
Sin embargo, las comunidades democráticas, las sociedades libres, requieren tener respuestas sobre lo que son las organizaciones de la sociedad civil que son parte de la convivencia civilizada, pacífica y sustentada en un Estado de derecho, que en ella actúan. Y la Masonería debe dar una respuesta limpia y transparente, sin necesidad de vulnerar lo que ocurre en su proceso iniciático que es fundamental de vivir, no de explicar.
Aún hay quienes creen que se trata de una organización secreta. Sin embargo, a la luz de nuestra legalidad democrática, no podría existir bajo ese carácter. Por el contrario, la Masonería siempre ha estado en la evidencia de nuestro existir republicano, y aun cuando alguna dictadura ha establecido condiciones de excepción. A dos cuadras está su organismo rector – la Gran Logia de Chile – cuya identificación está en sus accesos.
Las máximas autoridades del país, expresadas en los tres poderes del Estado, en distintas etapas de nuestra historia como país, se han reunido con las autoridades masónicas, a propósito de distintas necesidades y propósitos.
A través de la cultura chilena, la Masonería se evidencia en todo el proceso histórico del país, aún antes de su emergencia republicana. Es lo que esta significativa exposición del Archivo Nacional trata de mostrar.  Con sinceridad documental e histórica, a propósito del cincuentenario de la primera logia de investigación establecida en Sudamérica.

Del nombre y número de Logia Pentalpha

Hace medio siglo, efectivamente, se constituyó la Logia de Investigación y Estudios Masónicos “Pentalpha”, que recibió el número 119. Esto del número de logia tiene mucha significación, lo que no debiera ser tan relevante sobre todo en actividades públicas, pero el número de filiación en Masonería constituye un elemento casi tan determinante como el nombre mismo.
En Chile, el número es asignado según la cantidad de logias dependientes de la Gran Logia de Chile, lo que significa que la logia que tiene el número más alto es la que señala el número de logias existentes bajo su jurisdicción. De este modo, ocurre que, cuando desaparece una logia, cuestión en estos tiempos no tan frecuente, su número es ocupado por una nueva logia. El caso más reciente que tenemos en mente es el de una logia de Concepción, que ocupó el número 80 que estaba vacante, aun siendo una de las logias más nuevas.  
No ocurre lo mismo en la Masonería europea, por ejemplo, donde la logia que se funda y que desaparece, mantiene su número, de allí que las numeraciones de logias de las Grandes Logias más antiguas tienen número de carta patente de cuatro dígitos. En Chile, en cambio, tenemos y tendremos por mucho tiempo aún, logias con número de carta patente de tres dígitos.
De allí la importancia que se da en la identidad de una logia al número asignado, que no tiene tanta importancia objetiva, como no sea facilitar temas administrativos propios de la organización de la Gran Logia bajo la cual se funda y funciona una logia.
Por ello, en beneficio de la comprensión de los asistentes no masones a esta jornada, pueden ver que acompaña al nombre de esta logia cincuentenaria el número 119, el cual señala el número de matrícula en la Gran Logia de Chile, y no como pudiera creerse que se trataría de la 119 vez, en que una logia de llama “Pentalpha”.
Su nombre fue conferido a petición de los fundadores, pero por sobre todo por el impulso de quien fuera nuestro primer Venerable Maestro o presidente de la Logia, Eduardo Phillips Müller, un entusiasta estudioso de la cultura griega y de sus vertientes iniciáticas, donde el pitagorismo jugó un rol tan relevante.
Lo explica el propio Phillips en uno de sus artículos en nuestro Anuario 4, en 1988: “He querido dar una explicación sobre el nombre que distingue a nuestra Logia: Pentalpha. Literalmente traducido del griego significa cinco letras. La A griega es alfa. Gráficamente referidas a un punto central, cinco letras alfa constituyen lo que conocemos como Estrella. La alfa griega es un ángulo de 360. Cada punta de una estrella inscrita en un círculo tiene un ángulo de esta magnitud.
¿Qué importancia tiene desde el punto de vista masónico esto? –se pregunta Phillips., para responderse: La Pentalpha era el signo de reconocimiento de los pitagóricos. A mí me sorprendió una explicación dada por A­ristóteles en su Metafísica, a propósito de los Pitagóricos. La Pentalpha era para ellos la unión del primer número impar, el tres representación de lo varonil, y el primer número par, el dos, representación de lo femenino. Para los Pitagóricos el uno no era ni siquiera numeral, sino que con el uno expresaban el summun de todos los números, tal como nosotros expresamos la nada con el cero. Los griegos no alcanzaron a concebir el cero, el que pasó a nosotros desde la India a través de los árabes. De modo que prácticamente esta unión del tres y el dos, constituye la Pentalpha y fue el signo de reconoci­miento entre los Pitagóricos”.

La singularidad de la Logia Pentalpha

Bien, con ese nombre y número, que no ha sido ocupado antes por otra logia, inició sus trabajos, hace 50 años, esta logia singular destinada a la investigación y por lo tanto formada exclusivamente por Maestros Masones.
Es importante precisar para una persona que no conoce a la Masonería, que la calidad de Maestro se obtiene luego de haber pasado dos etapas previas, la del Aprendizaje y la del Compañerazgo. Eso es lo que da, desde el punto de vista formal, la calidad iniciática a la Masonería, es decir, lo que permite que un individuo pueda ser reconocido como masón por sus pares. Nadie puede ser reconocido sino según la etapa en que se encuentra en su proceso iniciático. Se trata de un proceso, precisamente, porque tiene un punto de partida, que llamamos Iniciación, que permite acceder a cierto conocimiento, que llamamos Aprendizaje, el que luego de adquirido permite acceder a otra condición cualitativa que llamamos Compañerazgo. Es una nueva etapa de conocimientos, que permite, luego de sortearla con éxito, acceder a la calidad de Maestro, la cual contiene todas las atribuciones, conocimientos, deberes y derechos, que permiten ser reconocido en una condición de plenitud iniciática. Allí culmina el proceso iniciático formal.
Las tradiciones masónicas han creado etapas de profundización de los contenidos esotéricos e iniciáticos de la Maestría, confiriéndoles grados superiores. Pero ellos son aportes a la profundización del conocimiento magisterial, que no cambian lo sustancial de la triada del proceso iniciático masónico radicado en los tres grados simbólicos: Aprendiz, Compañero y Maestro.
Es función de toda logia, por lo tanto, entregar la Luz de la Iniciación, a través de ese proceso de tres grados. Sin embargo, la logia “Pentalpha”, en sus cincuenta años no ha iniciado a nadie, y no le ha conferido el Segundo Grado a ningún Aprendiz, y no ha dado a ningún Compañero la calidad de Maestro. De una manera singular, solo ingresan a su nómina masones que ya tienen la calidad de Maestros.
¿Por qué ello es posible o debemos pensar que se trata de una anomalía?
Lo explicamos.
La Masonería, desde sus orígenes, ha debido fundar Logias que cumplan algunos objetivos específicos, las que deben ser integradas solo por Maestros, y que están dispensadas de la obligación de entregar la Luz de la Iniciación. Por ejemplo, cuando se unieron en Inglaterra los Antiguos y los Modernos, constituyendo la Gran Logia Unida de Inglaterra, para resolver las diferencias rituales que practicaban unos y otros, debió crearse una Logia de Reconciliación en 1813, que duró tres años, para unificar los distintos ritos. Luego en 1823 se constituiría la "Emulation Lodge of Improvement", bajo el amparo de la Royal York Lodge Hope N° 7, cuyo objetivo hasta hoy es preservar el ritual masónico que fue aceptado formalmente por la entonces recién formada Gran Logia Unida de Inglaterra.
En tanto, las logias de investigación como se las entiende hoy, tuvieron su origen alrededor de 1873, cuando se formó en Inglaterra una Sociedad Masónica para estudiar documentos masónicos fundamentales para la formación iniciática en las logias. Lo propio ocurrió en Leeds cuando se formó una Asociación de Maestros Instalados, ocurriendo lo mismo en Manchester, Bristol y Bradford cuando aún las cuestiones ritualísticas y doctrinarias de la Masonería no estaban tan claras y asentadas como en la actualidad.
Sin embargo, han habido otras necesidades masónicas que han permitido la existencia de logias exclusivas de Maestros (Grado 3°).  Así, antes de 1945, al menos había 19 logias exclusivas de “Maestros Instalados” en Inglaterra y 21 en los otros países de la Gran Bretaña y en territorios de ultramar, según un libro de John T. Lawrence  (Editorial A. Lewis, 1945). Todas ellas sin realizar iniciaciones y dedicadas al estudio de la llamada “Ciencia Masónica”. Estos datos los aporta uno de nuestros miembros ya fallecido, Oscar Ortega, en un trabajo de publicación póstuma.
Varias de esas Logias de Maestros Instalados han sido Logias de Investigación y han editado ocasionalmente volúmenes de sus trabajos. De todas, la más relevante y reputada es la “Lodge Quatuor Coronati” N° 2076, bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que fue autorizada para funcionar el 28 de Noviembre de 1884. En cada reunión se lee una investigación, la cual es sometida a discusión de sus miembros. Tiene un número de miembros restringido a cincuenta y desde 1887 tiene un "Círculo de la Correspondencia" cuyos miembros son masones de todas clases, naciones y lenguas, un considerable número de sociedades de estudio y Logias de todos los tipos de Constituciones, además de diversas Grandes Logias y otros Cuerpos Soberanos.
De esa logia, “Pentalpha” ha tomado el modelo, tanto en los objetivos como en ciertos aspectos reglamentarios y en el rol dentro de la jurisdicción masónica de la cual es parte. Sin embargo, dentro del contexto de la particularidad de la Masonería Chilena.

La significación del desarrollo de una masonería chilena

Existe un concepto que los masones en el mundo utilizamos con cierta recurrencia, y que resume de alguna manera un ideal: Masonería Universal. Para muchos podría ser una aspiración, sobre la base de nuestros más sublimes principios que unen a los masones de cualquier parte del mundo. Y ello se expresa muchas e incontables veces en que un masón visita una logia masónica en cualquier parte del mundo, en el contexto de un precepto singularmente masónico: la regularidad.
Si un masón llega a una logia regularmente constituida, según los parámetros en que es reconocida la regularidad de su logia de origen, puede practicar la Masonería Universal, en el contexto de la regularidad de la que es parte. Si la logia que quiere visitar no corresponde a la misma regularidad, le está vedado relacionarse masónicamente con ella.
La regularidad establece el marco de la Tradición. La Masonería es tradicional, en el sentido que reconoce una continuidad doctrinaria, que deviene de eventos históricos que han marcado doctrina respecto al hecho mismo del hacer masonería.
En ese contexto, podemos hablar de dos grandes tradiciones: la inglesa y la francesa. Hay distintos tipos de Ritos, entendidos estos como sistemas de enseñanza de lo masónico, pero todos se relacionan con algunas de las dos vertientes distintas de la tradición.
Y cuando hablamos de estas dos tradiciones, estamos poniendo énfasis, no en los poderes que regulan la tradición, sino en los espacios masónicos en que se crearon dos concepciones equidistantes de la forma de hacer masonería: Inglaterra y Francia. En ambos países existen logias y poderes que las regulan con esas concepciones equidistantes; es decir, las diferencias en la tradición no tienen que ver con el país y la nacionalidad, sino con los espacios culturales que hicieron posible dos tradiciones distintas y contrapuestas: la inglesa, con un marcado acento en la divinidad, y la francesa, con una exaltación libre pensadora. La inglesa con un acendrado respeto a la ritualidad, y la francesa con una franca preocupación por la vinculación secular.
Nuestra cultura nacional, analizada en sus costumbres, tiene una fuerte propensión mesoconductual. Perdonen el neologismo, pero tal vez sirva para explicar lo que quiero decir. Chile, más allá de cualquier afirmación histórica en torno a los personajes, que juegan un rol pero que solo son circunstancias de los procesos históricos, ha sido obra de sus clases medias. En cualquier etapa, y en cualquier eventualidad, han sido sus clases medias las que han hecho girar las ruedas de la historia.
Y la clase media chilena, especialmente cuanto más ilustrada ha sido, ha tenido una enorme capacidad de eclecticismo, de sincretizar, de resolver a través de la integración, de plasmar fusiones. No vamos a hacer un juicio de valor sobre ello. Muchas veces, en la arena política ello se considera un vicio o un anatema. Mi interés intelectual, es esta exposición, es señalar la enorme capacidad del chileno para tomar el camino del medio, cuando todos apuestan a que las cosas deberían irse por una u otra opción. Es decir, cuando existe la posibilidad A y la B, la costumbre mesoconductual chilena propenderá a hacer un camino AB. No se crea que sería una posibilidad C. No. Es una posibilidad AB, que funde las dos existentes, y ciertamente sabemos que no existe una letra entre A y B para expresar ese resultado.
Bueno, cuando nace la Masonería chilena, ya en los tiempos de consolidación de los conceptos de regularidad masónica, es decir, a mediados del siglo XIX, lo hace por el camino del medio, que se traduce sintéticamente en lo siguiente: en su comprensión de lo masónico es esencialmente de influencia francesa, pero su regularidad la ha fundado en la comprensión inglesa. En ese contexto, ha sido un referente para toda América Latina, prescindiendo tal vez de Brasil, y en esa referencia ha compartido roles junto a Uruguay y Argentina. No en vano las tres Grandes Logias de estos países fundaron y dieron contenido a la Confederación Masónica Interamericana (CMI), la organización masónica más antigua del mundo, y que ha sido un campo de inter-relación potente, que ha despertado apetitos voraces en los últimos años, llegando a la contradictoria constatación de que su última conferencia se realizó… fuera del espacio interamericano.
Entonces, en su mesoconductualidad típica, lo que han hecho los masones chilenos, ha sido crear una Masonería esencialmente chilena, con un Rito que tiene todos los elementos para ser considerado en el ámbito simbólico como esencialmente chileno. En Masonería el rito se entiende como un sistema a través del cual se entregan los conocimientos masónicos. Es un cuerpo de ideas y conceptos que modelan la forma como se practica la masonería y los fines que persigue a través de sus miembros en el ámbito societal de su jurisdicción.
El rito está compuesto por rituales, que aportan direccionalidad a los esfuerzos iniciáticos según el grado en que cada masón se encuentre.
Si bien el Rito chileno por esencia tiene una denominación de alcance universal y una apelación tradicional – se denomina Escocés Antiguo y Aceptado -, sus rituales simbólicos tiene una liturgia y unos contenidos esencialmente chilenos. No en vano, quien fuera el fundador de esta Logia que cumple su medio siglo y que se desempeñara como Primer Gran Vigilante de la Gran Logia de Chile, Eduardo Phillips, decía que nuestro rito esencial debía llamarse simplemente Rito Chileno, ya que no reconocía en su denominación de Rito Escocés Antiguo y Aceptado elementos objetivos que su experiencia y conocimiento le permitieran comprobar afinidad ritualista con otras Grandes Logias que practican ese mismo Rito.
Tal vez esa sea una virtud del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y una posibilidad universalista específica, ya que quienes han tenido la experiencia de vivirlo en distintos países, siempre encuentran diferencias en aspectos rituales que no se salvan con indiferencia. Parece ser que la característica de ese Rito, en los ámbitos simbólicos, son efectivamente una oportunidad que favorece la diversidad y el universalismo a partir de un sano relativismo en aspectos ceremoniales y de énfasis en el hacer masonería.
René García Valenzuela, un referente masónico chileno de alcance universal, que fue Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, erudito y puntilloso investigador, que estuvo en el impulso inicial de nuestro proceso fundacional como Logia, ironizaba sanamente al respecto diciendo que el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, no era ni tan Escocés ni tan Antiguo ni tan Aceptado.
Esa flexibilidad del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, potenció en el ámbito simbólico las cualidades chilenas de nuestra Masonería, tremenda y significativamente libre pensadora, cuna del laicismo chileno y cobijo de la espiritualidad libre de nuestra realidad social desde hace más de 150 años.
Tan cerca y tan lejos del espíritu masónico inglés. Cerca, por el reconocimiento de su regularidad, la que acepta con todo empeño, a partir de la presencia ritual esencial de lo que los ingleses llaman “el Volumen de la Ley Sagrada”, es decir la Biblia sobre el Altar en torno al cual trabajan los masones para Gloria del Gran Arquitecto del Universo. Tan lejos, en la concepción doctrinaria que insuflan sus rituales, centrados en el libre pensamiento y en la libertad de conciencia. Tanto así que, muchas veces, altos dignatarios históricos de la Masonería Chilena han reclamado para ella el carácter de una Masonería Andersoniana, en reconocimiento de la Constitución de la Gran Logia de Londres, primer poder regulador de la Masonería moderna o especulativa. Cierto, una Gran Logia inglesa, pero precisamente en las antípodas doctrinarias de la posterior Gran Logia Unida de Inglaterra que nos regulariza.
No en vano, la frase que marca la diferencia fundamental entre ambas instituciones, la Gran Logia de Londres, fundada en 1717, y la Gran Logia Unida de Inglaterra, fundada en 1813, fue redactada por James Anderson, autor de la Constitución de la primeramente mencionada, en cuyo texto especificaría: aunque en los tiempos antiguos los masones de cada país estaban o­bligados a ser de la religión de ese país o nación, cualquiera que ella fuese, ahora se considera más conveniente obli­garlos a la religión en la que todos los hombres están de acuerdo, dejando sus opiniones particulares a ellos mismos, esto es, que sean hombres buenos y leales u hombres de honor y honestidad, cualesquiera que sean las religiones o creen­cias que los distingan; por lo cual la masonería llega a ser el centro de unión y el medio de conciliar la verdadera fra­ternidad entre las personas que, de otra manera, habrían permanecido perpetuamente distanciadas”.
Resalto dos frases que constituyen aspectos revolucionarios para su tiempo: “dejando sus opiniones particulares a ellos mismos”, por un lado, estableciendo una definición trascendental de tolerancia, que muchos consideramos fundante de la tolerancia moderna en la cultura humana, y “cualesquiera que sean las religiones o creen­cias que los distingan”, por otro, dando cabida a la más amplia diversidad, incluso más allá de las religiones, porque da espacio a todas las creencias humanas.
En esa comprensión se funda la práctica masónica chilena, con el agregado de incorporar a las creencias humanas el efecto revelador de la ciencia, la búsqueda de la verdad a través de la incorporación de la evidencia científica, aspecto nítidamente señalado en sus rituales. De allí viene su fundamento esencial, de lo virtuoso que deviene de sus creencias y de la comprobación de los fenómenos de la naturaleza a través de la investigación científica. De este modo, recupera para el iniciado justamente la posibilidad de tener dos libros abiertos ante sus ojos: el libro que revela la divinidad y el libro de la naturaleza, para que opte en cada momento en que busque la verdad y tenga que obrar con virtud.

La construcción republicana y la aportación masónica.

Quiero partir en esta parte de la exposición con una reivindicación: si el libre pensamiento tuvo su desarrollo en Chile, fue y ha sido siempre una consecuencia de la habitabilidad de sus alcances en las logias masónicas, y en la capacidad de estas de nutrir éticamente la acción. Aún más. En Chile, no podemos hablar de su desarrollo cultural y de la fundación de su concepción republicana como país, sin considerar lo que ha sido, más que el aporte, la influencia de la Masonería.
Y en ese contexto no se puede ignorar lo que ha ocurrido desde la etapa preambular de la emancipación, donde los vestigios de lo masónico se presentan con evidencia, en el protagonismo de aquellos jóvenes del Reino de Chile, que recibieron la influencia filosófica de la Ilustración. Cada uno con su capacidad de comprensión sobre el tiempo que vivían y como concebían el futuro de la tierra de sus orígenes, el Nuevo Mundo, América.
Muchas veces me ha sorprendido la falta de interés de la academia y de los historiadores chilenos, por indagar más en profundidad lo que pudo hacer la influencia masónica en los procesos históricos chilenos. Conversando en una oportunidad con algunos miembros de “Pentalpha”, llegábamos a la conclusión de que a todos ellos les ha faltado la herramienta fundamental para conocer y comprobar esa influencia: la Iniciación. Pero también les ha sobrado un compromiso excesivo con los poderes que han buscado desdeñar la influencia y el aporte de la Masonería y los masones, contra los cuales se han ensayado todos los anatemas.
Un francés, que escribió una maciza obra sobre América Latina, Francois Chevalier, publicada en 1977 (“América Latina, de la Independencia hasta nuestros días”, FCE, México, 2000) al analizar el poder de las ideas en el desarrollo histórico de los países americanos con lengua de raíz latina, señala la importancia “de los clubes (sobre todo las logias masónicas)”.
Desde luego, deja la tarea: “estas logias solo han sido objeto de estudios limitados, parciales o polémicos. Sería muy importante señalar sus orígenes en la América Latina hispánica a partir de la llegada de los militares españoles y del regreso de los diputados americanos de las Cortes de Cádiz, y luego profundizar en su notable proliferación después de la Independencia”.
El caso es que, quienes han tenido la oportunidad de conocer y estudiar a los protagonistas de los movimientos históricos, de las tendencias en desarrollo. de las ideas y de los grupos, y los documentos y las cartas, los conceptos, las formas de expresión y los giros conceptuales, e incluso de la formulación de ciertos contenidos en las correspondencias privadas existentes en los archivos históricos, advierten con nitidez como comienzan a aparecer las influencias masónicas y como ellas van ligando acontecimientos y propensiones que señalan la presencia de las logias como espacios de sociabilidad, provocando que la rueda de la historia gire, y que lo haga en un sentido evolucionista y progresivo. Y es fácil percatarse, cuando esos conceptos y las palabras se distancian de esa influencia, porque, en contrario, comienza a imperar la conservación y las ideas restauradoras de los órdenes del pasado.
Sin lugar a dudas, cuando se hurga en la presencia documental de nuestra historia nacional, no se puede ignorar que hay influencia masónica en aquellos procesos que han determinado la existencia y el transcurrir de Chile, como país y como república. Se advierte en la emancipación política, en la formulación de una idea de país, de la idea republicana, en la emancipación espiritual, en la construcción de un concepto cívico, en la estructuración de un estado de derecho, en una idea de educación nacional, en la idea misma de movilidad social, en la emergencia de la idea de justicia social, en las grandes jornadas de la democracia, en la lucha por la afirmación de la dignidad humana.
Y en este espacio, en este lugar testificante de la memoria y la cultura nacional, puedo reclamar por la conspirativa conducta de la historiografía chilena, por su ignorancia, y hasta su indolencia, por desacoger la importancia masónica, que está en todas sus etapas históricas. A través de sus hombres. A veces con notables aciertos y a veces con notables desaciertos, pero siempre con una sólida inspiratriz humanista, neologismo que me permite graficar la idea emperadora de un pensamiento centrado en el hombre y su rol en la vida y en la naturaleza.
No hay ninguna etapa de la historia de nuestro país en que no se advierta, desde la sutileza hasta la determinancia, la influencia de lo masónico, a través de uno o más de sus miembros, en algunos momentos con destellos testimoniales y en otros momentos con fuerza determinante. Ello con absoluta distancia de un propósito conspirativo, ya que de hecho, muchas veces ello ha sido en la constatación de la más absoluta discrepancia … entre los masones.
Así, podemos decir en este espacio de constatación documental de la historia chilena, que muchos de sus tesoros testimoniales, evidencian o velan lo que ha sido el resultado de una influencia señera de lo masónico en el trascurrir republicano.
Chile no sería Chile, ni nuestra república sería república, ni nuestra cultura sería una realidad cultural evolutiva, si no hubiera sido por la influencia de la Masonería, como referencia espiritual del tiempo en que les ha tocado actuar a los hombres que han protagonizado los hechos que recoge la historia. Y permítanme decirlo con autoridad, ya que si ella no se hubiera dado, tal vez estaríamos mucho más atrás en la rueda de la historia, producto del dogmatismo y las hegemonías de la conservación y la práctica contestaría a la evidencia científica y a los derechos del hombre.

Los testimonios de una cultura masónica

La cultura chilena, que bien merece tener ese título, sin embargo, debemos reconocerla en la complejidad que ella expresa. A nuestra cultura como país, ni siquiera podemos darle efectivamente un carácter nacional, ya que la sensatez sociológica y antropológica, debería llevarnos a la conclusión de que Chile no es una sola nación, ni un solo pueblo. Pero, aún más allá de esa comprobación macro-país, está la constatación de que en la realidad chilena existen muchas nutrientes culturales que se expresan en singularidades que, a veces, permanecen en el tiempo como procesos autónomos y aislados del conjunto.
Tal vez tiene que ver ello con la propia complejidad geográfica de múltiples características, pero también tiene que ver con la complejidad social, marcada por profundas y radicales diferencias, y por las condiciones de hegemonía, que siempre han marcado los énfasis históricos a través de conductas represivas y coercitivas.
Esto es un elemento que ha aislado de alguna manera el desarrollo de ciertos testigos culturales, y de procesos que tienen una enorme riqueza en la configuración de los elementos característicos de lo que muchas veces se reconoce como chilenidad.
La realidad represiva de la Iglesia Católica, las visiones excluyentes de sectores dominantes, la excesiva propensión de sus miembros a ocultar su condición, han provocado que la cultura masónica se haya ocultado a gran parte de nuestra comunidad-país. Ello, a pesar de influir de modo tan determinante en los procesos históricos chilenos.
Pese a que ha habido muchos personajes de la historia de nuestro país que han reconocido su condición masónica, otros menos relevantes – en términos relativos – han preferido ocultar su condición. Están en su derecho. La tradición masónica, como fuente de doctrina, indica que nadie puede evidenciar públicamente la condición masónica de otro, sino solo la propia. Así, el temor a tener efectos negativos en la vida laboral o social, ha llevado a muchos a precaverse a través del ocultamiento de su condición. Sigue ocurriendo.
Los años de la más reciente dictadura que tuvo el país, y los posteriores que siguen siendo su consecuencia, han sido muy propicios para el ocultamiento de la calidad masónica de personas laboralmente activas, ya que la hegemonía cultural católica, en ámbitos direccionales de las empresas, es un factor que ejerce coerción sobre las libertades de conciencia. También ocurre en muchas instancias del Estado, a pesar de que este se supone laico.
Así, la cultura masónica siempre ha estado en el borde oscuro del reconocimiento de nuestra sociedad.
Y esa cultura se expresa no solo en un quehacer cotidiano, y en expresiones de sociabilidad que son tremendamente significativas, a todo lo largo del país. Desde Arica a Punta Arenas.
Y la forma en que mejor se expresa la cultura de los grupos humanos es a través del libro, el más sólido testigo de los desarrollos culturales, según lo señala la historia humana desde los rollos de papiro hasta hoy, en que adquiere creciente impacto su manifestación digital. Y gracias a la digitalización cada día es más frecuente que los testimonios históricos estén más al alcance de millones de seres humanos, a largas distancias de donde descansan esos testimonios impresos del transcurrir del hombre por el devenir de su historia.
Desde fines del siglo XIX en adelante, ha habido muchas y múltiples publicaciones en la Masonería Chilena. Obras de autores destacados, fuera de cualquier intento del mercado editorial. Son publicaciones personales, ediciones de logias, ediciones de la Gran Logia de Chile, el órgano directivo nacional de los masones chilenos. Con propiedad, podemos hablar que se han hecho miles de publicaciones de los más diversos contenidos y formatos.
Generalmente cuando las logias cumplen un aniversario significativo, preparan ediciones de libros o cuadernillos, donde no solo queda consignada la historia logial, sino también la forma en que los masones interpretan su tiempo, o se evidencian a aquellos miembros más destacados en su comunidad o en la actividad propiamente logial. Son testimonios preciosos que dan cuenta del palpitar masónico en distintas ciudades del país, a todo el largo territorial.
¿Dónde encontrar esas publicaciones? En las bibliotecas logiales, en las bibliotecas personales, o entre los vendedores de libros viejos, que compran bibliotecas enteras a las familias de masones muertos. Muy pocas de esas publicaciones han cumplido el deber de hacer el depósito legal, ya que se han entendido siempre como publicaciones privadas.
En ese meritorio esfuerzo intelectual, la figura consular de Benjamín Oviedo, con su obra “La Masonería en Chile” nunca dejará de ser una referencia obligada, desde su publicación original en 1929.
También tienen relevancia el trabajo del erudito Gran Maestro René García Valenzuela, que dejó también obras memorables, de la cual debe destacarse “El origen aparente de la Francmasonería en Chile y la Respetable Logia Simbólica Filantropía Chilena”, escrita en 1949.  Quince años antes, su padre, Adeodato García, que también fue Gran Maestro, dio a conocer la obra librepensadora “Jesús ¿Entidad Histórica, Legendaria, Espiritualista o Mitológica?”, editada por la Logia “Unión Fraternal”
La Revista Masónica de Chile avanza hacia su centenario. Previamente, recorrió las logias la revista “La Verdad”, de la cual existen felizmente registros digitalizados, para tener una percepción de las preocupaciones masónicas desde 1897 hasta 1898.
En el trabajo sistemático de carácter historiográfico actual, surge con evidente peso, por ejemplo, la obra de Manuel Romo Sánchez, que hace varios años publica digitalmente la revista digital “Archivo Masónico”, disponible en web, que da cuenta de su labor investigativa sobre las logias y los masones en Chile, complementando o completando las obras que se han publicado a través del tiempo. No está de más mencionar su obra “¿Fue masón el Papa Pío IX?” y su coautoría en un formidable trabajo sobre Copiapó y la Masonería, publicado hace menos de un año.
Imposible sería hacer un resumen de todas las publicaciones de libros masónicos, que fácilmente superan la cincuentena anual, en ediciones restringidas, de distinto formato.


El aporte cultural de la Logia Pentalpha


 La Logia “Pentalpha” nació para la investigación masónica, y esa labor se expresa en papers o monografías que se ha ido imprimiendo desde sus primeros años. Inicialmente a través de informales impresos mimeografiados en formato de cuadernillo. Luego, aparecerá su anuario, en formato de libro de bolsillo, recogiendo el trabajo logial de cada año, y posteriormente aparecerá su serie de libros titulados Temas Masónicos. En ellos se encuentra el esfuerzo de análisis masónico doctrinario, la búsqueda histórica, la reflexión ritualista y el análisis de la justicia masónica. Este año se cumplen 30 años de publicación de sus Anuarios.
Varios de esos textos están en esta muestra que hoy se inaugura.
A través de esas publicaciones se advierte la labor y el interés intelectual de muchos masones dedicados al estudio. Algunos de ellos merecen especial mención, ya que prestigiaron la labor de “Pentalpha”, a través de ediciones de libros específicos fuera del trabajo editorial de la logia. Destaco en ello a Manuel Sepúlveda Chavarría, autor de la célebre obra “Crónicas de la Masonería Chilena”, que en 5 tomos hace una exploración por la historia de la Orden desde 1750 hasta 1944.  Debiera ser una obra que algún organismo de la República debiera re-editar, ya que ello es parte fundamental en la historia de Chile. Lo mismo aplica en la obra de Julio Sepúlveda Rondanelli “Pequeño Diccionario Biográfico Masónico. Fundadores de la Gran Logia de Chile e iniciados hasta 1875”, una edición de bolsillo de 184 páginas que es tremendamente reveladora sobre la identificación de masones entre 1862 y 1875.
No podemos dejar de destacar la obra de Julio Superby, de innumerables aportes al estudio doctrinario e iniciático de la Masonería Chilena, que culmina en su libro “En el Umbral de la Iniciación”. Lo propio con lo que hizo nuestro padre fundacional, Eduardo Phillips Müller, y que culminó con su antología “A las Puertas del Templo”.
Cuando se inició nuestra serie de publicaciones “Temas Masónicos”, se compilaron antologías de investigaciones de destacados exponentes de nuestra Logia. Fueron ediciones exclusivas para la obra de Carlos Gayán, Francisco Sohr, Julio Saa, Oscar Ortega, entre otros.
A partir de 2006, se inician las publicaciones de las ponencias de los simposios de investigación masónica, que se han venido realizando, año a año, desde entonces. Es un evento que evidencia el trabajo de miembros de “Pentalpha”, y que también acoge las motivaciones investigativas de masones de distintas logias del país.
Creemos que lo que hace esta logia, es un trabajo que también debiera ser parte del patrimonio cultural chileno, y esta muestra en una buena y meritoria aproximación en esos objetivos. Nuestra perspectiva, bajo el impulso de la celebración de nuestro cincuentenario, con el tremendo aporte del Archivo Nacional, ha sido poner en evidencia lo que culturalmente es la Masonería y reclamar lo que ha sido su presencia e influencia en la historia de nuestra República. También en lo que representa y ha representado la Respetable Logia de Investigación y Estudios Masónicos “Pentalpha” N° 119 en la tradición iniciática de la Masonería Chilena de la cual somos parte viva.
Volviendo a nuestras palabras iniciales, siempre habrá muchos que seguirán preguntándose ¿Qué es la Masonería? O la Francmasonería, como gustan llamarla en algunas partes de Europa. Para ellos dejo los primeros versos de un poema, obra de uno de nuestros fundadores, un reputado intelectual español republicano, que vivió su exilio en Chile, y parte de la pequeña comunidad de refugiados en la Embajada chilena en Madrid, al caer la II República, el afamado Antonio de Lezama.
Es una joya lírica abandonada por la ignorancia desde 1948. Dice:

“¿Sabéis lo que es la Francmasonería?
Pues os voy a decir nuestro secreto:
es el amor humano, es el respeto,
afán inextinguible de armonía,
es el odio a la guerra,
es querer levantar sobre la tierra
un gran templo de amor,
superación y culto del  honor.
Queremos ser como una fuerte espada
de acero toledano:
en la paz envainada,
desnuda ante el tirano.


Muchas gracias



En el Archivo Nacional, 04 de septiembre de 2015.

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